El represor Juan Daniel Amelong, quien acumula tres condenas a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura, deberá volver a la cárcel. Así lo dispuso este lunes la Cámara de Casación Penal para ponerle punto final al beneficio de prisión domiciliaria que gozaba en su casa de Fisherton desde hace un mes y medio.
El 15 de septiembre pasado, un tribunal de alzada había ordenado que Amelong debía regresar al penal de Campo de Mayo, pero la defensa del ex miembro del Destacamento de Inteligencia 121 interpuso un nuevo recurso de amparo para extender esa decisión hasta este lunes, cuando la Cámara Federal de Casación Penal declaró inadmisible tal recurso y puso punto final para la suerte del represor: será trasladado definitivamente a una cárcel y ya no gozará del beneficio de la prisión domiciliaria.
La cuestión de fondo por este nuevo trámite judicial tiene que ver con el caso de Miguel Membrive, desaparecido durante la última dictadura tras ser chupado y trasladado de forma clandestina en lo que fue el CCD La Calamita, que funcionó durante 1975 y 1978 en Granadero Baigorria y perteneció a la órbita del II Cuerpo del Ejército.
“Fue un campesino de la ciudad de Mendoza, hijo de españoles que siempre trabajaron en la viña, y que desde pequeño tuvo que trabajar y sufrir injusticias de parte de sus patrones. Con el paso del tiempo, de la mano de la Acción Católica y de las Ligas Agrarias, tomó el compromiso de luchar para que esas injusticias fueran desapareciendo”, reseñó su hija Lorena Membrive.
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No obstante, Lorena señaló que con el retorno de Amelong a una cárcel común volvió a creer en la justicia. “Lleva su tiempo, pero con la perseverancia y con nuestras madres y abuelas y los organismos de derechos humanos, la verdad salió a la luz y la memoria es inclaudicable. Estamos acá para tener presentes no sólo a mi papá; a los 30 mil”, valoró.
Sin embargo, contó que la causa por la desaparición de su padre aún no fue elevada a juicio. “A causa por la desaparición de mi viejo aún no ha sido elevada a juicio. Tuve la oportunidad, como víctima, de dar testimonio de mi historia, a partir del cual y del de mi mamá, se pudo reconstruir la causa, cosa que fue muy difícil de lograr”, señaló.
Lorena rocordó que con su familia habían llegado a Rosario a fines de junio de 1976 después de que en Mendoza fusilaran al cuñado de su papá, padre de sus primos y compañero de Isabel, hermana de su progenitor, quien también está desaparecida. “Mi papá desapareció en Rosario el 9 de junio de 1977”, precisó.