Hacía un mes que Zoe Romero había instalado un pequeño almacén en el barrio Hipotecario, en la zona sudoeste de la ciudad. Entonces la casa de Garzón al 3800 donde la adolescente de 15 años vivía con su mamá y sus hermanos renovó su frente con un amarillo furioso y se llenó de carteles en el frente. “Kiosco, pollería, lotería, lácteos, golosinas”, se lee en la pared de la propiedad que el miércoles a la noche fue perforada a balazos cuando autores aún desconocidos tiraron desde un auto o una moto y la adolescente recibió varios tiros letales. “Era una piba buenísima que quería salir adelante con su noviecito, súper cariñosa y emprendedora”, la recordaron los pocos vecinos que se animaron a hablar en un barrio donde los disparos, dicen, se escuchan “todo el tiempo”. Y esas mismas personas dijeron que aunque la joven era “buenísima, es una familia que tiene sus complicaciones”.
En ese marco recordaron que nueve meses antes del ataque a tiros que le costó la vida a Zoe había sido baleado su hermano de 5 años en el mismo lugar. En la casa no funcionaba ningún negocio y el frente era de otro color en octubre pasado, cuando dos personas que bajaron de un auto dispararon directamente contra la vivienda y hubo tres personas heridas. Entre ellas el nene que recibió un disparo en la cara. Ese trasfondo, el de un conflicto entre bandas y posibles vínculos de la familia de la adolescente con alguno de esos grupos, es el que se considera como principal hipótesis del crimen de Zoe en la investigación a cargo de la fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Gisela Paolicelli.
El ataque fue pasadas las 21 del miércoles. Según una versión, Zoe escuchó el timbre del almacén, fue a atender la puerta y quedó en medio de una ráfaga de disparos realizados por atacantes que se desplazaban en una moto. Otro testimonio mencionó que las balas partieron de un Peugeot que huyó rápidamente del lugar. De acuerdo con los reportes oficiales, la chica de 15 años sufrió varias heridas en el tórax y fue trasladada en un auto particular hasta el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). Al llegar, su estado era gravísimo. Le practicaron maniobras de resucitación cardiopulmonar pero a las 22.10 falleció. El examen médico arrojó que tenía dos heridas de bala en el tórax, una en el abdomen y dos en la espalda.
Según un parte policial, los familiares de Zoe dijeron que la chica estaba en la calle cuando comenzaron a arreciar las balas. Lo cierto es que en el frente del negocio que la adolescente atendía con su novio desde hacía un mes, donde además ofrecía servicios de repostería, quedaron siete marcas de balazos en la pared y una perforación en el medio de la puerta de chapa blanca. Otro proyectil dejó un agujero en una reja de la ventana y uno más perforó el vidrio. En un local lindero, que está en desuso, los ventanales quedaron destrozados. Los peritos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) secuestraron diez vainas servidas calibre 9 milímetros en la escena criminal.
A unos cincuenta metros de ese lugar, donde ayer al mediodía aún flameaba una cinta de vallado policial, un grupo de chicos se hamacaba en la Plaza de la Infancia. Un playón de juegos con canchita de fútbol ubicado enfrente de la cuadra baleada. Por esa zona, a pie y en un móvil, circulaban policías que recorrían el barrio en busca de cámaras de videovigilancia. Uno de los locales relevados en ese sentido fue el supermercado de capitales chinos Integración 100%, situado en un pasaje que nace justo frente a la casa de Zoe. En ese lugar fue asesinado el comerciante oriental Dai Weqing, en marzo de 2020.
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El crimen de Zoe elevó a 19 los casos de menores de 18 años asesinados en lo que va del año 2022. “Era una piba buenísima”, contaron algunos vecinos en voz baja. “Fue a las nueve y veinte. A los disparos los escuchó todo el barrio, pero nadie quiere hablar. Se escucharon los tiros y después nos enteramos de que la chica había muerto. A esa hora está fresco y no queda nadie en la calle”, contaron unos hombres que conversaban en la esquina mientras seguían atentos los movimientos del entorno. “Es que siguen pasando”, dijeron, en alusión al grupo al que le achacan haber concretado el ataque a tiros.
Uno de quienes estaban en la esquina conocía a Zoe desde que era una nena e iba a comer a su casa. “Era una chica súper cariñosa y emprendedora. Había instalado el almacén hace un mes. Quería salir adelante con su noviecito, preparaba tortas y cosas dulces para vender, súper ocupada en cuidar a sus hermanitos”, la recordó. La chica asistía a 2º año del secundario en la Escuela Normal 3, de Entre Ríos al 2300, que ayer estuvo cerrada por duelo y emitió un comunicado ya que tanto ella como sus hermanos siempre fueron alumnos de la institución.
A la hora de explicar los motivos del ataque, en el barrio recordaban el incidente a tiros que tuvo como víctima casi un año antes al hermano de Zoe. “Es una familia que tiene sus complicaciones. Pero ella era una buena chica, una piba divina. No es justo que pague por los demás”, comentaban dos vecinas en uno de los pasillos del complejo sugiriendo que los balazos no eran para la adolescente sino para algún otro integrante de su familia.
En la misma línea, un hombre que arreglaba su auto en la cuadra se escudó de hacer comentarios: “Con esa familia no me doy. No trato. Por los vínculos que tienen”, dijo. En la investigación no está claro que los disparos estuvieran dirigidos en forma directa a la adolescente pero se indaga sobre una pelea entre bandas y los vínculos que algunos de sus familiares podrían tener.
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El precedente fue el lunes 12 de octubre del año pasado, cuando la plaza estaba repleta de chicos y frente a la vivienda retumbaron veinte balazos. Pasadas las 18, al menos dos personas que iban en un auto bajaron y tiraron. Neythan Romero, de 5 años y hermano de Zoe, recibió un balazo en la cara por el cual fue internado y con el correr de las horas quedó fuera de peligro. Su madre, Rocío, de 33 años, y otro joven, Kevin R., de 21, también resultaron heridos y fueron trasladados al Heca. Los vecinos hablaron entonces de un trasfondo ligado a la venta de drogas.
Nueve meses después, un ataque idéntico y en el mismo lugar causó la muerte de Zoe. Los mensajes de sus conocidos en Facebook resaltaban su perfil de emprendedora a pesar de su corta edad. “Te juro que amaba verte avanzar con tu kiosco, con tus tortas, vendiendo conjuntos, buscabas cualquier forma pero lo hacías”, la recordó una amiga. Otra la describió: “Eras una persona tan hermosa, tan dulce, te la rebuscabas siempre como podías, eras una luchadora tan chiquita y tan grande a la vez”. El novio de Zoe también ensayó una despedida: “Por qué, mi amor, por qué a vos si no molestabas a nadie. Te pido perdón por no poder protegerte”.