Buenos Aires-
Los senadores justicialistas Miguel Angel Pichetto, José Pampuro y Nicolás
Fernández, fueron denunciados hoy en la Justicia por supuestas presiones al
vicepresidente de la Nación y titular del Senado, Julio Cobos, se informó hoy en los
tribunales.
La denuncia pidió al juez federal Ariel Lijo que investigue si la noche del
miércoles 16, cuando se debatía el proyecto de ley de retenciones móviles, el trío de
senadores peronistas intentó “casi a empujones” que Cobos no regresara al recinto
porque sabían que votaría en contra del oficialismo.
La presentación sostuvo, en base a informaciones periodísticas, que
“Fernández y Pampuro interceptaron a Cobos a mitad de camino, entre su despacho y el
recinto” y “casi a empujones lo llevaron al salón de lectura” donde le
advirtieron que “si pasás por esa puerta tenés que renunciar”.
También indicaron que Pampuro le habría dicho a Cobos antes de que volviera
al recinto: “No podés bajar. No podés votar, Julio, está en juego el Gobierno... tenés
que acompañar a la Presidenta o irte”.
La denuncia, radicada por el abogado Arnaldo Horacio Minotti y el dirigente
radical Marcelo Montero, planteó al juez que investigue si los senadores justicialistas
cometieron el delito de “atentado y resistencia a la autoridad”.
El artículo 237 del Código Penal reprime a quienes “emplearen
intimidación o fuerza contra un funcionario para exigirle la ejecución u omisión de un acto
propio de sus funciones”.
Las intimidaciones que habría sufrido Julio Cobos fueron publicadas por el diario
Crítica el viernes 18 de julio bajo el título "Las dos horas que el país estuvo
sin vicepresidente". Aquí algunos párrafos:
-¡Pelotudo, hay cinco millones de tipos mirando la tele! ¿A quién carajo querés que saque?
¿Quién carajo se va a levantar de la banca, Pepe? Todo el país nos está mirando. Cagamos, Pepe.
Hagan algo ustedes.
Las paredes de madera de cerezo y roble de Eslavonia del Salón de Lectura del Senado
contuvieron los gritos de Miguel Ángel Pichetto. Cerca de la medianoche del miércoles, enfurecido y
derrotado, el jefe del bloque de senadores kirchneristas admitió que todas sus gestiones habían
llegado a un límite. Que el peso del destino de su Gobierno ya no estaba en sus manos.
Su compañero de bancada, el presidente provisional del Senado, José Pampuro, apoltronado en
un sillón de cuero marrón habano, comprendió que a partir de ese momento, si había alguna chance de
revertir el resultado, esa llave estaba ahora en su poder. Pampuro llamó una vez más al jefe de
Gabinete, Alberto Fernández: “Seguimos empatados y esto no cambia”.
–Entonces convenzan a Cobos. No me atiende el teléfono. Si vota, nos caga. Se va todo
al carajo. ¿Entendés, Pepe? Cleto no tiene que votar.Hasta esa hora, la agenda kirchnerista del día
sólo acumulaba fracasos. Y no había margen para uno más. La noche anterior, Pichetto y Pampuro se
habían ido a dormir con la certeza de tener 34 votos en su haber, contra 33 que sumaba la
oposición. También había cinco senadores que no habían revelado su juego. Con las primeras luces
del día el conteo ya estaba empardado: 35 a 35. Después del mediodía, fue el propio vicepresidente
quien les anunció que el santiagueño Emilio Rached, un radical K como él, acompañaría el rechazo a
la resolución 125. “¿Y qué va a hacer Saadi?”, avanzó el mendocino. "Con Saadi están
Florencio (Randazzo) y el Chueco (Mazzón). Todavía no sé nada”, respondió Pampuro.
Las definiciones de la tarde quedaron en absoluta reserva. Incluso los radicales Gerardo
Morales y Ernesto Sanz cuidaron con celo la decisión de Rached. El santiagueño le había dicho a
Morales que se sumaría a la postura de la oposición en el restaurante del primer piso del Senado.
El reloj del comedor marcaba las 15.25. Rached salió temblando del restaurante, como quien sostiene
el peso de la República sobre sus hombros. Morales, en cambio, terminó sus sorrentinos de ricota y
corrió al despacho de Sanz disimulando una sonrisa.
Cuando Saadi confirmó en el recinto que votaría por el Sí, el temblor invadió al
vicepresidente. ¿Cuánto pesa una República? Pichetto y Pampuro también se estremecieron. Ya no
había dudas, Néstor y Cristina estaban en manos de Cobos.
“Esto se define esta noche. ¿Escuchaste, Pepe? Vamos de frente. Se hunde con nosotros o
está afuera. Cleto no tiene que votar”, ordenó Kirchner desde Olivos.
Cobos le cedió la presidencia a Juan Carlos Romero. Era la 1.30. El vicepresidente se fue a
su despacho. Lo siguió Pampuro. Tenía la orden de ejecutar el Plan B. Se encerraron a solas.
“No podés bajar. No podés votar. Julio, está en juego el Gobierno. Tenés que acompañar
a la Presidenta o irte”, le transmitió Pampuro. En ese momento llamaron Alberto Fernández y
el ministro del Interior, Florencio Randazzo. No los atendió. “Ya di públicamente mi palabra.
Dije que si llegaba el momento, iba a expresarme en la sesión. Eso voy a hacer”, afirmó
Cobos.
–Pepe, no quiero votar en contra. Voy a pedir un cuarto intermedio para que busquemos
un acuerdo. Tiene que haber consenso. Pero voy a bajar.
Pampuro le dijo una vez más que los Kirchner le pedían que se sumara al Gobierno o que se
alejara de la votación. “Acepten el cuarto intermedio. Es lo que ofrezco”, insistió el
vicepresidente.
Un colaborador de Sanz, mendocino como Cobos, se acercó al despacho del vice. Sólo se calmó
cuando lo vio en persona.
–Julio, te estamos esperando.
–Ya estoy saliendo. Dame un minuto.
El asistente volvió al recinto y tranquilizó a Sanz. Pampuro ocupó su banca y Pichetto, el
último orador, tomó la posta de los discursos. Cobos volvió por un segundo a su despacho. Hizo
coraje y llamó a Alberto Fernández. Con vez temblorosa, le advirtió: “Voy a bajar. Ustedes
pueden evitar que emita mi voto. Acepten el cuarto intermedio y busquemos consenso”.
Alberto cortó y alertó a Pampuro: “Esto se decide ahora. Cobos no puede llegar al
recinto”. Junto al santacruceño Nicolás Fernández, Pampuro salió disparado. Mientras tanto,
Pichetto entretenía a la tribuna con sus confesiones sobre las miserias electorales del oficialismo
y sus aliados. Fernández y Pampuro interceptaron a Cobos a mitad de camino, entre su despacho y el
recinto. Lo llevaron, casi a empujones al Salón de Lectura.
–Estás loco. Querés cargarte al Gobierno. Si votás en contra te tenés que ir. Va a
presidir Pepe y va a desempatar Pepe.
–No voy a aceptar órdenes de ustedes. Si me tiene que decir algo, que me llame
Cristina.
Pampuro volvió a llamar a Olivos. No consiguió dar con ella. A esa hora, la Presidenta ya
estaba durmiendo.
–Julio, si pasás por esa puerta, tenés que renunciar.
Cobos abrió la puerta, se volteó y los mandó al carajo. A las 2.58 el Vicepresidente entró al
recinto.
A las 3.46 habilitó la primera votación: empate. Segunda votación, un nuevo empate.
“¡Que la historia me juzgue! Pido perdón si me equivoco. Voto… Mi voto no es
positivo”, le dijo Cobos a la historia. Pichetto le ordenó a su bloque: “Saquen la
tarjeta (del voto electrónico). Nos vamos a la mierda”.