La muerte de Pablo Javier Conti, un futbolista de 25 años, fue tan absurda como
violenta. Ayer a la mañana, cuando el sol despuntaba, el dueño de un boliche de Pérez le asestó una
letal puñalada. Fue luego de que los patovicas del local lo expulsaran de la disco por cuestiones
que hasta anoche no aparecían muy claras pero que, según una fuente policial, tienen que ver con
antiguos enconos entre víctima y victimario. El trágico hecho disparó una reacción descomunal de
los allegados a Pablo, quienes literalmente rompieron todos los cristales del boliche, incendiaron
el auto de uno de los custodios y destruyeron el del propieatario del local bailable.
Conti era oriundo de Pérez y desde siempre tuvo pasión por
el fútbol. Actualmente jugaba como delantero en un equipo de la liga cordobesa, aunque hace unos
años llegó a disputar algunos pocos partidos en la reserva de Rosario Central, en la que según las
estadísticas marcó varios goles. También había mostrado sus gambetas en un equipo de Uruguay y en
otro de Bulgaria, adonde viajó para probar suerte (ver aparte).
A las 4.30 de ayer Pablo llegó a su casa de Pérez desde la
localidad de Pascanas, en la provincia mediterránea, donde había jugado un partido de liga. Un rato
más tarde se fue junto a dos amigos a Galileo, un disco bar situado en Belgrano y 9 de Julio, en el
centro de la vecina localidad y frente a "la plaza de los juegos" y la vieja estación del
ferrocarril detrás de la cual se levanta la sede del Comando Radioeléctrico.
Acusados y motivos.
Algunos testigos contaron que, apenas llegó, Conti fue expulsado del
lugar por el propio dueño del boliche, identificado como Daniel Lungo, de 40 años. "Tomatelas de
acá", gritó el comerciante apenas vio al futbolista. Los encargados de que la orden se cumpla
fueron dos patovicas, uno de ellos llamado José Testa, de 29 años. "Lo sacaron del boliche, lo
llevaron a la plaza de enfrente, lo tiraron contra un árbol y se golpeó la cabeza", contó una chica
que no quiso dar su nombre y presenció la escena. Aturdido por el golpe, dijo la testigo, "Pablo
comenzó a insultar al dueño de la discoteca", quien en ese momento apareció en escena. "Lo puteó
por el tema de la droga y entonces el dueño del boliche sacó una faca y le dio una puñalada",
comentó la joven que ayer no podía borrar de sus retinas el ver cómo "cuando ya estaba malherido,
en el suelo, los custodios le propinaron varias patadas".
Mano a mano.
Lo cierto es que, tras recibir la
puñalada, Conti quedó tendido en el suelo y en medio de un charco de sangre. Algunos amigos lo
llevaron corriendo hasta una clínica situada a una cuadra de la escena del hecho, pero allí se
negaron a atenderlo "porque el dueño del sanatorio es el padre de Lungo", uno de los primeros
médicos cirujanos afincados en Pérez y reconocido en la ciudad. Entonces, Pablo fue trasladado
hasta el dispensario El Gurí, ubicado detrás de la vieja estación ferroviaria, y de allí al
Hospital Centenario, pero su vida se apagó en el camino.
Sin embargo, esa no es la única versión del trágico hecho. Otros
testigos señalaron ante los investigadores que, tras ser echado del boliche, Conti desafió a Lungo
a una pelea y que entonces los dos hombres intercambiaron trompadas. El ganador del pleito habría
sido el joven futbolista, por lo que Lungo dejó las manos de lado y reaccionó asestándole la
cuchillada mortal. Otro testimonio que recogieron los pesquisas indica que la reyerta se
desencadenó dentro de Galileo cuando los patovicas echaron a un amigo de Conti que habría exhibido
un cuchillo.
Reacción violenta.
Ayer al mediodía, el frente del
boliche tenía todas las evidencias de una batalla campal: restos de vidrios esparcidos por la
vereda y en el interior del local eran signos inequívocos del tremendo ataque. Además, en las
veredas habían quedado dos autos destruidos. Un Peugeot 505 perteneciente a uno de los
Cuando los allegados a Conti se enteraron del deceso del muchacho
regresaron al boliche y lo atacaron a piedrazos. En ese momento, la policía ya se había retirado
del lugar al que había ido alertada por algunos vecinos y la zona parecía liberada.
patovicas estaba calcinado por el fuego que habían provocado los allegados a
Conti y volcado en uno de las laterales del boliche, sobre calle 9 de Julio; en tanto, un Mazda
gris, propiedad de Lungo, había sido dado vuelta y tenía el parabrisas y las ventanillas destruidos
a piedrazos. Toda la escena estaba poblada de curiosos y de policías que realizaban las pericias de
rigor caminando sobre los vidrios diseminados por la vereda.
Un chico conflictivo.
Sin embargo, David, un amigo del
futbolista, djo que Pablo era un "buen pibe" y que la tragedia de ayer se inició por un incidente
de esos que ocurren frecuentemente en los boliches y en el cual el futbolista se vio involucrado.
"Pablo intercedió para que la cosa no se agrandara y el dueño le pegó una puñalada", indicó. En la
gresca, según David, también resultaron levemente heridos otros dos amigos de Pablo.
Al respecto, un vocero de la
comisaría 22ª señaló que un muchacho fue derivado con heridas leves al hospital Centenario, pero
hasta anoche no se había determinado si había sido en la misma batahola en la que mataron a Conti.
Por su parte, los pesquisas seguían recabando testimonios a fin de entender las responsabilidades
de Lungo y Testa en el episodio.
Con relación a la personalidad de Conti, el relato difiere según quién
lo cuente. Para un vocero policial, era "un pendenciero" que tenía conflictos en forma habitual y
estaba entre ojos de la comisaría. "Era un muchacho robusto, en apariencia tranquilo, pero que
reaccionaba en forma agresiva frente a un entredicho con otra persona", contó a La Capital alguien
que conoció sus pasos. Incluso, comentaron que cuando fue a probar suerte en Argentino de Rosario y
le dijeron que no se iba a quedar, quiso pegarle al director técnico. Fue en 2008, tras regresar de
Bulgaria y realizar una pretemporada en el Mitre de Pérez, donde actualmente juega su hermano
Luciano y él dio los primeros pases con la pelota.
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