Las primeras semanas del juicio oral a Brandon Bay y cuatro de sus colaboradores más estrechos en la banda de Los Gorditos expuso cómo a partir de la llegada de su jefe a la cárcel de Coronda la organización nacida en la zona sur de Rosario logró expandir sus dominios al cordón industrial. Esa dinámica expusieron en las audiencias investigadores policiales que contaron cómo Brandon comenzó a instalar el negocio de la venta de drogas en el barrio Norte de San Lorenzo gracias a los contactos de un compañero de celda oriundo de esa zona. Indicaron que lo hizo mediante acuerdos policiales y un método que consistió en producir bajas en otras bandas que hasta ese momento convivían sin conflictos para enfrentarlas entre sí.
Una violenta trama que incluye tres homicidios, otros tres ataques a tiros cuyos destinatarios lograron sobrevivir, abusos de armas y amenazas es lo que comenzó a juzgar el 6 de junio pasado el tribunal integrado por los jueces sanlorencinos Eugenio Romanini, Carlos Gazza y Mariel Minetti. En el debate que se desarrolla en el Centro de Justicia Penal rosarino se juzgan los delitos más cruentos de una asociación ilícita que, según la pesquisa de los fiscales Aquiles Balbis, Luis Schiappa Pietra y Matías Edery, comenzó a funcionar en 2019 dirigida por Brandon Bay desde la cárcel de Coronda.
“Soy el que maneja San Lorenzo”, solía presentarse Bay ante las víctimas de amenazas y extorsiones a las que llamaba desde un celular que fue sometido a escuchas. Las intervenciones dieron cuenta de un sinnúmero de aprietes, de la gestión violenta del negocio de la venta de drogas, de los contactos policiales del grupo y de cómo se planificaron los tres homicidios atribuidos a quienes encabezan el organigrama de la banda.
Como jefe de una asociación ilícita, Bay afronta un pedido de prisión perpetua por tres asesinatos consumados y otros tres tentativa, delitos agravados por el uso de arma, la promesa remuneratoria y el acuerdo entre varias personas. La misma pena requirieron los fiscales para su novia Nair Cintia Estrella, Fabián Sandoval, Claudio “Primo” Ríos y Juan Manuel “Pera” Alvarez, quienes asisten al juicio de manera presencial, mientras que Bay lo sigue conectado por videoconferencia desde la cárcel federal de Marcos Paz. Hasta el momento ninguno de los acusados pidió declarar ante el tribunal.
La banda de Los Gorditos se hizo conocida por su temeridad desde sus orígenes a mediados de 2015 en el complejo Fuerte Apache y el barrio Tiro Suizo, en el sur rosarino. Las venta de drogas al menudeo, homicidios, robos y extorsiones eran atribuidos desde entonces al grupo y algunos de esos hechos motivaron la caída en prisión de Bay, quien fue condenado a 10 años de prisión por incidentes de esa época. Mientras Bay cumplía esa condena en la cárcel de Coronda comenzó a detectarse la expansión de la banda hacia el cordón industrial, con arraigo en el barrio Norte de San Lorenzo y en Puerto San Martín.
Luego de una seguidilla de asesinatos que desataron el hartazgo de los vecinos y la destrucción de un búnker de drogas en medio de una pueblada, el grupo fue desarticulado en junio de 2020. El detonante fue el crimen de Brian “Runi” Sánchez, un adolescente de 16 años baleado desde una moto el 28 de mayo de 2020 cuando pedía monedas en Mitre al 900 de San Lorenzo. Un joven de 24 años quedó malherido en ese ataque.
Los vecinos expresaron su bronca: incendiaron contenedores, marcharon por la calle Costanera que desemboca en la ruta nacional 11 y voltearon a golpes el búnker frente al cual había sido asesinado tres días antes Gerardo “Pecho” Pérez, quien fue baleado con un disparo en el tórax en otro ataque atribuido a Los Gorditos. El primer crimen de la saga había sido el del bailarín de cumbia cruzada Rodrigo Gigena, de 25 años, baleado por error desde un auto la noche del 6 de agosto de 2019 en barrio Norte de San Lorenzo cuando estaba frente al negocio de su familia.
La banda cayó con la detención de más de una decena de personas, seis de ellas ya condenadas en juicios abreviados. Maximiliano “Marrón” Denis y Pablo “Macana” González recibieron penas de 10 años de prisión por integrar la banda y por su participación secundaria en una tentativa de homicidio. Los otros condenados como miembros de una asociación ilícita a penas que rondan los 3 años de prisión son Diego Bay, Santiago “Pino” Niz, Lucas Romero (un agente policial primo de Brandon), Raúl “Capote” Torres y Joan Fernández.
Tras esas detenciones de junio de 2020 el grupo cobró notoriedad a raíz de escuchas difundidas en diciembre de ese año. Se registró a Bay diciéndole a su cuñado que quería “cortar en pedazos” a sus rivales con una motosierra: “Van a buscar el Tornado y de paso matamos a un par de zombies, me voy a llevar a uno. Te mando un video con una motosierra fíjate cómo lo voy a cortar en pedazos, bien a lo mexicano le voy a dar". Un año después fueron detenidas dos hermanas y la madre de Bay como jefa en la calle de Los Gorditos.
Tras exponer esa trama en sus alegatos de apertura, los fiscales convocaron al juicio a los policías de la Agencia de Investigación Criminal —por entonces Policía de Investigaciones— que habían sido convocados a desentrañar qué había detrás de la sucesión de muertes en San Lorenzo. Los efectivos explicaron que el principal objetivo de la banda era dominar territorios en el cordón industrial y para eso el método de Brandon fue identificar a grupos delictivos que durante largo tiempo habían prevalecido sin conflictos en el barrio Norte sanlorencino y el sur de Puerto San Martín. Luego procedía a matar o atacar a sus miembros y presentar los hechos como producidos por el grupo rival.
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Los investigadores policiales indicaron que para esto contaron con colaboración de policías locales que hacían aparecer esas muertes como resultado de una puja entre los grupos de Ramón Alberto "Willy" V. y Víctor "Pipi" L. Por esa colaboración fueron detenidos en su momento el jefe de la comisaría 7ª de San Lorenzo, el comisario Raúl Omar Fleitas, condenado en un abreviado a 3 años de prisión efectiva, y el sumariante Marcelo Alvarez, quien sigue imputado en libertad.
“A partir de estos testimonios en el juicio se ha acreditado cómo la banda buscaba una pata territorial en San Lorenzo amedrentando a sus rivales y descargando la responsabilidad en otros grupos”, valoró el fiscal Balbis. De acuerdo con prueba ofrecida en el juicio, la conexión de Brandon Bay con esa zona llegó de la mano de un hermano de “Marrón” Denis con quien compartía pabellón en Coronda, apodado Lele, quien era de esa zona de Costanera sin número del barrio Norte sanlorencino.
Otra de las declaraciones que se escucharon en el juicio fueron las de víctimas de balaceras atribuidas a Los Gorditos. Entre ellas la de José Luis Romeo, quien sufrió dos atentados a tiros de parte de Los Gorditos. Contó que vivía en el cordón industrial y a partir de un trueque adquirió una casa de una familia que se dedicaba a la venta de estupefacientes. Dijo que tras instalarse comenzó a recibir llamados de Bay, quien le hablaba a través del teléfono de Denis, al que nunca conoció en persona.
Este hombre declaró que un primer momento le dijeron que no tendría inconvenientes porque no querían un “transero” en esa cuadra, pero luego comenzaron a amenazarlo para que vendiera drogas en favor de la organización. Sufrió dos ataques a balazos y logró resguardarse. En la investigación figuran escuchas a Bay en las que ordenaba: “Matalo, volale la peluca, mirá que está hablando con la gorra”- El testigo identificó a integrantes de la banda, dio cuenta de un sinnúmero de delitos y brindó detalles sobre dos homicidios y sus motivaciones, que en ambos casos ligó a la intención de eliminar a personas que vendían drogas en la zona.
La prueba más relevante a criterio de la Fiscalía son las copiosas escuchas en las que Bay organiza esos ataques y, una vez producidos, conversa sobre las repercusiones. Se espera que sean difundidas entre las jornadas de mañana y la del viernes. De continuar el cronograma previsto, la semana próxima llegará el momento de los alegatos de cierre de las partes de cara al veredicto.