“Me agarraron dormido”. Esas fueron de las últimas palabras que Alfredo Ciro
Nasurdi, jubilado de 78 años, dijo a las personas que lo asistieron el viernes por la noche en la
puerta de su casa en Moreno al 2100. Nasurdi apareció tirado en el acceso a su vivienda de dos
plantas y fue asistido por un repartidor de pizzas que pasó por el lugar en moto cerca de las 22.
Había recibido entre diez y doce puntazos con arma blanca en el cuello y
la parte superior del tórax. Las huellas de sangre que había en la escena del crimen hacían suponer
que fue atacado en una sala contigua al ingreso a la casa y que luego se arrastró hacia la vereda
para pedir ayuda.
Si bien los investigadores admitieron que la primera hipótesis fue la de
un intento de robo seguido de homicidio, no se animaron a descartar otras posibilidades. Ninguna de
las cerraduras de la vivienda estaba forzada. Sólo estaba abierta la ventana de un lavadero, pero
los pesquisas indicaron que la puerta de ese lugar estaba cerrada con llave. Nasurdi vivía junto a
su esposa de 62 años, quien al momento del ataque no estaba en la casa.
A la víctima no le faltó dinero y quien lo atacó no le sustrajo
billetera ni celular. El único ambiente donde había desorden en la vivienda de dos plantas era la
pequeña sala de estar, contigua al living. En ese sitio, entre las manchas de sangre en el piso, se
hallaron 25 pesos, apretujados en forma de bollo. No se secuestró el arma blanca con la que el
jubilado fue agredido. Murió en el lugar.

































