"Abran la puerta que mi abuelita está muerta". Los gritos de una criatura de ocho años alertaron ayer a la madrugada a los vecinos de Sancti Spíritu al 100, un pasaje ubicado a la altura de Necochea al 2800 en barrio Tablada, de que algo malo había sucedido en la casa de doña Olguita. Un llamado al 911 alertó a la policía y sobre las 5 de la mañana llegó al lugar móvil del Comando Radioeléctrico. Cuando los uniformados llegaron encontraron al niño llorando. En una de las habitaciones estaba el cuerpo de Olga Esther Tolosa, de 76 años, la dueña de casa recostado sobre la cama con las piernas atadas con un cinto de hilo trenzado y sin otros signos de violencia visibles. De la casa faltaban un televisor de pantalla plana, una Play Station y un reproductor de DVD.
Al hallar a la mujer muerta, los uniformados recorrieron la vivienda y encontraron que una de las ventanas que da a un patio interno tenía su reja violentada con una barreta. Los ladrones, dos muchachos jóvenes, habían desprendido uno de los caños del enrejado haciendo palanca y así ganaron el interior por un hueco de unos 40 centímetros. La hipótesis sobre la que trabajan los investigadores es que la muerte de doña Olguita fue algo no buscado por los delincuentes.
"Estos pibes entraron a escruchar la vivienda -el robo cuando los moradores no están presentes- y la señora se murió por el miedo que le provocó toparse con los ladrones. Sufrió un shock traumático. Estamos esperando los resultados de la autopsia, pero todo hace pensar que la mujer falleció de un infarto. Lo que transformaría el hecho en un homicidio en ocasión de robo. No tuvieron intención de matar a la anciana para robar", indicó una fuente allegada a la causa que es conducida por el juez de Instrucción Nº 7 Juan Andrés Donnola.
Una cuadra tranquila. El pasaje Sancti Spiritu corre paralelo a calle Virasoro al 100 y está contenido por Colon y Necochea. Una cortada apacible de las que abundan en la parte menos empobrecida de barrio La Tablada. Olga vivía en el número 162 desde principios de los noventa. Su casa, que habitaba sola desde hace ocho años cuando falleció su esposo, tiene un tapial bajo, pintado de azul, con rejas negras y un pequeño jardín en su parte delantera. Olguita era jubilada. "Mi abuela padecía de problemas cardíacos y de presión arterial por los que estaba medicada. Nosotros nos turnábamos para venir, pero vivía sola", explicó ayer uno de los nietos de la mujer.
El lunes por la nocheen la casa se quedó un pequeño nieto de 8 años que estaba pasando unos días junto a su abuela. Según se pudo reconstruir todo sucedió entre las 3.30 y las 4 de la madrugada. Para los pesquisas, dos jóvenes ladrones escalaron hasta la terraza de la casa. Algo que observando el frente de la vivienda se podía lograr aprovechando el tapial de la casa hasta llegar a un pequeño alero, descanso previo a la terraza. O trepando por la pared de un garaje lindante a la casa de doña Tolosa.
De la terraza hacia abajo. "Muchas veces yo le pedí permiso a Olguita para treparme a su tapial para arreglar la conexión de la televisión por cable. Le tocaba el timbre y me trepaba", confió un vecino adolescente de la septuagenaria.
Una vez en la terraza bajaron por una escalera hasta el fondo y con un elemento que utilizaron como palanca lograron forzar la reja de una ventana que estaba construida con caños. Al desprenderse ese caño en el enrejado quedó un hueco de unos 40 centímetros por el que ingresaron a la casa. Cuando Olguita y su nieto se despertaron se toparon con los rostros de los ladrones.
"Presumimos que los ladrones pensaron que no había nadie en la casa o que en su defecto la mujer estaba sola", explicó un vocero policial. "De la pesquisa surge que los dos muchachos le ataron las piernas a la mujer con un cinto de hilo trenzado para que se quedara quieta. Si la golpearon, le pegaron cachetazos para dominarla. Pero no le dieron golpes importantes, al menos no se observan a simple vista. Mientras pasó, Tolosa se descompuso y se desvaneció", indicó el vocero. Según fuentes policiales los ladrones estuvieron dentro de la casa al menos media hora. Se llevaron un televisor de pantalla plana de 32 pulgadas, una Play Station y un reproductor de DVD. No se llevaron dinero. Los malhechores salieron por la puerta delantera y cerraron con llave. Al nieto de la mujer no le hicieron nada.
Lo que se imponía ayer en Sancti Spíritu al 100, la cuadra de doña Olguita, era la bronca. "Esto ya no da para más. Olguita era una buena vecina y mirá lo que le pasó", comentó un vecino que apuntó con nombres y apellidos hacia todas las áreas de seguridad de la provincia.
Cuatro sospechosos. Era una buena mujer. Ya no quería vivir más en el barrio porque hace un mes, cuando estaba en lo de su hija, le barretearon la puerta de entrada y le robaron. Fue el día que Central empató con Unión en Santa Fe", comentó un muchacho categoría sub 20 que vive en la cuadra. Como efecto de ese escruche, que fue reconocido como denunciado a la policía el 28 de noviembre, colocaron una flamante puerta de chapa en el ingreso.
En un primer momento, por testimonios que surgieron en la investigación, fueron detenidos como sospechosos cuatro muchachos de entre 17 y 22 años, que trabajan en una verdulería de la zona y cuyas identidades se preservaron
Sus domicilios fueron allanados al mediodía por orden del juez Donnola, pero todos dieron resultado negativo. Los tres mayores serán indagados hoy a la tarde. El menor fue entregado a sus padres porque no había prueba en su contra.
Semejanzas
El 25 de abril de 2009 Juan César Ramírez, un bicicletero de 72 años, sufrió un robo en su casa de Leiva al 5800, en la zona sur rosarina. Dos muchachos se metieron en su casa de pasillo, lo tiraron al piso y a su nieto de 15 años le colocaron un revólver en la cabeza. Mientras los ladrones huían con una Play Station, el hombre se descompensó y aunque lo trasladaron en ambulancia al Pami I, llegó sin vida.