“Lo que más lamento es que el dinero que me robaron era para un trasplante
de riñón que le tienen que hacer a mi mujer”, se quejó con amargura Carmelo Pagano, un
distribuidor de lubricantes industriales que el domingo a la noche, mientras se ausentó de su casa
para ir a cenar junto a su familia, recibió la visita de intrusos que saquearon la propiedad.
A pesar del malestar generado, el caso tuvo una derivación alentadora. La hija
de Pagano llamó al celular del padre, aparato que había integrado el botín de los ladrones, y fue
atendida por uno de los asaltantes. Quizás por inexperiencia, el maleante terminó negociando
la devolución del teléfono a cambio de dinero. Aunque no lo hizo con la chica sino con un policía
que se hizo pasar por el dueño de casa. Así, en el cruce de Circunvalación y 27 de Febrero fueron
detenidos tres adolescentes bajo la acusación de ser los autores del atraco.
Todo comenzó pasadas las 21 del domingo. A esa hora Pagano junto a su esposa,
María Isabel, de 52 años, y la hija de la pareja, Analí, de 22, salieron de su casa de Buenos Aires
3965 y a bordo de su auto fueron a comer una pizza a un bar de avenida Pellegrini. Dos horas
después regresaron, y tras cerrar el portón del garaje, Carmelo entró a la casa y echó un vistazo a
la cocina: “Tuvimos visitas”, murmuró.
Los dichos de Pagano inquietaron a Analí, quien al entrar distinguió una escena
desoladora. “Apenas me asomé vi todas las alacenas abiertas y había cosas tiradas en el piso.
Salí a la calle y le pedí a un vigilador privado del barrio que llamara a la policía”,
recordó la joven.
Llamado delator. Cinco minutos después, una patrulla del Comando Radioeléctrico
arribó a la vivienda y recién en ese momento los dueños de casa se percataron de que los intrusos
se habían llevado una cámara digital, un sistema GPS y 5 mil pesos además de 12 relojes de
colección, entre ellos un Rolex, cadenas de oro y ropa de marca. “Los relojes están valuados
en 50 mil pesos”, estimó Pagano.
A pesar de estar conmovida por el asalto, a Analí se le ocurrió llamar al
celular de su papá. “Hola Analí”, le dijo una voz masculina que leyó su nombre en el
visor del aparato. “No sé quién sos”, le contestó la chica. “Cómo no te acordás
de mí después de la noche que pasamos en el hotel”, insistió el interlocutor. Entonces la
joven le entregó el aparato a uno de los agentes del Comando que estaba en la casa y éste armó la
trampa para el ladrón. “Mirá, yo necesito el teléfono para trabajar. Cuánto querés para
devolvérmelo”, propuso el policía haciéndose pasar por Pagano. Luego de un tire y afloje
acordaron el pago de 800 pesos para la devolución del aparato y un encuentro en Circunvalación y 27
de Febrero.
Allí fueron varios móviles del Comando y atraparon a tres jóvenes: Micaela
Loreley D., de 16 años; Milton H., de 17, y Gastón Angel F., de 17 años. En poder de los ladrones
la policía dijo haber encontrado dos celulares, ocho relojes, cadenas de oro, una cámara digital y
un GPS, pero no apareció el efectivo sustraído ni un bolso repleto de ropa. “Nos llamó la
atención de que no apareciera la plata. Además, encontraron la manija del bolso y no lo que estaba
adentro”, comentó Pagano.