Política

La emergencia sanitaria, un desafío para el Estado y la solidaridad social

El combate al Covid-19 abre debates sobre los recursos públicos, los límites a las libertades y la responsabilidad de los individuos ante la crisis

Domingo 15 de Marzo de 2020

Con las restricciones que anunció el jueves por cadena nacional el presidente Alberto Fernández siguió el camino de otros mandatarios que, más allá de las diferencias abismales que separan a sus países, vienen aplicando recetas similares para enfrentar al coronavirus.

Al igual que en otras sociedades, en la Argentina el Covid-19 reseteó la agenda pública: se postergaron la legalización del aborto y la reforma judicial, y a la renegociación de la deuda se le sumaron todavía más interrogantes por la turbulencia económica global.

También bajó la temperatura política: Mauricio Macri llamó a "acompañar" las medidas y en Santa Fe Omar Perotti y Miguel Lifschitz pusieron su disputa política en cuarentena.

En este marco, La Capital consultó a tres referentes de la ciencia política argentina su opinión sobre cómo está manejando el gobierno la crisis, si creen que los ciudadanos argentinos cooperarán con las medidas excepcionales y su respuesta a un interrogante filosófico pero a la vez urgente: ¿Cuál es el límite de las democracias para restringir provisoriamente libertades individuales?

Para Andrés Malamud el abordaje del gobierno fue "tardío pero finalmente correcto". Conoce de primera mano la situación: vive y es docente universitario en Portugal, donde el jueves se declaró el estado de alerta por el coronavirus.

Sin entrar en el análisis de si las medidas son epidemiológicamente acertadas o no, María Esperanza Casullo considera que "la comunicación de las medidas que está haciendo el gobierno es correcta". "Se lo ve preocupado, con formación de comités de crisis, explica las razones por que se toma una decisión", argumenta.

Por su lado, Luis Tonelli señala que "más allá de algunas dudas iniciales, por las cifras de infectados parece que el gobierno lo está manejando bien".

Y agrega: "Es limitado lo que puedan hacer los gobiernos en una democracia, esto no es la República Popular China".

Ese es un tema de debate para los especialistas: si el tipo de régimen político condiciona (o no) cómo abordar la cuestión (ver aparte).

Restricciones

Sin embargo, la prevención de la enfermedad no depende sólo de lo que haga el Estado: el acompañamiento de la sociedad civil es decisivo. Está claro: ningún gobierno puede poner un policía en cada puerta para controlar que las personas cumplan el aislamiento.

En este marco, ¿Está la ciudadanía argentina dispuesta a aceptar límites provisorios a sus libertades?

"Y bueno, es la Argentina —reconoce Tonelli—. Hay un pánico que no se ve en otros países —en la televisión argentina no hay espacio para otra cosa que no sea el coronavirus—, pero al mismo tiempo está la cuestión individualista de tratar de zafar de las normas que tenemos que cumplir".

Con crudeza, Malamud señala que "ninguna población acepta al principio, pero todas terminan haciéndolo cuando empiezan a morir conocidos".

Casullo, en tanto, reconoce que en la nueva normativa "hay elementos de coacción" pero evalúa que no se trata de "medidas irrazonables".

Y agrega: "Más que restricciones a la libertad individual son cambios de conducta que tienen que ver con la solidaridad social, algo que los seres humanos hemos hecho desde siempre".

"Es muy clara la dimensión comunitaria en esta enfermedad —remarca Casullo—. Las personas más jóvenes debemos quedarnos en casa no sólo para autopreservarnos, sino sobre todo para no pasárselo a otros".

Consecuencias

Aunque el ciclo de la pandemia todavía está lejos de terminarse, emerge otro interrogante: si el tratamiento del coronavirus dejará marcas para resolver otros problemas sociales en el futuro.

"Me pregunto lo mismo —reconoce Malamud—. Tiendo al escepticismo: no dejará grandes huellas".

"Lo que uno espera es que quede una revalorización de lo público a la vista de la sociedad —confía Casullo—. Necesitamos más capacidades estatales, más infraestructura y un presupuesto que banque todos esto. Esto está claro en Estados Unidos y en Europa, donde después de 30 años de achicamiento de lo público ahora mucha gente se da cuenta de que en la emergencia hay cosas que sólo el estado puede hacer".

Y añade: "Esto ha pasado antes. La salud pública que conocemos nace en respuesta a epidemias y catástrofes masivas. En Argentina, con la fiebre amarilla a fines del siglo XIX; con la epidemia de poliomielitis de 1958 se constituyó el sistema de vacunación y se crearon hospitales que después de la emergencia quedaron. Va a haber otras emergencias como esta".

Tonelli se enfoca en el corto plazo, sobre todo en el daño económico. Pero también desliza una ventaja para el gobierno: "No se habla de otra cosa; cuestiones que estaban en agenda como la deuda, las jubilaciones y la inflación quedaron absolutamente abajo. Por otro lado, las crisis siempre refuerzan al Poder Ejecutivo".

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