Un periodista de la comunidad toba fue baleado en el pecho y lo salvó el azar
"Sentí el golpe y después ardor. Caí de la bicicleta y me dije: «Si me quedo acá me van a
robar». Lo único en lo que pensaba era en que no me robaran la cámara". Bernardo Saravia tiene 39
años y sonríe con todos los músculos de la cara cuando dice que "ganó la lotería". El jueves
Saravia, un trabajador de prensa de la comunidad aborigen que volvía de trabajar, quedó en medio de
un tiroteo en Rouillón y Seguí. Un balazo de calibre chico le dio en el esternón.
26 de septiembre 2009 · 01:00hs
"Sentí el golpe y después ardor. Caí de la bicicleta y me dije: «Si me quedo acá
me van a robar». Lo único en lo que pensaba era en que no me robaran la cámara". Bernardo Saravia
tiene 39 años y sonríe con todos los músculos de la cara cuando dice que "ganó la lotería". El
jueves Saravia, un trabajador de prensa de la comunidad aborigen que volvía de trabajar, quedó en
medio de un tiroteo en Rouillón y Seguí. Un balazo de calibre chico le dio en el esternón. Con ese
impacto, Saravia pedaleó ocho cuadras hasta su casa. Luego fue asistido por un móvil policial y
trasladado en ambulancia al Heca. Cuatro horas después le dieron de alta.
Para el diccionario de la Real Academia Española una de las acepciones del
término "milagro" es la de "algo que ha ocurrido cuando parecía imposible que ocurriese". O "que no
ha ocurrido cuando todo hacía creer que iba a suceder". Lo que le tocó vivir el jueves por la noche
a Bernardo Saravia, integrante de la comunidad toba, fue algo muy cercano a esa definición. Este
hombre nacido en la localidad chaqueña de Roque Sáenz Peña emigró en 1990 a Rosario buscando
trabajo. Primero estuvo afincado en el barrio toba lindero a Empalme Graneros y desde 1996 reside
en zona sudoeste con su familia.
Disparos en la noche. El jueves a la noche regresaba a su casa del pasaje 1837,
conocido en barrio toba como Naala, al 6200, cuando se vio envuelto en tiroteo en el que no tenía
nada que ver. Poco antes de las 20.30 salió de la FM Aire Libre, ubicada en Virosaro y Teniente
Agnetta en su bicicleta. Llevaba una mochila cargada con una cámara fotográfica, un grabador, una
agenda, celular y varios ejemplares del mensuario de la comunidad indígena.
"Volvía para mi casa en la bici por calle Rouillón. Unos 40 metros antes de
llegar al semáforo de bulevar Seguí vi que un auto venía marchando hacia atrás, como tambaleándose,
y un hombre que le venía disparando a pie", recordó el periodista. "Primero pensé en que no me
atropellara, después sentí un golpe en el pecho y ardor", indicó.
El impacto hizo que el fotoperiodista chaqueño cayera de la bicicleta. "Lo
primero que pensé fue en que no me robaran la cámara de fotos. Había mucha gente en el lugar, pero
cuando empezaron los tiros se produjo el desbande. Me toqué el pecho. Me ajusté bien la mochila,
agarré la bici y empecé a pedalear hacia mi casa", relató. Herido de bala, Saravia recorrió más de
ocho cuadras en bicicleta hasta llegar a su humilde vivienda. "Lo único que pensaba era en llegar",
rememoró. Entró a su casa a las 20.40.
La suerte a favor.A partir de ese momento hubo una serie de cuestiones ligadas
con el azar que favorecieron la suerte de Bernardo. "Llegó un patrullero de la comisaría 19ª y
cuando vieron dónde me habían herido me subieron al auto y me llevaron al Heca", relató. Pero
cuando el móvil policial estaba en inmediaciones de Rouillón y Biedma, dieron por casualidad con
una ambulancia del Sies que estaba estacionada.
Entonces lo subieron a la ambulancia y siguieron con rumbo al Clemente Alvarez.
"Cuando llegué los médicos me hicieron exámenes, me pusieron suero y después me dijeron que me
había ganado la lotería", recordó. La bala, de calibre chico, le impactó en un hueso y no afectó
ningún órgano vital.
El hecho fue denunciado en la seccional 19ª, situada a dos cuadras del lugar de
la balacera, donde no quedó documentado el tiroteo que motivó la herida sufrida por Saravia.