Brandon Bay, líder de la banda “Los Gorditos", sigue acumulando condenas e imputaciones. Esta vez por un asesinato en el cual el tirador confundió su objetivo y asesinó a un bailarín de una academia de cumbia cruzada de 26 años en lugar del vendedor de drogas que residía a metros de la casa de la víctima. Bay fue acusado este miércoles por los fiscales Matías Edery y Aquiles Balbis como instigador del homicidio agravado por el uso de arma de fuego, calificado por el concurso premeditado de dos o más personas, de Rodrigo Gigena asesinado en agosto de 2019 en barrio Norte de San Lorenzo. Junto a Bay fue acusado Juan Manuel “Pera” A., quien para la acusación manejaba el auto desde donde partieron los disparos mortales.
El juez de primera instancia Juan José Tutau dictó prisión preventiva efectiva por el plazo de ley para ambos imputados. Bay está detenido en la cárcel de Piñero, donde además de cumplir una condena también tiene prisión preventiva por otros hechos por los que fue imputado y que se le atribuyó haber ordenado tras las rejas.
Una de las claves para que los fiscales pudieran descomponer el contexto en el que fue asesinado Gigena, estuvo dado por la declaración de Yazmín, encarcelada como integrante de la banda puesta bajo la lupa y compañera de Rodrigo en la academia de cumbia cruzada.
En agosto de 2019 la guerra había vuelto al barrio Norte de San Lorenzo, tan cual lo describieron los vecinos. “Acá volvió la guerra. Hace dos años que no se puede vivir más. No podés estar en la vereda, no podés salir de noche. Primero uno piensa que se matan entre ellos, pero después matan a un pibe como Rodrigo y se te caen los argumentos. Está feo el barrio”, explicó un joven vecino del barrio el día después de que Gigena fueron baleado en el estómago. El joven de 26 años era conocido en la región porque integraba la academia de baile “La fuerza de la Cumbia”.
El de Gigena fue el tercer homicidio en diez días en el departamento San Lorenzo. Antes habían caído Eduardo Luis Carlos Villegas, de 28 años, asesinado a balazos en el interior de su Chevrolet Corsa Classic gris la noche del 31 de julio de 2019 en Nerbutti y Sargento Cabral, en el centro de Puerto San Martín. Siete días más tarde, la noche del viernes 2 de agosto, los objetivos de un ataque a balazos fueron Jorge Acosta, de 30 años, y Juan Ezequiel I., de 19. Ambos fueron baleados cuando estaban en el patio de una casa de Fournier al 1200, a unos 150 metros del lugar donde fuera mortalmente herido Gigena, en barrio Norte de San Lorenzo. Acosta murió en el lugar.
Informe de situación
Según un informe de la Policía de Investigaciones (PDI), hoy AIC, citado en la audiencia de este miércoles, en agosto de 2019 el mapa narcocriminal de la zona norte de San Lorenzo estaba distribuida en tres manos: “Willy Velázquez”, el “Pipi Leys” y “Los Santafesinos”. Dice el informe: “Entre ellos está todo bien. Cada cual conoce los límites. Pero los que quieren entrar y ocupar esa zona son «rosarinos». Son varios, pero el que dirige es un tal «Dany Godoy», relacionado con la barra brava de Newell's Old Boys. Muy violentos”.
Y sobre los últimos crímenes de Villegas, Acosta y Gigena el informe indicó que “los homicidios son una operación para hacer hacer parecer una guerra entre «Willy-Pipi-Santafesinos» pero que en realidad los únicos beneficiados con todo esto serían «Los Rosarinos»”.
A partir del asesinato de Villegas la investigación decantó en que quien estaba detrás de “la operación” era Brandon Bay, con domicilio en Dinamarca al 500 bis en el Saladillo más empobrecido, por entonces preso en el pabellón 4 de la cárcel de Coronda.
Brandon Bay está pagando en Piñero una condena a 5 años de prisión de octubre de 2018 acusado de liderar la banda de “Los Gorditos”. Esta gavilla saltó a las portadas de los diarios en 2015 tras el crimen de José Eduardo “Cepillo” Fernández. Desde entonces dominó a sangre y fuego el narcomenudeo y los robos en un territorio que se extendió desde la villa de calle Flammarión a los barrios Tiro Suizo y Las Delicias.
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En junio pasado la banda de Brandon Bay, y su tío Diego recientemente liberado tras firmar un acuerdo abreviado a tres años, fue desarticulada parcialmente tras el asesinato de Brian Ezequiel “Runi” Sánchez, el 29 de mayo último. Este crimen encendió el hartazgo entre los vecinos de barrio Norte de San Lorenzo y motorizó la ultima puntada para jaquear a la banda. Para la acusación Brandon, desde su celda, ordenaba los ataques para instalar el miedo y conquistar nuevos territorios.
Matar inocentes
Con la nueva imputación sobre Bay se conoció meses atrás una escucha judicializada sobre Brandon, que ayudaría a entenderlo como un líder con un completo desprecio por la vida humana: “Si matamos un par de inocentes se arma una revolución bárbara”, se escuchó decir a Bay.
Según se pudo reconstruir en la audiencia de este miércoles en los tribunales de San Lorenzo, el 6 de agosto de 2019 Bay le había bajado el pulgar a uno de los vendedores de droga que el apodado “Willy” tenía en inmediaciones de Clemente Albelo al 3600, barrio Norte de San Lorenzo. El apuntado era un hombre morrudo, robusto, grandote de unos 45 años.
De acuerdo a la acusación de los fiscales Matías Edery, de la Agencia de Criminalidad Organizada y Delitos Complejos, y su par de la sede San Lorenzo, Aquiles Balbis, “siguiendo las órdenes de Bay” se armó un auto para realizar un ataque sicario. Siempre según la fiscalía en un Ford Focus gris con vidrios polarizados se subieron “Pera” A., al volante, Yazmín y el apodado “Pochi”, sentado en el asiento trasero del Focus.
Ajeno a todo, “Rodri” Gigena caminaba hacia el kiosco de su madre, ubicado sobre Albelo al 3600. "Pasaron en un Focus jugando a ser dios, tirando con 9 milímetros. Parece que se venían disparando con otros y cuando pasaron por delante la granjita le tiraron al «Rodri», que no tenía nada que ver", contó un testigo del hecho. A Gigena lo impactó un sólo disparo en el abdomen. Murió dos días y medio más tarde.
La geolocalización por antenas aportadas por la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado Poder Judicial de la Nación (Dajudeco), que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ubicó el celular que por entonces utilizaba Brandon en el ala sur, pabellón 6, de la cárcel de Coronda donde estaba alojado en agosto de 2019.
Amenazado
Gigena era un muchacho muy valorado en el barrio. Tanto fue así que el propio vendedor de drogas apuntado como blanco se presentó ante la Justicia y contó otra punta del contexto de la pelea por el control territorial. Pero por sobre todas las cosas dijo que el ataque era para él.
Contó que “había un grupo de personas de Rosario que querían quedarse con el negocio del tráfico de estupefacientes y que lo habían amenazado a él y su familia para que deje de vender para «Willy» Velázquez”, declaró. A esa evidencia se sumó la declaración de Jazmín, quien contó los pormenores de lo que pasó en el interior del auto.
A ese escenario los fiscales Edery y Balbis le sumaron una serie de escuchas en la que que Bay hablaba con su primo, Claudio Ríos, y con su concubina, Cintia Estrella, ambos ya en la cárcel. En las escuchas se oye un Bay dando órdenes con tiempo de ajedrecista y pero al mismo tiempo con aires de líder despiadado.