Pandemia

Ponen en marcha un protocolo para pacientes graves de coronavirus

Busca preservar vínculos con sus afectos en el momento final de la enfermedad. "Muchas veces de eso depende su recuperación", remarcaron sus mentores

Viernes 16 de Octubre de 2020

La provincia de Santa Fe comenzó a implementar un protocolo para pacientes graves hospitalizados por Covid-19 con el objetivo de que sus círculos afectivos puedan acompañarlo en ese momento tan importante y doloroso, en donde muchas veces de ese vínculo depende la salud, la recuperación y la sanación tanto de quien está a punto de fallecer, como de aquél que comienza su duelo.

Este protocolo –que por el decreto provincial 984/2020 debe ser aplicado en efectores públicos y privados– fue pensado, consensuado y redactado por el Comité de Bioética del Hospital Cullen de la ciudad de Santa Fe. “Se formuló tomando experiencias, documentos internacionales y de otras provincias, pero que a juicio de sus autores estaban más centrados más “en el dolor de los que quedan que en el de que se está yendo”, explicó Pablo Dusso, presidente del Comité de Bioética del hospital.

Y justamente a “los que podrían irse o que se están yendo” lo asisten el derecho a un acompañamiento humano, afectuoso y digno, según los autores.

Pero eso no termina allí, porque, según Dusso, “en pacientes con Covid moderado ese acompañamiento puede rescatar al paciente y evitar un desenlace fatal. Incluso en aquellos que están en terapia intensiva con asistencia respiratoria”.

“De este modo intentamos hacer un protocolo pensando en que para los pacientes con Covid el sostenimiento de vínculos vitales con sus afectos es determinante en la evolución de su enfermedad”, sintetizó el profesional.

Que el espejo devuelva otra imagen

Dusso, quien además es médico especialista en cirugía general y vascular, relató que “desde el comité en marzo comenzamos a prestar atención y a sensibilizarnos mucho con lo que estaba ocurriendo en Italia y otras partes de Europa, lugares en los que las personas no tenían forma de despedirse, velar, ni sepultar a sus familiares”.

“Eran imágenes dramáticas, inmediatamente comprendimos que teníamos que anticiparnos a ese escenario, evitándolo o al menos moriguerándolo”, enfatizó.

“Paralelamente fuimos leyendo diversos trabajos y poniéndonos en contacto con colegas de otras partes del mundo. Era todo muy nuevo, abrumador y desconcertante”, indicó.

Pero, con independencia de esa incertidumbre, “nuestro deber era pensar desde la bioética un trato y manejos humanos y dignos frente a tanto dolor; tanto el dolor del paciente como de los que quedaban, porque también inferíamos que esas condiciones generaban serios problemas para elaborar los duelos en las personas que quedaban vivas”, dijo.

Y recordó: “Suponíamos que en julio podría darse el pico de la pandemia con circulación comunitaria en la provincia; y que esa situación de colapso del sistema sanitario podría producirse en ese momento. Por eso comenzamos a trabajar teniendo en cuenta esas proyecciones”.

Garantizar derechos

Compelidos por ese escenario que veían cada vez más cerca, los integrantes del Comité de Bioética pensaron y avanzaron de modo interdisciplinario “en un protocolo para garantizar los derechos de los pacientes a un acompañamiento, en aquellos casos en los cuales los cuadros de Covid eran graves y con desenlace fatal; como asimismo en el acompañamiento de sus familiares, porque el acompañamiento debía darse hacia ambos”.

Eso sería luego puesto a consideración y aprobación de las autoridades hospitalarias y ministeriales (algo que a fines de septiembre sucedió) .

Ante ello, el comité involucró entonces al área de Salud Mental, Clínica Médica, Enfermería, Terapia Intensiva, entre otras, del hospital. Y, en conjunto, avanzaron y acordaron pautas para intentar conjurar, evitar o al menos ralentizar eso que ya comenzaba a reproducirse poco a poco en Estados Unidos y Latinoamérica.

“De este modo, establecimos criterios para diversos casos y gravedad. Incluso para que puedan ser visitados por sus afectos los pacientes graves en UTI intubados, con asistencia respiratoria mecánica, inconscientes”, dijo Dusso.

En ese caso, utilizando Equipos de Protección Personal (EPP) de tipo 3, los mismos que utilizan quienes los asisten en terapia, los de mayor seguridad. La seguridad del paciente, de quienes los visitan y del efector y el equipo de salud también está garantizada por el mismo protocolo. Asimismo, a los internados en UTI pero conscientes, condición en la que el diálogo y los afectos son fundamentales.

“Antes morían solos en terapia”

Por su parte, la directora del Hospital Provincial de Rosario, Teresita Ghío, valoró positivamente la implementación de este protocolo, “algo que hasta poco tiempo parecía imposible”, aseguró.

“La realidad es que antes de esto las personas morían solas en terapia intensiva. Hoy no. Y eso es lo fundamental”, sintetizó con énfasis.

Posteriormente, dijo que en el hospital Provincial este protocolo ya se aplicó en cuatro personas, en dos que estaban en terapia y en otras dos de sala general.

“La experiencia fue muy positiva. Y se realizó con el acompañamiento del Comité de Bioética, con Trabajadores Sociales, con Enfermería, con Salud Mental. Son muchos los saberes que se ponen en juego por la complejidad de la enfermedad y la dureza del momento”, destacó Ghío.

Finalmente, consideró: “Quizás lo más positivo de esto es que las personas pueden despedirse, lograr cierta paz en momentos finales. Y el impacto psicológico para el que sigue vivo es seguramente más fácil de sobrellevar”.

El vínculo que sana

El protocolo de visitas también se aplica para los pacientes que están en sala general con cuadros moderados de Covid, fundamentalmente en personas mayores.

¿Por qué? “Porque en estos pocos pero intensos meses que lleva el mundo con pandemia, los profesionales de la salud hemos observado (no hay estudios todavía) que la depresión es un factor determinante en el agravamiento de los cuadros de Covid: Muchas personas en esa situación de aislamiento se deprimen mucho y se entregan, no siguen luchando”, describió Dusso.

Y profundizó: “Entonces los pacientes de sala general también reciben visitas, cuando surge la demanda de ellos mismos y con acompañamiento de Salud Mental; o cuando Salud Mental considera que es necesario, por más que la persona no lo exprese”.

Por otra parte, explicó que en todos los casos se intenta priorizar, dentro de sus contactos directos, la visita de aquellas personas que pudiesen haber tenido y superado la enfermedad, conservando por ello cierta inmunidad.

Asimismo, dijo que se trata de evitar que las personas con comorbilidades sean quienes los visiten, porque se trata de grupos de riesgo.

Y que el acompañamiento psicológico se brinda tanto para el paciente como para su entorno afectivo.

“Por ejemplo, el martes por primera vez en Sala General de Covid una persona solicitó la presencia de un sacerdote para que le dé la Unción de los Enfermos. Respetamos el deseo, creencias y necesidades de asistencia espirituales, obviamente tomando las medidas de protección de rigor. Son derechos que deben garantizarse desde la Bioética y desde una concepción integral y humanizada de la salud”, ilustró el presidente del comité.

Inspiración y expectativas

Dusso destacó que diversos protocolos les sirvieron de guía. “Tratamos de tomar lo mejor de ellos y proponer otras pautas que consideramos necesarias, centradas, como dijimos, en los derechos de los pacientes y no solamente de su entorno”, dijo en ese sentido.

Sobre las esperanzas y expectativas que tienen depositadas en la implementación de este protocolo consideró que en el mediano y largo plazo se irá evaluando en la provincia el impacto de la aplicación. Y dijo que todavía a nivel mundial no hay estudios basados en evidencia científica.

No obstante, enfatizó: “Pero es lógico suponer que humanizar estos momentos críticos, ampliar el bienestar de los pacientes y atender a los aspectos psicológicos de ellos y de sus familiares no puede resultar contraproducente. Más bien, conjeturamos, todo lo contrario”.

Y argumentó: “No poder realizar el duelo, despedirse, son, en la mayoría de los casos (porque lo vemos en otras enfermedades) realidades muy traumáticas y dolorosas”.

Finalmente, dijo que desde el Comité de Bioética del Hospital Cullen se espera que los responsables de los distintos espacios y servicios de atención de pacientes con Covid “no consideren a este protocolo como una obligación, o como una imposición, sino como un recurso para lograr un mayor bienestar y salud general del paciente y de su entorno”.

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