Don Jaime habla con cierta dificultad debido al derrame cerebral que sufrió hace
un tiempo y que dejó sus marcas en el cuerpo. Son las 10 de la mañana y ya hace doce horas que dos
ladrones lo emboscaron en la cochera del edificio del macrocentro donde vive y lo obligaron a subir
a su departamento. Una vez allí, los maleantes se alzaron con 100 mil pesos y 40 mil dólares que
tenía guardados en una caja fuerte. Después se marcharon dejándolo encerrado junto a su esposa.
Jaime Salud tiene 77 años y desde hace 35 está al frente de una fábrica
metalúrgica situada cerca del parque Independencia. Entre las actividades comerciales de la empresa
está la de importar desde China y Estados Unidos accesorios para mangueras de vehículos y
maquinarias agrícolas. Y en un relato que luce intermitente, el hombre dice que parte del dinero
sustraído estaba destinado para el pago de una de esas compras.
En la cochera.Todo se inició a las 20 del martes. A esa hora, el empresario
arribó al edificio en el que vive, en Pellegrini 1425, a bordo de un Peugeot 407. Ingresó a las
cocheras del inmueble y al llegar al estacionamiento del segundo subsuelo fue sorprendido por un
desconocido que lo sujetó de atrás mientras lo encañonaba con un arma de fuego. Enseguida apareció
un cómplice del maleante y le ordenó: "Ahora vamos al departamento y me das toda la plata".
Salud y sus captores subieron al ascensor y fueron hasta la vivienda del
empresario, situada en el tercer piso. En ese momento, su esposa, Elena Feroldi, de 71 años, estaba
mirando televisión y se sorprendió por la irrupción de los malhechores. El empresario intentó
calmarla. "Quedate tranquila que nos están asaltando", alcanzó a decirle Salud quien ese mismo día
había cobrado en su empresa unos cheques de terceros por un valor de 20 mil pesos.
Convencido de que ya no podría ofrecer resistencia, Salud caminó hasta una
habitación del departamento, abrió un placar y después el cofre de seguridad allí empotrado. Ahí
estaba guardado todo el dinero: 100 mil pesos y 40 mil dólares. "No tenía alternativa, les di la
plata para salvar mi vida", dijo resignado el empresario.
—¿Por qué tenía el dinero en su casa?
—Porque tenía que pagar mercadería que venía del exterior
Los ladrones no se conformaron con el grueso botín obtenido. Entonces
recorrieron el departamento en búsqueda de más plata. No la encontraron, pero revolvieron todos los
cajones en forma desenfrenada y arrancaron los cables del teléfono. Los dueños de casa quedaron
encerrados en el baño. "Antes de irse, los tipos cerraron dos de las tres habitaciones y la puerta
principal con llave. Como el cuarto que quedó abierto se conecta con el balcón, me asomé y le pedí
ayuda a una mujer que pasaba por la calle. Ella le avisó a un vigilador privado del edificio y, con
una copìa de la llave que tenía una vecina, abrió el departamento", comentó Salud.
Cara conocida. El empresario presume que uno de los ladrones es el mismo hombre
que el mediodía del lunes tocó el portero de su inmueble. "Señor, traigo correspondencia para
usted", le dijo a través del altavoz. Salud bajó a abrirle la puerta, pero el desconocido ya se
había marchado. "El portero lo llamó (al supuesto cadete). Entonces, yo me acerqué y le pregunté
que quería. Me respondió que buscaba una dirección, pero me quedé con dudas porque estaba
nervioso", recordó.
El hombre cree que se trata de la misma persona a pesar de que no pudo
distinguir su rostro con claridad. "Se cubría la cara con una bufanda, pero cuando se la quitó un
poco me pareció que era el mismo tipo", comentó.