Un joven 18 años, con prontuario abierto, murió baleado por un policía de civil que se dirigía a
trabajar en el límite de los barrios Las Heras y La Tablada. Desde la Unidad Regional II se
consignó que Ricardo Villarreal junto a un cómplice interceptó a un suboficial de 28 años para
robarle. El relato indica que uno de los delincuentes le puso el arma en la cabeza al policía y que
al advertir que estaba armado le disparo rozándole la cabeza. El policía logró entonces sacar su
arma y al repeler la agresión mató a Villarreal con un balazo en el tórax.
Ricardo Villarreal, reconocido en el barrio como Ricky, murió en Patricias Argentinas y Benito
Juárez (Ayacucho al 4800). Tenía media docena de antecedentes penales como menor. Su hermano
Milton, alias Chanchi, de 16 años, fue asesinado a tiros hace menos de dos meses, el 12 de
diciembre, en Necochea y Ameghino. Ambos pibes integraban parte de una familia de once hermanos que
reside a la vuelta del lugar donde Ricky cayó muerto ayer, por calle Ayacucho.
Villarreal quedó tirado sobre el pavimento, casi en la puerta de la casa de uno de sus hermanos.
Un móvil de Patrulla Urbana lo levantó y lo condujo junto a su madre al Roque Sáenz Peña donde
llegó muerto. En la escena del crimen los uniformados lograron secuestrar un revólver calibre 38
largo Smith and Wesson con un proyectil intacto y tres percutados. También había al menos cuatro
vainas calibre 9 milímetros del arma del policía. El suboficial, que trabaja en la Brigada de Orden
Urbana de Villa Constitución, fue preventivamente detenido y quedó a disposición de la jueza de
Instrucción Roxana Bernardelli.
La caída. La crónica de la muerte de Ricky Villarreal reedita el mosaico de carencias sociales
que predomina en las partes más empobrecidas de La Tablada y Las Heras, este último también
conocido como barrio La Bajada. Pibes trasnochados que roban empuñando un arma para saciar sus
adicciones. El escenario, a 50 metros del paredón del ex Batallón 121, oscila entre la humildad y
la pobreza. En las paredes de la esquina del hecho podían leerse inscripciones y firmas, entre
ellas la del Chanchi, el hermano muerto del chico muerto ayer.
La versión oficial indicó que ayer pasadas las 6 de la mañana en la esquina de “la barra
del tronquito” estaban Ricky junto a un compinche. Por allí pasó caminando de civil el
suboficial Juan A., de 28 años, con dos meses en la fuerza y empleado en la Unidad Regional de
Villa Constitución. Cuando pasó el vigilante los dos jóvenes le colocaron un revólver en la cabeza.
Mientras uno le apuntaba el otro lo despojaba de sus pertenencias. Hasta que con su mano acarició
el arma reglamentaria. “Ojo que está enfierrado”, gritó, y el que estaba armado le
disparó al vigilante en la cabeza. Pero el efectivo tuvo un movimiento instintivo que le salvó la
vida.
Eran tres hombres y dos armas en un espacio de un metro de diámetro, detrás de uno de los arcos
del club infantil Alice. Los vecinos aseguran haber escuchado dos secuencias de disparos. Una de
tres o cuatro estampidos continuos. Y otra de tiros espaciados. Siempre según la voz oficial el
policía se arrojó al piso mientras sacaba su arma y repelió. Villarreal recibió un balazo entró por
la espalda y salió por el pecho.
Quedó tirado a metros de la casa de su hermano Marcelo. La camioneta policial lo llevó al Saénz
Peña pero llegó muerto.
A metros de donde cayó herido Ricky fue hallado un revólver calibre 38 tipo lechucero. En su
tambor tenía cuatro proyectiles, ninguno del calibre del arma: uno era calibre 32, encintado y sin
percutar, y tres municiones calibre 9 milímetros servidas. Fuentes consultadas indicaron que este
último calibre puede ser utilizado por el 38 largo. Investiga la División Judiciales de la Unidad
Regional II bajo la tutela de la jueza Bernardelli.