La casilla de Estados Unidos al 3100 quedó reducida a un revoltijo humeante de
chapas retorcidas tras ser consumida por el fuego el 17 de diciembre de 2006. Bajo los escombros
quedaron los cuerpos calcinados de tres personas y todo indicaba que habían sido víctimas de un
accidente. Pero luego se determinó que bajo las cenizas se escondía una historia macabra: un triple
homicidio por el que un albañil de 31 años ahora fue condenado a reclusión perpetua.
Rafael Esteban Echavarría recibió esa pena por matar a su
abuela Remigia Miranda, de 64 años; a la pareja de ella, Vicente Martínez, de 60; y a la hija de la
mujer, Luisa Rodríguez, de 41. En un primer momento se pensó que el albañil había sido el único
sobreviviente de un incendio provocado por un cortocircuito en la precaria instalación eléctrica de
la vivienda.
Pero luego la Justicia determinó que fue él quien encerró a
las víctimas y prendió fuego a la casilla para ocultar la puñalada que momentos antes le había
aplicado a Vicente Martínez en una pelea. No se sabe si el hombre falleció por esa herida o por la
acción del fuego. Los cuerpos estaban tan calcinados que la autopsia no lo pudo precisar.
El juez de Sentencia José María Casas consideró, al término
de un juicio, que Echavarría fue autor de un triple homicidio calificado, es decir, cometido para
ocultar otro delito y dejar así impune el ataque perpetrado contra la pareja de su abuela. El fallo
no está firme y puede ser apelado ante la Cámara Penal por la defensa del condenado.
Una tensa reunión. La tarde anterior a que las llamas consumieran la casilla de
Estados Unidos al 3100 (una calle paralela a la avenida de Circunvalación, en la intersección con
Bertolé) en el patio se habían reunido familiares y allegados a las víctimas para celebrar una
fiesta de despedida del año. Una hija de Remigia que fue a la reunión con su esposo y sus hijos
contó que el clima se volvió tenso cuando Echavarría y el concubino de su madre se emborracharon y
empezaron a pelear por una botella de vino.
Los invitados se marcharon y entonces se desató la pelea
entre Vicente y Echavarría, quien vivía allí desde hacía un mes y había salido dos años antes de la
cárcel tras cumplir una condena por robo calificado.
Poco después de la medianoche se escuchó una explosión en
la casilla de chapa de 5 metros por 5 y asentada sobre un contrapiso de baterías en desuso. Los
vecinos arrojaron baldes con agua y arena para apagar el fuego, pero las llamas que alcanzaron tres
metros de altura consumieron todo. Cuando llegaron los bomberos encontraron los tres cuerpos
consumidos sobre lo que había sido una cama de dos plazas. Echavarría gritaba fuera de la casa y
tuvo que ser trasladado a un hospital por un ataque de nervios.
Corto en el cementerio. La primera conclusión de los peritos fue que el fuego se
había desencadenado por un cortocircuito. Pero un incidente en el cementerio La Piedad, durante el
sepelio, desnudó otra historia. Los familiares de las víctimas acusaron allí a Echavarría de haber
provocado el incendio y se armó tal pelea que intervino la policía. Nadie entendía por qué las
víctimas no habían podido salir de la casa mientras él estaba "sin un rasguño".
Entonces el albañil confió a la policía que había comenzado
a tomar desde el día anterior, con la breve interrupción de una siesta que su abuela le hizo dormir
la tarde de aquel sábado. Dijo que esa noche, cuando se retiraron los invitados, discutió con
Vicente y lo golpeó en el rostro hasta hacerlo caer.
Reconoció que se había manchado con la sangre de Vicente,
pero negó haber provocado el incendio. Dijo que estaba borracho y que sólo recordaba que al ver las
llamas la luz estaba encendida y la puerta, abierta.
Testimonio. La situación de Echevarría terminó de complicarse con la
declaración de un vecino. El hombre contó que 10 minutos antes del incendio Remigia fue a pedirle
ayuda porque su nieto había apuñalado a Vicente. Y que al acercarse a la casa vio al hombre
ensangrentado en el piso mientras Luisa, que padecía una discapacidad mental, lo socorría.
El testigo del incidente que precedió al fuego contó que
entonces el albañil lo amenazó para que se fuera: "¿Qué te metés? Tomatelá", le gritó. Y precisó
que tenía el torso y las manos con sangre. "Estaba muy agresivo y nervioso. Luego de decir eso
empezó a lavarse en una canilla que había afuera", reveló.
El vecino volvió a su casa, pero al cabo de 10 minutos
sintió los gritos de auxilio de Remigia. Al salir vio la casa envuelta en llamas. Para el juez, en
ese intervalo el acusado encerró a las tres personas e inició el fuego.
"Mi abuela está adentro de la casa y se me está quemando",
le dijo Echavarría a uno de los primeros vecinos que se acercaron a combatir el incendio. Este
hombre refirió que la puerta estaba cerrada por fuera con un candado y que debajo de una pileta con
agua ensangrentada había un cuchillo de 35 a 40 centímetros. Aseguró que intentó barretear la
puerta, pero una bocanada de humo y fuego le impidió avanzar. Nada pudieron hacer.