Policiales

Un nuevo choque de bandas tiñó de sangre las calles de Empalme Graneros

Una rivalidad vecinal derivó en una balacera que terminó con el homicidio de Diego Miranda, de 23 años

Jueves 24 de Septiembre de 2020

Buena parte de los barrios periféricos de la ciudad están en el mapa de la reformulación territorial en el marco de la narcocriminalidad. Puntos rojos en un mapa donde las bandas armadas matan o intimidan para conquistar o mantener sus espacios. Lugares donde si se quiere sobrevivir ante un mensaje mafioso escrito con plomo hay que saber decodificar rápidamente porque de ellos depende la vida. Sin embargo los crímenes de bandas en los barrios no siempre son por culpa del narco, aunque muchos puedan ser considerados satélites. Muchas bandas matan por cuestiones tan triviales como las vecinales. Y las estadísticas de homicidios aumentan. Los vecinos de Cabal al 1300 bis, en Empalme Graneros, cuentan que algo de eso hubo en el enfrentamiento que le costó la vida a Diego Nicolás Miranda, de 23 años, el martes por la noche frente al comedor comunitario “Mujeres en Lucha Pueblo Originarios”. Hay un detenido.

El martes alrededor de las 21.30 dos grupos de muchachos vecinos del barrio se trenzaron sobre Cabal al 1300 bis. Hubo dos secuencias en la misma disputa. Primero se “torearon” de manera verbal. “Gringo, te vamos a matar. Gringo, te la vamos a poner”, vociferaba uno de los grupos, que tiene su epicentro sobre calle Olavarría, la paralela a Cabal hacia el oeste. Los que estaban sobre Cabal los invitaban a pelear, a mano limpia.

La segunda escena marcó el final de la vida de Miranda. Los de Olavarría volvieron buscaron el roce y cuando los de Cabal intentaron correrlos a los piedrazos, se desató una balacera infernal. Y uno de los proyectiles impactó en el pecho de Miranda. Vecinos y allegados lo llevaron en un auto al hospital Alberdi, pero murió en el camino. Otro nombre a la fría estadística de homicidios.

“La verdad que es imposible contar qué es lo que pasa en el barrio. Todos los que participaron se conocen. El chico muerto es mi sobrino y a mí me conoce todo el mundo. Yo ya hice tres denuncias desde que empezó a la pandemia porque estos muchachos (los de Olavarría) vienen y disparan con escopeta contra los vecinos. Fuimos a la comisaría 20ª (Empalme Graneros) y a la 12ª (barrio Ludueña) y no se les mueve un pelo. No era para mi sobrino. El no tenía problemas con nadie. Habían llegado de jugar al fútbol después de ordenar la mercadería para el comedor. Era un pibe bueno, que me ayudaba en el comedor y no se metía con nadie”, relató Julia Miranda, referente social que está al frente del comedor “Mujeres en Lucha Pueblo Originarios”. Los vecinos indicaron que Diego Miranda no era el apodado “Gringo”, la persona que los de Olavarría buscaban.

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La familia Miranda hace más de 20 años que reside en la parte más empobrecida de Empalme. Es una familia ya acostumbrada a las pérdidas por homicidio. Uno de los hermanos de Diego fue asesinado a puñaladas mediados de 2012 al ser atacado por cuatro hombres en inmediaciones del club infantil Los Pumas de Virgilio Ottone al 1200. Lo sobreviven dos hermanos.

Territorio en pugna

Empalme Graneros es uno de los puntos en rojo en el mapa de la reformulación de territorios en el marco de la narcocriminalidad. Desde febrero pasado en un cuadrado de seis cuadras por seis (Cullen, De Angelis, La República y Martínez de Estrada) se produjeron al menos cinco incidentes con asesinatos. Uno de ellos el triple crimen de Cristofer Nahuel Albornoz, Florencia Corvalán y la pequeña hija de ambos ocurrido en Génova y Cabal el 16 de febrero. Luego siguieron el de Daniel Coppola el 6 de julio en Cullen al 900 bis; Alberto González, el 18 de julio en Garzón al 1600 bis; Manuel Ojeda, el 26 de agosto en Campbell y Olivé, y Natalí Macarena Blanca, el pasado 5 de septiembre en Lavardén (ex Olivé) al 5500. Eso sin contar un sinnúmero de balaceras con heridos, no todas denunciadas.

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Con ese telón de violencia como fondo, el martes alrededor de las 21 un grupo de muchachos que colaboran con el comedorcito de Julia Miranda regresaron a su base tras jugar un partido de fútbol. Los jóvenes se quedaron en la espaciosa vereda del centro que da de comer a 400 familias entre copa de leche, comedor y bolsones. Y en eso estaban cuando “desde el fondo de Cabal”, como llaman a las cuadras de esa calle al 1400/1500 bis, se aproximó un grupo de cinco o seis muchachos que residen en las inmediaciones de Olavarría al 1300 bis. Todos identificados con nombre, apellido y apodos.

A medidas que se acercaban la tensión crecía. Y más aún cuando empezaron a gritar que iban a por el apodado “Gringo”, que estaba entre los que descansaban en la vereda.

Los vecinos relataron que los de Olavarría montaron, no saben si en forma planificada, una escena donde los de Cabal cayeron con ingenuidad. Todo a la escaza luz del alumbrado público. “Primero vinieron y los bardearon. Los del comedor los sacaron de vuelo. Y se fueron. Al rato volvieron... con los fierros. Porque se fueron a buscar los fierros. Repitieron la escena. Y cuando los del comedor se levantaron para correrlos a los piedrazos, estos les metieron plomo. Mataron a uno y pudo ser una carnicería porque en las veredas, con el calorcito, había un montón de gente”, explicó un vecino.

El balazo que dejó agonizante a Mansilla marcó el final del conflicto, o al menos de ese round. Los de Olavarría se replegaron. Los de Cabal cargaron a su herido y se lo llevaron al Alberdi, donde llegó muerto. En este contexto, un incidente ocurrido la tarde del miércoles podría leerse como una continuación cuando fueron detenidos tres jóvenes armados que al parecer habrían intentado incendiar la casa del presunto asesino de Miranda.

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Pero hubo una incidencia que derivó en un detenido. Minutos después del enfrentamiento un hombre baleado en su pierna izquierda llegó al Clemente Alvarez. Dijo que lo habían querido robar. Pero cuando dijo su dirección, alertó a los policías en la guardia del Heca. Además lo vecinos del comedor ya habían marcado que uno de los participantes por el lado de los de Olavarría era Wilson Yamil M., de 26 años, con residencia a unas cuatro cuadras de la escena del crimen de Miranda. La fiscal Gisela Paolicelli lo dejó preso con custodia en el hospital y en principio el viernes lo imputará como autor material del asesinato.

¿Pero quien hirió a Wilson si los vecinos de Cabal aseguran que sólo arrojaron piedras? “Un vecino de la cuadra, que vio que los estos (Olavarría) disparaban contra el comedor, sacó un fierro y les tiró. Y le dió en la pata a Wilson”, contó una residente.

La fiscal Paolicelli comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajara en territorio a la caza de testimonios de de potenciales de testigos. En la zona no hay a simple vista cámaras de videovigilancia públicas ni privadas.

“Ya no se puede más vivir así. Cuando se pase el dolor voy a ir a hablar con las madres de estos pibes (por los de Olavarría). Esto lo debemos parar las madres. Tenemos que hablar. No puede ser que se maten así porque sí”, reflexionó Julia, la tía del muchacho asesinado.

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