Clara Rafaela Soto enfrenta el primer aniversario del asesinato de su esposo, el
farmacéutico Fabián Llinares, "con la frente en alto". El caso, que por ahora está lejos de
resolverse, presenta aristas controvertidas. A pesar de que nunca hubo prueba alguna en su contra,
la mujer aseguró a este diario: "Aún hoy me consideran sospechosa, pero estoy dispuesta a que me
investiguen, porque no tengo nada que ocultar".
— ¿Quiénes y por qué mataron a Fabián?
— ¿Alguna vez te comentó que tuviera algún problema?
— Sí. Es más, después del primer atentado (en junio de 2007) estuvimos a
punto de mudarnos fuera de Rosario. Antes de que lo atacaran, Fabián no dormía, estaba molesto.
Pero nunca me contó por qué. El era un tipo muy cerrado y a la única persona que le confesaba todo
era a un amigo suyo, Alejandro, también farmacéutico, al que nunca más volví a ver.
— ¿El crimen tuvo relación con el ataque de junio?
— Yo creo que sí porque Fabián, después del balazo que recibió, me dijo
que nos teníamos que ir. Estaba convencido y no había forma de hacerlo cambiar de idea. Me dijo que
tenía una deuda grande pero nunca me contó detalles, siempre esquivaba la respuesta. Después de su
recuperación, en agosto, pudimos reabrir la farmacia. Yo tampoco quería estar más en ese lugar. Me
moría de miedo. Tan es así que teníamos una custodia policial y pusimos un blindex en los
mostradores.
— Al principio se lo vinculó al tráfico de fármacos. ¿Vos declaraste eso en
Tribunales?
— No. Cuando declaré me preguntaron puntualmente si Fabián vendía
psicotrópicos sueltos y sin receta. Y contesté que sí. Pero no dije que mi esposo traficara o
repartiera medicamentos ilegalmente. Quiero que se entienda que mi esposo vendía o entregaba algún
remedio sin receta, incluso a menores, pero no era un traficante. Puedo decir que Fabián era muy
transparente, no estaba en nada raro. Estoy segura que le plantaron la droga y las pastillas en el
auto.
— En un momento de la investigación surgieron sospechas fuertes sobre vos.
— Fue todo por comentarios. Estoy abierta para que me investiguen. Aquí
estoy con la frente alta para que me pregunten todo lo que quieran. Allanaron dos veces mi casa. La
Tropa de Operaciones Especiales se llevó almohadas, cubrecamas, hicieron un examen para detectar si
había rastros de sangre. Todo lo viví con tranquilidad porque cuando una tiene la conciencia
tranquila pone el pecho a las balas.
— ¿Por qué pensás que sospecharon de vos?
— Por comentarios de los vecinos. Pero no tienen nada que decir de mí. Yo
entraba con mi marido a la farmacia a las 8 de la mañana. Cerrábamos a las 12.30. Almorzábamos en
lo de mi suegro. De ahí nos íbamos a casa: yo lavaba ropa, cambiaba al bebé y hacía cosas de la
casa. Después nos internábamos en la farmacia hasta el cierre. Yo era su asistente, le hacía todos
los trámites, llevaba y traía pedidos. Creo que aún hoy soy considerada sospechosa y por eso
repito: estoy dispuesta a que me investiguen porque no tengo nada que esconder. Nunca intenté
fugarme, no tuve nada que ver con esto. Ahora quiero que eso lo diga el juez.
— El padre de Fabián está convencido de que al menos fuiste la instigadora.
— Creo que le han llenado la cabeza. Debe sentir la misma impotencia que
yo o más. Yo también odiaría la mundo, pero no se puede hacer. Cuando se sepa quién fue quiero que
me vengan a pedir disculpas por cómo me han embarrado. Yo no pude mover ninguna propiedad, como
dijo alguien, ni me interesó hacerlo, porque todo estaba a nombre de él. Nadie dice las cosas
buenas que hice con Fabián. Vivíamos trabajando día y noche. Además, nadie le puso un revólver para
que se casara.
— En el expediente consta una relación personal que entablaste con uno de los
comisarios encargados de investigar el primer ataque a Fabián. Esa situación se descubrió después
del crimen y motivó una fuerte reacción en el Juzgado. ¿Querés hablar de eso?
— Sí, claro. Por eso ese policía también fue considerado sospechoso y su
casa fue allanada. Se decía que salía con él mientras Fabián estaba internado. Es una excelente
persona, que en esa oportunidad se acercó a mi siguiendo la evolución de mi marido. Todos los días
iba a preguntar cómo estaba porque como investigador de Homicidios necesitaba tomarle declaración a
Fabián. Pero nada más. Era la única persona que tocaba timbre en casa para preguntarme si
necesitaba algo. De todos modos, tuvo la valentía de decirle al tribunal "yo con este caso no puedo
seguir, sáquenme del cargo porque estuve al lado de Clara".