Policiales

Un brutal ajuste de cuentas a balazos acabó con tres muertos en barrio Itatí

Tres hombres entraron de noche a la vivienda de un conocido ex convicto y se enfrentaron a tiros. El dueño de casa murió alcanzado por cinco balas, dos de los agresores fallecieron y el tercero escapó.

Martes 23 de Febrero de 2010

Mataron a Mingo Selerpe. Este peso pesado que supo hacerse un nombre en las calles de barrio La Tablada fue asesinado en una balacera donde además hubo otros dos muertos a balazos. Todo ocurrió el domingo por la noche en una casa de Pueyrredón al 4200, barrio Itatí Norte, donde Selerpe había llegado a vivir hace seis meses. Estaba junto a su pareja y una nena de 4 años que presenció la feroz balacera.

Los vecinos relataron que tres hombres llegaron a la casa y tras una breve conversación se desató en el interior un intercambio de disparos. Selerpe recibió cinco impactos y murió al llegar al Clemente Alvarez. Dos de sus agresores, de 26 y 35 años, cayeron fulminados con tres balazos. El móvil del hecho ronda entre la mejicaneada y una transacción que no terminó bien. Se descartó el robo.

Domingo Andrés Selerpe tenía 52 años y una reputación ganada. “A mi en Tablada me respetan y acá también lo van a hacer. Yo no tengo problemas”, contaron ayer las vecinas de Pueyrredón al 4200 que le escucharon decir a Mingo, como se lo conocía en el submundo de la venta de drogas, cuando llegó a Itatí Norte. Su última morada.

Mingo es parte de la segunda generación de un clan ligado por la policía y los vecinos con la venta de droga en La Tablada (ver aparte). Su padre Froilán y dos de sus hermanas fueron detenidos en 2007. El 29 de mayo de 2008, su hermano Jorge cayó preso en un operativo de la ex Drogas Peligrosas en el que desbarataron dos cocinas de cocaína en San Lorenzo al 8500 y en Fragata Sarmiento al 3300.

Mudanza. Hace seis meses Mingo Selerpe dejó Tablada y se mudó a una casa de material en Pueyrredón al 4200, a metros de la vía que corre paralela a Flammarión, en Itatí Norte. A unos 70 metros del Centro Crecer y dispensario Itatí. Residía en una de las viviendas en mejores condiciones dentro de la humildad de la cuadra. “Le compró la casa a un muchacho del barrio que se separó y se vino con la mujer y una nena de 4 años”, recordó ayer una vecina.

La vivienda está en la esquina, frente a una canchita y a metros de donde se construyen viviendas del plan municipal Rosario Hábitat. Tiene un ambiente en “L” que oficia como living, comedor y cocina. Una escalera caracol conduce a un dormitorio en la planta alta. Se completa con un antebaño donde había una máquina de coser. En la vereda se luce un horno casero y hay un tanque de agua donde dormían ayer dos perros.

Los vecinos indicaron que Vanesa, la pareja de Selerpe, cosía sábanas y vendía helados por la ventana. Los investigadores destacaron que en la casa había aparatos de informática que no se correspondían con la humildad de la fachada. En la vereda estaba una camioneta Chevrolet amarilla de Selerpe.

La irrupción. A las 22 del domingo, en ese lugar estaban Mingo, Vanesa y la hija de 4 años de la mujer. La puerta de calle estaba entreabierta. “¿Para qué me iba a amurallar si no tengo nada que ocultar?”, les dijo Vanesa a los pesquisas. Según confiaron los vecinos, tres hombres llegaron en una moto Yamaha Cripton roja. “Se metieron de cheto”, relató una vecina para explicar que entraron abruptamente. Dos de los hombres eran los ex convictos Abel Argañaraz, de 26 años, domiciliado en Avellaneda y Arijón; y Hugo Celso Aguirre, de 35 años, con residencia en Villa Diego de Villa Gobernador Gálvez. Un hincha de Newell’s que llevaba en su pecho un tatuaje con el escudo de su club. Ambos tenían varios antecedentes y una condena en sus prontuarios: Argañaraz a 1 año y 6 meses en 2006 y Aguirre a 5 años y 4 meses en 1996.

El quiebre. Todo lo que sucedió en el lugar se conoce por los dichos de Vanesa, la especulación de los pesquisas y los dichos de vecinos que llegaron al cesar los disparos. Según se pudo reconstruir, Aguirre habló con Selerpe. Los dos hombres se dirigieron hacia el antebaño y ahí sucedió algo que fue vital para el desenlace. Aguirre tomó a la hija de Vanesa y le colocó un arma en la cabeza. Eso enloqueció a Mingo, quien se le fue encima y le arrebató el arma. Ahí se desató un pandemónium de plomo delante de la criatura.

Selerpe abrió fuego y le disparó en el rostro a Aguirre. El proyectil le impactó en el ojo derecho y lo mató. Su cuerpo quedó tirado al lado de la puerta del baño. Vanesa tomó a la criatura y se refugió en el cuarto superior. El tercer agresor cruzó la casa, salió al patio y huyó tras trepar un tapial. En el comedor Selerpe quedó en un duelo con Argañaraz y recibió varios impactos. Pero siguió en pelea.

“Argañaraz tenía dos disparos por la espalda. Uno le quemó la camisa, lo que habla de que le disparó desde muy cerca”, relató un investigador. Argañaraz quedó tirado en la vereda, al lado de la cucha de los perros. Bajo su cuerpo quedó oculto un revólver Colt Special calibre 38 con seis vainas servidas. Selerpe se apoyó contra la pared de su casa y se desplomó en la vereda. Tenía cinco disparos en el tórax, el abdomen, la zona lumbar, el muslo y el empeine izquierdos.

Sus vecinos lo auxiliaron. Trataron de hacer arrancar a empujones la camioneta amarilla, pero llegaron hasta Ovidio Lagos sin éxito. Lo llevaron en un auto al Heca. Murió a poco de llegar. Los pesquisas indicaron que en el lugar se secuestró una vaina calibre 9 milímetros, lo que indica que en el lugar hubo al menos tres armas.

“Nosotros tenemos miedo porque llegaron los familiares de uno de los muertos (Argañaraz) y nos dijeron que iban a prender fuego los ranchos”, recalcó una comerciante. La balacera es investigada por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, la comisaría 15ª y la Sección Homicidios.

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