Política

El hombre que rechazó ser presidente de un país

Con Reutemann llegó al peronismo santafesino un universo de caras nuevas, nombres desconocidos y una ruptura no declarada con las dirigencias y jerarquías

Jueves 08 de Julio de 2021

“Vos sabés bien por qué”, me respondió la última vez que hablamos y le pregunté por enésima vez por qué rechazó la candidatura presidencial. Hacía mucho que no hablábamos. Durante su primera gestión solía atribuirme que por mis notas críticas en La Capital tenía un 20 por ciento menos de aceptación en Rosario, me reveló su ex secretario privado, Fernando Aparo. Luego pasarían otros varios años más sin contacto. En esa conversación, también le pregunté por qué la noche del 8 de agosto de 1999, cuando ganó por segunda vez la gobernación se mostró tan frio con Eduardo Duhalde y cálido con Carlos Menem, quienes lo vinieron a felicitar a la Casa Gris por el triunfo que lo ungió como un presidenciable de primera línea para el 2003.

Esa noche se había convertido en el primer santafesino en obtener por sí solo casi un millón de votos, sacándole 14 puntos de ventajas a su opositor, Horacio Usandizaga, con quien luego terminarían siendo amigos. Era un objetivo personal. En 1991 Usandizaga obtuvo más votos que el Lole pero el lema PJ se impuso y depositó al ex corredor (durante sus primeros años de político sentía que cuando lo llamaban así le recordaban su condición de recién llegado) en el sillón del Brigadier.

La interna del peronismo de entonces, lo trató muchas veces de advenedizo. Fue el primero a quien su fama y condición de ídolo eximió de los sinsabores de una carrera en los pliegues y oscuridades partidarias. Su primera reunión de gabinete la abrió con una frase con la que recuerdo haber titulado entonces la crónica de ese encuentro en este diario: “Sé que para muchos soy un sapo de otro pozo” y redobló “sepan que lo soy”.

No sólo cultivaría una relación amigable con el Vasco Usandizaga después de su segunda gobernación, sino que durante todo su primer mandato tuvo otro amigo .de antes y también radical- a quien recurrió muchas veces por consejos: Luis “Changui” Cáceres.

El peronismo santafesino en 1991 llegó a los comicios con un desgaste extremo que llevó a algunos a considerar como gobernador a Usandizaga aún antes de que se votara. Pero apareció Reutemann, a quien nadie esperaba. Muchos creyeron que fue un chiste cuando Evaristo Monti tiró el globo de ensayo en su programa de radio contando que el peronismo estaría tentando al Lole.

Pero cuando Reutemann recibió esa propuesta todavía era el empresario agropecuario siempre vinculado al automovilismo que no pensaba en política, no sabía nada de política y desconfiaba de los políticos. Así como se codeaba con jefes de Estado y miembros de realezas, araba su campo en alpargatas. Además, nunca había sido peronista. Pero era un ídolo famoso y eso era un capital apetecible y redituable electoralmente, por lo que su candidatura sería en todo caso para evitar una debacle definitiva del peronismo en un distrito tan importante en el que nunca había perdido el PJ. De allí a ganar, él era el primero en admitir que resultaba impensable. Siempre me reprochó que en alguna nota en este diario revelara que uno de sus negocios, tal como él me contó, era ponerse una campera roja de una afamada marca de cigarrillos y mostrarse en las carreras de autos. Aunque nunca fumó, por ello le pagaban muy bien.

Con Reutemann llegó al peronismo santafesino un universo de caras nuevas, nombres desconocidos y una ruptura no declarada con las dirigencias y jerarquías que entonces, se dividían las porciones de representación en ese partido. Pero ganó porque sumó la Ley de Lemas. Los votos propios fueron mayoritariamente del radical.

Por eso, el 8 de agosto de 1999 arañó el millón de votos propios superando a Usandizaga por 14 puntos. Ese día había comenzado discutiendo en la mesa de votación de su escuela, en el límite norte de la ciudad de Santa Fe, porque no querían aceptarle la libreta de Enrolamiento para sufragar; pero no tenía otro documento. Eran casi las 18, hora de cierre del comicio. Siempre votó al filo.

Tras acordar con su hombre de confianza, Alberto Hammerly, lo esperé a dos cuadras al lado del auto para hacer la nota que me encargó el diario. Una calle de tierra en la que se construía una cloaca y una fosa a cielo abierto la recorría por uno de sus costados. El Lole, ya era una figura nacional y si ganaba entraba al lote de los presidenciables para 2003. Por ello, toda la prensa del país estaba en la ciudad cubriendo el acto comicial. Tanto es así que en la Casa Gris luego lo esperarían el gobernador saliente, Jorge Obeid; el presidente de la Nación, Carlos Menem y el gobernador bonaerense y ex vicepresidente, Eduardo Duhalde, entre otras figuras prominentes del oficialismo.

Reutemann los hizo esperar hasta tarde. Estuvo acompañándome en el hospital Cullen al que me trasladó en su propio auto, el mismo al lado del que lo esperaba para reportearlo luego de que votara. Llegó rodeado de cientos de personas entre periodistas y simpatizantes. En medio de ese desorden me atropellan y caigo en la zanja de la obra, golpeando mi cabeza contra una saliente de cemento. Reutemann me vio y se tiró. “Creí que te alzaba muerto”, dijo en el hospital. Con esas palabras titulé la publicación en la que conté en este diario esa anécdota. Mientras su hermano Enrique presionaba mi cabeza con una toalla para contener una hemorragia que lo asustó, me cargó en su auto y me llevó al nosocomio. Se quedó conmigo. Al leer luego el relato en el diario me llamó: “Sansó, no fueron 5 minutos (los que demoró en recorrer los más de 10 km desde la escuela al hospital), fueron 3 minutos”.

Luego de haber mandado a buscar a mi esposa, de llevarme a que me vean mis hijos para que se tranquilizaran de que yo estaba bien (los periodistas de todo el país lo llamaban por teléfono para entrevistarlo y él les respondía, picarescamente, que no sabía cómo habían salido las elecciones porque estaba conmigo en el hospital) recién fue a sede gubernamental. Le agradeció a Menem haberlo convocado a la política y fue frio con Duhalde.

En esta última charla hablamos precisamente de eso. Yo sabía que había sido Duhalde y no Menem quien pensó en sumar al Lole. Más allá de que después de que la experiencia resultara bien, el riojano se arrogara el mérito. El propio Duhalde, durante un almuerzo en el Quincho de Chiquito, el comedor de pescado por antonomasia de la Costanera santafesina, contó que fue él quien contactó al Lole y le pidió a Evaristo que tire al aire la idea a ver cómo picaba. El Lole estaba en la mesa. Yo también. Y mucha gente más entre políticos y periodistas.

Pero en 1999, Duhalde gobernador de Buenos Aires, veía al recién electo gobernador de Santa Fe como un competidor a la Rosada. El bonaerense entonces soñaba llegar por los votos. Y aquella noche había venido a Santa Fe a buscar el respaldo del santafesino.

La historia quiso que luego le tuviera que rogar al Lole que aceptara una candidatura presidencial que hubiera ganado por escándalo. Tras la debacle del gobierno de la Alianza y un Duhalde que no pudo aguantar lo remesones de esa crisis que nos puso al borde de la disolución como país, la oposición no podía aspirar a nada. Reutemann hubiera sido plebiscitado incluso pese a que ya tenía en la ciudad de Santa Fe a muchos que no le perdonaron nunca la inundación de 2003.

“Vos sabes por qué. Tendría que haber denunciado a todos o yo habría terminado del peor modo”, dramatizó aunque por otros detalles le creí.

Cumplíamos años el mismo día, el 12 de abril. Su sucesora en la banca del Senado hasta fin de año, Alejandra Vucasovich, me dijo hace unas semanas que la corbata que una vez me regaló por un cumple debía enmarcarla porque no era común que tuviera esos gestos. El mantenía distancia, aunque eso le significara decirle que no al máximo poder porque el que casi todos hace cualquier cosa.

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