Romina Soledad Recasens tenía 22 años y padecía del síndrome de Down. Encontró
la muerte ayer a la madrugada de manera absurda. La policía estableció que quedó atrapada en medio
de un tiroteo entre dos pandillas en una esquina de la Siberia. Un balazo le atravesó el pecho y le
perforó el estómago. La policía detuvo a cuatro muchachos sospechados de haber participado del
suceso.
Romina vivía con su madre y sus hermanos en una humilde
pensión en Ituzaingó 222 bis, un racimo de precarios departamentos con techos de cinc. Hacía siete
años que había llegado al barrio. El retraso mental que sufría le había provocado dificultades en
el aprendizaje. Según contaron algunas vecinas, era habitual verla en el club Unión y Fuerza, a una
cuadra de su casa, donde jugaba con los chicos y trataba de incorporar conceptos de nivelación
escolar que le dictaba una docente.
Fatal regreso. Cerca de la 1.45 de ayer, Romina regresaba a su casa con su madre,
Alicia Ruiz Díaz. Habían estado en la vivienda de la pareja de Ruiz Díaz. Caminaban por Beruti y al
llegar a Ituzaingó, a unos 30 metros de su casa, quedaron expuestas al tiroteo.
Un balazo alcanzó a Romina, que se desplomó malherida sobre
el pavimento. Desesperada, la mujer llevó a su hija al hospital Provincial. Allí, los médicos la
operaron, pero su vida se apagó a las 5.30. Un rato después, Ruiz Díaz acudió a la comisaría 4ª y
señaló que el tiroteo había sido protagonizado por dos muchachos. A uno lo identificó por el
apellido: D’Agostino y al otro por el apodo: Pepino.
Los dos jóvenes apuntados son vecinos de los Ruiz Díaz. Uno
vive enfrente y el otro a una cuadra. Efectivos de la comisaría 4ª y de la Inspección de la Zona 3ª
lo detuvieron. A Leandro Ariel D’Agostino, de 24 años, lo ubicaron en una casa de Pasco al
200 bis. Allí secuestraron dos cápsulas calibre 32. Y a Guillermo Andrés Villalba, Pepino, de 19
años, en un departamento de Cochabamba al 100 bis.
También fueron apresados un hermano de D’Agostino, de
17 años, y Rodrigo Leonel Fernández. "A estas personas los detuvimos por el clamor popular. La
gente gritaba frente a la casa de D’Agostino que entregaran al asesino", señaló el comisario
Jorge Wollschelejel, a cargo de la Inspección de Zona Nº 3. Hasta anoche, la policía no había
determinado si estaban involucrados en el suceso.
Pasiones que matan. El muchacho contó que los separa de los D’Agostino una
vieja rivalidad que se inició en la infancia. Los contendientes dirimieron sus diferencias en
peleas callejeras: las grescas incluyeron trompadas y tiros por pasiones futbolísticas y
amoríos.
Pepino Villalba dijo que estaba con un amigo, Leonel
Gerardo C., de 19 años, en Ituzaingó y Beruti, apoyados sobre el Peugeot 206 de Leonel C., cuando
se desató la balacera. "Villalba declaró que Leandro D’Agostino se acercó y le disparó unos
balazos". indicó el comisario Wollschlejel. Uno de los proyectiles atravesó la puerta izquierda del
Peugeot 206, de color gris.
Esta versión no parece creíble a la policía, que presume
que Villalba también abrió fuego. Leonel C. declaró en la comisaría 4ª que el Peugeot fue baleado
cerca de las 21 del sábado, unas cuatro horas antes de que Romina fuera alcanzada por el disparo
mortal. "Hay dos posibilidades. Se fue (por Leonel C.) después de que le balearon el auto y volvió,
o se quedó allí", comentó otra fuente policial
Al parecer, los D’Agostino y Fernández integraban una banda
enfrentada con Villalba. Los hermanos D’Agostino, según variadas fuentes policiales, son
viejos conocidos en la comisaría 4ª. Estuvieron en los calabozos de esa seccional de La Paz al 400
acusados de robos a mano armada.