Policiales

Tercer imputado por un asesinato cometido para silenciar a un testigo

Mauro Pereyra debía declarar por haber visto un tiroteo. Lo balearon desde un auto el 14 de abril. Ayer acusaron a un albañil que quedó preso.

Martes 02 de Julio de 2019

Un tercer acusado fue imputado ayer por la ejecución de Mauro Ezequiel Pereyra, un joven de 27 años acribillado desde un auto en abril cuando charlaba con dos amigos que también resultaron heridos, cerca de la villa de Flammarión. Se trata de Miguel Angel G., a quien el fiscal Adrián Spelta situó como coautor de los disparos que partieron desde un Chevrolet Corsa blanco y que buscaban silenciar a dos de las víctimas que al día siguiente debían declarar como testigos de una balacera previa.

La motivación de ese demencial ataque a tiros del 14 de abril, centrada en una rivalidad entre dos familias y con un trasfondo de narcomenudeo, fue expuesta por el fiscal en la audiencia que ayer a partir de las 8 afrontó Miguel Angel G. en el Centro de Justicia Penal. El detenido se presentó como un albañil de 33 años y que lleva once años sin antecedentes penales. Llorando dijo ser inocente (ver aparte).

"Miguelito" G. fue imputado como coautor del crimen de Pereyra, un delito que se considera agravado por el uso de arma de fuego, además de la tentativa de homicidio de los otros dos heridos y la portación ilegal de un arma de guerra.

La jueza Patricia Bilotta dispuso la prisión preventiva de Galván por el plazo legal de dos años, aunque la medida puede revisarse dentro de 90 días. El defensor Marcelo Argenti solicitó la libertad o la prisión domiciliaria con tobillera electrónica y una firma semanal ante la Oficina de Gestión Judicial pero la jueza rechazó el pedido.

De aristas mafiosas

La balacera de tinte mafioso fue efectuada desde un auto frente a una casa de Margis al 5056 B donde retumbaron no menos de 15 tiros. Pereyra vivía en una pensión a tres casas de donde lo mataron. Era padre de una niña de 6 años y hacía trabajos de pintura y albañilería. Según la investigación fiscal, le decían "Diente".

"Era muy respetuoso y trabajador. Llevaba a su hija al colegio y saludaba a todos los vecinos. No parecía que anduviera en nada narco ni cosas raras", dijeron los vecinos a este diario la mañana siguiente.

La noche anterior, alrededor de las 20.30 de un domingo, Pereyra conversaba en la vereda frente a la casa de Sergio Orlando S., de 39 años y apodado "Tongo". Con ellos estaba Rodolfo Antonio "Toto" C., de 36. De repente pasó un Chevrolet Corsa blanco con vidrios polarizados del que partió una ráfaga de tiros que alcanzaron a los tres.

"Parecían cohetes, nadie salió a la calle hasta que pararon", contó una vecina que vive a media cuadra, en el límite de los barrios Las Delicias y Tiro Suizo. Los heridos fueron trasladados al Hospital Roque Sáenz Peña. Rodolfo C. con una herida de bala en la axila, fuera de peligro. Sergio S. recibió un disparo en el tórax y otro en el muslo y fue al Heca en estado delicado. Pereyra murió a minutos del ataque con un balazo en el pecho y otro en el cuello.

Un mes y medio más tarde fueron detenidos dos de los presuntos ocupantes del auto: Brian Agustín T., apodado "Locato" o "Perrito", y Ramón C., a quien conocen como "Hermano del Emita". Los dos tienen 21 años y fueron imputados como ocupantes del auto desde el cual partieron los tiros.

A "Locato", se supo entonces, le habían dejado un mensaje mafioso el 2 de abril en su casa de Dorrego al 4300, entre Ameghino y pasaje Maratón. Desde un auto VW Gol o Ford EcoSport dispararon con una ametralladora treinta proyectiles calibre 9 milímetros. Las balas impactaron contra frentes de viviendas y coches estacionados y un plomo le rozó la cabeza a una vecina.

Locato y Hermano del Emita fueron detenidos el 20 de mayo pasado tras una breve persecución del Comando Radioeléctrico por barrio Plata. Según el reporte policial de entonces, iban en un VW Gol Trend que al notar la presencia policial intentó escapar. En Castellanos al 5300 los fugitivos bajaron del auto y quisieron meterse en una vivienda pero fueron detenidos.

"Jefe, ya perdí. A mí me llaman Locato, tengo un par de broncas dando vueltas por ahí, díganme cómo podemos arreglar y yo hago bajar algo", habría dicho Brian T. a los policías, que lo buscaban por el crimen de calle Margis y la saga de balaceras en la zona de Flammarión y Gutiérrez.

El tercer requerido era G. El viernes fue detenido en su casa cercana al lugar del hecho por la Policía Federal. En base a un testigo de identidad reservada y de uno de los sobrevivientes, Spelta ayer le atribuyó haber efectuado los disparos "sin descender del vehículo" y "con claras intenciones de quitarles la vida a las víctimas". Según el el fiscal, el Corsa blanco sin baúl se retiró de la escena escoltado por otro vehículo que podría ser un Gol negro.

El fiscal explicó que el crimen se dio en un marco de disputa entre dos familias de apellidos que comienzan con S. Una afincada en la zona donde atacaron a Pereyra, otra al otro lado de la vía que corre paralela a Flammarión y que estaría comandada por una mujer apodada "Pelada", suegra del albañil imputado ayer.

Según pudo reconstruir la investigación, dos hijos de la mujer se pelearon con integrantes del bando rival y ella los denunció por un robo calificado. En represalia por la pelea, "Locato" y "Miguelito habrían cruzado al otro lado de la vía para balear el frente de una vivienda.

A esa balacera la presenciaron dos testigos: uno de ellas era Pereyra y el otro uno de los baleados en el ataque de la calle Margis. Los dos iban a declarar como testigos en una causa por abuso de armas la mañana posterior al crimen. Según la hipótesis fiscal el atentado se cometió para silenciarlos pero que no logró su cometido último: la semana próxima, según fuentes de la acusación, está previsto imputar a ambos aquellos disparos de los que Pereyra no alcanzó a dar testimonio.

Entre sollozos

El detenido Miguel Angel G. aceptó responder preguntas. Dijo que el día del crimen estuvo en el velatorio de un primo suyo en la zona sur y luego en el Cementerio Parque en Villa Gobernador Gálvez, hasta el día siguiente. Llorando, dijo que conoce a las víctimas y que días atrás conversó con uno de los dos heridos. Según su defensor, hace once años que no cae preso y siempre estuvo en su casa, sin saber que lo buscaban.

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