Valentín Reales sigue sin aparecer. Su familia lo busca desde hace dos meses y medio. Y pide que la búsqueda del pibe de 15 años que reside en Cabín 9 no sea abandonada. "Nosotros queremos que lo encuentren. Pasamos por situaciones muy feas. Nos dijeron que lo habían ahorcado; que lo habían violado; que su cuerpo se lo comieron los chanchos. Cosas feas, muy feas. Nosotros confiamos en el fiscal y en los investigadores, pero necesitamos que lo encuentren. Y si alguien le hizo algo, que lo pague".
María es la mamá de Valentín, uno de sus siete hijos. Habla sobre él y por momentos no puede evitar sollozar. En principio la familia pensó que la desaparición del adolescente tenía que ver con su pasado en la gavilla conocida como "Los Cuatreros". Pero a esta altura ya duda de todo y de todos.
Flanqueada por su hija Antonella, Mary relata una historia que ya fue escuchada con otros nombres: la de un pibe cercado por su adicción al pegamento que quedó rebotando en el sistema penal juvenil que no lo supo controlar. La historia de una familia pobre, de una madre soltera con siete hijos que buscó ayuda en un Estado que evitó el convite y le esquivó la mano.
Mary vive con sus hijos en Cabín 9, un barrio de Pérez tan alejado del casco urbano de esa ciudad que apenas una calle lo separa de Rosario. La postergación de esta populosa barriada es tal que se ve en sus calles repletas de necesidades en las que hasta para conseguir agua potable hay que salir a caminar.
Un barrio plagado de niños y adolescentes que en los últimos años suele aparecer en los medios a raíz de las peleas de pandillas armadas que pugnan por el control del territorio. Fundamentalmente "Los Cuatreros" y "Los Stinfer", dos modelos que sirvieron de espejo para pibes vulnerables a los que educación no les llegó; o no la pudieron aprovechar. Chicos que buscan un sentido de pertenencia y sólo parecen poder encontrarlo en torno a esas bandas.
Cabín 9 es un barrio pobre donde puede verse que ningún pibe nace choro o adicto, pero que puede llegar a cualquiera de esos puertos cuando el Estado les da la espalda.
Difícil
"Nosotros sabemos cómo era Valentín. Era un pibe difícil. Estuvo con Los Cuatreros, pero después se alejó de ellos. Anduvo solo e hizo sus macanas. Y después se acercó a la banda de Los Stinfer. El fue creando su propio camino. Pero se torció, se torció y se torció. Hicimos todo lo que pudimos", inicia su relato Mary, como conocen en el barrio a la madre del adolescente.
"Es adicto desde los 13 años. Pedimos que lo internaran, pero nadie nos dio una mano. Fuimos a los juzgados de Menores y nadie nos escuchó. Nadie nos tendió una mano para sacarlo de la adicción. Nos decían «bueno, si él quiere internarse... Y era obvio que Valentín no quería eso, porque la droga se lo estaba comiendo".
Antonella, una hermana de Valentín de 21 años, se incorpora al relato mientras ceba mates sobre una mesa en la que se despliegan fotos de Valentín y recortes periodísticos sobre su búsqueda. "Ya en el último tiempo estaba perdido por jalar pegamento. Porque drogarse con pegamento es lo más barato. Para que no saliera a comprar le escondíamos las zapatillas o lo dejábamos en calzoncillos. Pero se iba igual. Una vez saltó el tapial con una bota de yeso en la pierna".
"Ya vuelvo"
Poco después de las 20 del pasado martes 15 de noviembre Valentín Ezequiel Reales, de 15 años, salió de una casa de Cabín 9 para hacer un mandado. Se despidió de los suyos con un "ya vuelvo". Pero desde ese momento nadie de su entorno lo volvió a ver.
Como Valentín era un pibe que solía dormir en distintos sitios, recién el 28 de noviembre su madre dejó asentada la denuncia por averiguación de paradero en la subcomisaría 18ª del barrio. Luego ratificó el trámite en la Fiscalía Regional.
Ante los rumores de que el cuerpo del pibe podía estar enterrado en un campo de Pérez, conocido popularmente como "el campo de Braulio", el fiscal de Homicidios Florentino Malaponte ordenó una serie de rastrillajes a finales de noviembre. En ese predio se hallaron una zapatilla y una media que la familia Reales reconoció como parte de la vestimenta de Valentín. Además retiraron restos de material cadavérico para ser analizado y determinar si correspondían a restos humanos o de algún animal. Hace dos semanas el fiscal Guillermo Apanowicz, a cargo de la pesquisa, ordenó nuevos rastrillajes en otros campos de la zona.
De la investigación también intervinieron los fiscales Leandro Trangoni, a cargo de la oficina que rastrea el paradero de personas, y Malaponte, cuya participación fue meramente circunstancial ya que actuó ante la posibilidad de la aparición de un cuerpo.
"Nosotros estamos conformes con la actuación del fiscal Apanowicz, que nos recibió siempre que lo consultamos. También nos reunimos con Malaponte y Trangoni, que nos atendieron. Y ahora estamos esperando que termine la feria para que nos informen novedades", cuenta Mary entre la paciencia y la resignación.
Fuentes judiciales consultadas sobre el caso fueron cautas pero destacaron que "el expedientes es abultado, pero muy pocos de los testimonios sirven para investigar".
Malos datos
La propia Mary da cuenta de lo voluminoso del expediente. "Eso lo vi cuando fui a hablar con el fiscal. Nosotros lo sufrimos en carne propia. Los primeros días te llegaban datos a cada momento. Todos te contaban algo, muchas veces cosas feas. Después de los rastrillajes y las marchas los datos fueron disminuyendo y ya casi nadie nos brinda información. Con el tiempo nos dimos cuenta de que también hubo algunos que malintencionadamente nos dieron datos falsos para ensuciar a otra gente. Valentín tenía problemas con Los Cuatreros, pero también con otras personas a las que sabemos que les robó. Lo que nosotros queremos es que lo encuentren y que si alguien le hizo algo, que lo pague", resume Mary.
Como si fuera poco la incertidumbre sobre el destino de Valen, su familia ya no se siente contenida por el barrio que en principio mostró su apoyo. "A las primeras marchas venían muchos amigos. Eramos como cinco mil. En la última marcha, hace diez días, sólo marchamos nosotros, su familia", describe Antonella, mientras su madre agrega: "Ya decidimos que nos vamos a ir del barrio porque mucha gente se sintió tocada por las denuncias y siempre habrá represalias".