Una familia afincada en el centro de la ciudad vivió una odisea la madrugada de
ayer cuando dos jóvenes armados irrumpieron en la casa, los sacaron de la cama y les robaron 10 mil
pesos en efectivo y algunas alhajas sin lastimar a ninguna de las víctimas.
El atraco ocurrió en una casa de dos plantas situada en Moreno al 500, a pocos
metros de la ex Jefatura de la Unidad Regional II de policía y actual sede del gobierno provincial.
Pasada la medianoche del lunes, Rita C., una profesional de 49 años, dormía con su esposo en una de
las habitaciones de la vivienda mientras tres de los cinco hijos de la pareja descansaban en otras
piezas y otro de los chicos había salido a "pasear el perro" hasta una plaza cercana.
Cuando faltaban quince minutos para la 1 del martes, el quinto hijo de la pareja
llegó a la propiedad a bordo del auto de la familia. Entró el vehículo en el garaje y cuando se
disponía a cerrar el portón aparecieron "dos jóvenes de unos 25 años que lo sorprendieron, le
pusieron un arma en la cabeza y lo obligaron a entrar a la casa", recordó Rita C. Al parecer,
dijeron voceros policiales, los ladrones ya hacía un rato que esperaban el momento oportuno para
actuar.
Entonces, los maleantes y el muchacho atravesaron el garaje y se dirigieron a la
habitación donde dormía el matrimonio. Ya para entonces, la dueña de casa se había despertado por
el sonido del motor del auto en el cual llegó uno de sus hijos.
Sorprendida. Adormilados, Rita C. y su esposo se inquietaron cuando
distinguieron la escena. "Apenas me incorporé en la cama me sorprendí porque ví que uno de los
muchachos lo apuntaba con un revólver a mi hijo", comentó la mujer. En medio del silencio de la
noche los malhechores empezaron a exigir dinero, y lo hicieron "exhibiendo una tranquilidad poco
habitual".
Mientras trascurría el atraco, el hijo de Rita que había sacado a pasear el
perro volvió a la vivienda y, en escasos minutos, corrió la misma suerte que el resto de sus
familiares. Terminó en el dormitorio matrimonial y apuntado por los caños de las armas de los dos
ladrones.
Ante semejante situación y para calmar la ansiedad de los visitantes nocturnos,
el dueño de casa recogió un sobre con unos 10 mil pesos que tenía en un mueble y se los entregó a
los maleantes. "Lo que más lamento es que ese dinero no era de mi marido. Pertenecía a la empresa
para la que trabaja", comentó la mujer.
El efectivo no fue lo único que se llevaron los asaltantes. También se alzaron
con unas cadenas de oro de la mujer que estaban guardadas en un cajón, chequeras y los teléfonos
celulares de los integrantes de la familia. Al parecer, ese botín conformó a los asaltantes que no
continuaron recorriendo la casa en busca de elementos de mayor valor.
Cuando ya habían transcurrido unos quince minutos, los intrusos se marcharon.
Entonces Rita C., su esposo y sus hijos respiraron aliviados y rescataron el lado positivo del
episodio: que los ladrones no los hayan lastimado. "Estaban tranquilos y en ningún momento se
mostraron nerviosos", recordó la mujer.
Después, la familia se contactó con el 911 para denunciar el atraco y una
patrulla del Comando Radioeléctrico acudió a la vivienda cuando ya los ladrones se habían
esfumado.
Ayer a la mañana, la dueña de casa se dirigió a la comisaría 3ª donde realizó
una ampliación de la denuncia. Y a la tarde, en el diálogo con LaCapital, se expresó tranquila,
aunque resignada al quebranto económico que le ocasionó el atraco.