El medio centenar de personas que el lunes pasado provocó destrozos y desmanes
en la sede de Newell’s participó de un "acuerdo previo" para proveerse de armas, conseguir
vehículos, cometer delitos y generar un estado de conmoción pública en las inmediaciones del club.
Esa es, textual, la secuencia delictiva que la jueza Alejandra Rodenas imputó a los 17 detenidos en
la causa. Si bien el reproche es preliminar, marca una posición judicial en medio de la polémica
entre dos versiones sobre cómo se inició el suceso: para la Justicia se trató de un acto programado
para ir a asustar.
De la extensa imputación que les leyeron a los acusados, a la que tuvo acceso
LaCapital, surge que el suceso fue planificado con un deliberado fin de intimidar a los socios.
Aunque puede modificarse con el paso de los días, el encuadre define una postura en medio de la
disputa discursiva que se desató el jueves entre la conducción del club y el abogado de los
prófugos Roberto Pimpi Camino y dos de sus hermanos, sindicados como líderes del desborde.
De la extensa imputación que les leyeron a los acusados, a la que tuvo acceso
LaCapital, surge que el suceso fue planificado con un deliberado fin de intimidar a los socios.
Aunque puede modificarse con el paso de los días, el encuadre define una postura en medio de la
disputa discursiva que se desató el jueves entre la conducción del club y el abogado de los
prófugos Roberto Pimpi Camino y dos de sus hermanos, sindicados como líderes del desborde.
Acción o reacción.Los dirigentes denunciaron el suceso como una demostración de
poder del barrabrava tras haber perdido terreno con la derrota del ex presidente Eduardo López en
las últimas elecciones. El abogado Carlos Varela, por su parte, asegura que todo fue una reacción
no planeada ante una agresión de nuevos líderes rojinegros, cuando los hinchas iban al club a
reempadronarse.
La acusación que redactó la jueza Rodenas es idéntica para los 17 acusados y
ocupa varios centímetros de texto. Es que detalla, tramo a tramo, los pasos que dio el tumulto en
su convulsionado recorrido por la sede del parque Independencia. Les reprocharon a todos la
secuencia completa de delitos. Con el tiempo se verá qué parte le toca afrontar a cada uno.
Desde la primera línea, el texto de las indagatorias de la causa 250/09 les
adjudica a los detenidos un acto programado, que consistió en "haber concurrido en previo acuerdo
entre todos ellos y disponiendo de medios tecnológicos y económicos, cuya procuración previeron
también conjuntamente".
A continuación les atribuye haberse munido de "provisiones, vehículos y otros
elementos con el objeto de cometer delitos indeterminados, todo ello además con el fin de generar
un estado de conmoción pública e indefensión de personas que ocasionalmente se encontraban ahí,
para lo cual prestaron previa conformidad en fechas, horarios y lugares aún no establecidos".
El reproche judicial desmenuza luego en siete puntos, como escenas en cámara
lenta, cada uno de los momentos de la arremetida. Son estos:
1 Unas 60 a 70 personas llegaron al club a las 15.40 del 26 de enero y abordaron a
una empleada policial que controlaba el reempadronamiento de socios. La suboficial reconoció entre
ellos a "Roberto Caminos y a Tato y Juan, hermanos del primero". Según la acusación, Juan le gritó
"Milica de mierda correte", en el momento en que otra persona le sustraía el arma. La uniformada
pidió refuerzos, se arrojó sobre el agresor y logró recuperar el arma sin el cargador, que apareció
en el piso.
2 Mientras eso ocurría, el resto del grupo se lanzaba al interior de la
administración donde rompieron muebles y mamparas e intimidaron a los empleados que no alcanzaron a
esconderse.
3 Luego de violentar la persiana de la puerta 1 del club y efectuar disparos,
escaparon hacia calle Pellegrini al advertir la llegada de la policía. En la avenida fueron
detenidos diez de los acusados. Uno es un menor a quien le secuestraron una pistola 9 milímetros
"con cachas negras y el martillo montado". Otro muchacho "arrojó un trozo de metal de 60
centímetros de largo" arrancado de un molinete del estadio.
4 Mientras tanto, un grupo de 30 a 40 sujetos que copaba la zona del camping
resistía su arresto "mediante disparos de armas de fuego que portaban sin autorización". Hubo tiros
al aire de la policía y fueron detenidos otros nueve acusados. De los 19 arrestados, dos son
menores que están en libertad.
5 Este punto de la acusación refiere que, antes del ingreso del tumulto al club,
se produjo un incidente que sugeriría el carácter planificado del hecho: apenas la banda descendió
de los colectivos, uno de sus integrantes le apoyó una pistola a un socio, pero otro lo hizo
desistir al grito de "Dejá a ese gil, vamos a matar a todos de la pileta".
6 En medio del descontrol otro efectivo policial que hacía adicionales fue
desarmado por los agresores. La indagatoria refiere que se le abalanzaron varias personas, le
sustrajeron el arma y el efectivo la recuperó, tras "trabarse en lucha", sin el cargador. También
le sacaron una bolsa de papel madera con un cuaderno y efectos personales que apreció en uno de los
dos colectivos Mercedes Benz de color celeste secuestrados, en los que también se hallaron palos de
hacha y cuchillos.
7 El último acto que les endilgaron fue haber abordado en el camping a "dos
personas de sexo masculino, uno menor de edad, amenazándolas e intimidándolas mediante la
exhibición de arma de fuego".
Aunque el texto no lo especifica, la jueza Rodenas anticipó que todo la acción
delictiva encuadra en la figura de intimidación pública agravada. Pero lo decisivo es que del
relato judicial de los hechos se desprende la existencia de un propósito preordenado de delinquir.
La versión del ataque programado que objetan los hermanos Camino es la que, en esta instancia
preliminar, aparece apuntalada por la pesquisa.