Una foto de Tomás Felipe “Trinche” Carlovich sonriendo arriba de su bicicleta se exhibió días atrás en una pantalla de la sala donde se juzga su muerte. “Era de un color naranja fuerte, chillona, con unos rasgos negros en degradé. Hermosa la bicicleta. Y le quedaba bárbara. Era un avión para él”, contó contemplando esa imagen Bruno Carlovich, uno de los cuatro hijos del ídolo de Central Córdoba que murió hace tres años al sufrir un golpe en la cabeza durante el robo de esa bicicleta que había estrenado tres meses antes. En el juicio por el trágico asalto, dos de sus cuatro hijos lo recordaron como un hombre enérgico, que “se desparramaba” para acompañar a sus nietos y que andaba pedaleando “para todos lados”.
Los juicios son una instancia para aclarar delitos, pero también contienen una dimensión expresiva. En esa clave se enmarcan las declaraciones de dos hijos del Trinche que fueron citados días atrás por la fiscalía y la querella para contar quién era su padre en el marco del debate oral y público. “Una persona buena. Lo conoce todo Rosario. Vos agarrás a cualquier vecino y te va a decir quién era el Trinche Carlovich. Andaba por todos lados y siempre bien, lúcido. Una persona honesta, sin problemas con nadie”, lo evocaron mientras un monitor transmitía algunas de sus últimos fotos.
El histórico futbolista de Central Córdoba tenía 74 años cuando fue asaltado la tarde del 6 de mayo de 2020. A las 17.30 iba por calle Eva Perón en una bicicleta rodado 25. Al pasar la vía a la altura de Paraná otro ciclista se le puso a la par, lo empujó, se llevó la bici del Trinche _que nunca apareció_ y dejó la suya abandonada en el lugar. Carlovich golpeó la cabeza con tanta fuerza al caer contra el pavimento que sufrió un edema cerebral y murió en el Heca dos días después, la mañana del viernes 8.
“Lo único que sabía en ese momento es que le habían querido robar y que estaba lastimado. Yo fui al hospital a esperar que mi papá saliera caminando por la puerta y no pudo ser”, dijo en el juicio María Laura, la hija mayor de Carlovich, que tuvo dos parejas a la vez y cuatro hijos intercalados. María Laura y Nicolás, criados en barrio Belgrano, son hijos de Lidia. Los otros dos, Bruno y Cintia, crecieron en el barrio 7 de Septiembre y eran hijos de Nancy, que falleció en 2014. Los cuatro se conocieron el día que atacaron a su padre, en la guardia del hospital.
Desde ese momento los hermanos quedaron conectados y afrontaron juntos el paso a paso de la investigación penal hasta llegar al juicio oral que empezó el pasado 10 de mayo. Con la representación de los abogados Rafael Tamous, Jorge Ressegue y Agustín Carbone son querellantes en el juicio que comenzó el 10 de mayo ante los jueces Gonzalo Fernández Bussy, Pablo Pinto y Lorena Aronne. El acusado es Juan Ariel “Bocachita” Maidana, de 35 años, a quien le atribuyen el delito de homicidio en ocasión de robo y una serie de asaltos en la zona de Felipe Moré y Santa Fe. Él niega ser el autor del ataque al Trinche y el defensor público Gonzalo Armas cuestiona con énfasis la forma en que lo detuvieron y se obtuvieron algunas pruebas.
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El "Trinche" y la bicicleta que le habían robado tres meses antes del ataque que derivó en su muerte.
En el mismo juicio está acusado Gabriel Omar Donaire, detenido por el crimen de Fernando Dipre, un hombre de 50 años baleado en el frustrado robo de su auto en marzo de 2021 en la misma zona donde atacaron al Trinche, y por cometer junto a Maidana otro violento robo de una bicicleta un mes y medio antes de la muerte del futbolista. Los fiscales Georgina Pairola y Alejandro Ferlazzo pidieron para Bocachita una pena de 37 años de prisión. El otro imputado afronta un pedido de prisión perpetua.
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“Algunas cosas no recordamos. De a poco, con el dolor, se van guardando un montón de imágenes”, dijo en la sala de audiencias Bruno Carlovich, de 46 años. El segundo en nacer de los cuatro hermanos fue el primero en declarar en el juicio. Trabaja como no docente en la facultad de Odontología y tiene una panadería en el barrio 7 de Septiembre, donde vive con su hija de 18 años. Con esfuerzo, comenzó a adentrarse en los recuerdos de aquel 6 de mayo en el que dormía la siesta y la madre de su hija lo despertó para anunciarle que a su padre le habían robado la bicicleta.
“Estábamos en pandemia. De ahí nos fuimos para el Heca donde estaba mi hermana, había un montón de periodistas, gente amiga. El diagnóstico no era favorable. El médico me dijo que tenía un golpe grandísimo en la cabeza, que estaba inconsciente y que tenía un traumatismo terrible. Que estaba muy mal y no se iba a recuperar”, contó. Fueron dos días en los que el Trinche estuvo en estado crítico hasta que murió el viernes 8 alrededor de las 10.
“Cuando mi papá falleció toda la familia estuvo entera. Con un dolor terrible pero entera. A mi me cae la ficha después, al mes o mes y medio. Yo lo veía todos los días y de repente te das cuenta de que ya no lo tenés más”, expresó Bruno, que tras la muerte de su padre entró en un pozo depresivo. “El repartía pan conmigo. A las 8 de la mañana me esperaba todos los días en la casa de un chino del barrio, en Tarragona y Martínez de Estrada, que le guardaba la bicicleta. Salía conmigo en la chata y me acompañaba a repartir. Yo le decía que era mi custodio”.
Con el reparto de las mañanas comenzaban las jornadas siempre itinerantes del Trinche, que se las arreglaba para ir a buscar a alguno de sus nietos a la escuela, llevar a otros a entrenar, visitar a Lidia en su trabajo en el Hospital Centenario y encontrarse con amigos: “Se iba a comer casi todos los mediodías a lo del Cuchi, un amigo que es casualmente el que le regaló la última bicicleta. Mi papá siempre anduvo en bicicleta, el auto lo sacaba para llevar a los nietos. Tenía una bicicleta color rosa que le robaron de la puerta de Pico Fino, un bar del Cuchi muy conocido en Rosario”.
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Ese robo había ocurrido unos tres meses antes del ataque. Bruno contó que en las cámaras del local vieron cómo dos muchachos se la llevaban de la puerta. Entonces el amigo de su padre le regaló la bicicleta nueva. “En esa estaba montado cuando lo mataron”, dijo mientras se exhibían fotos que él mismo aportó a la causa: el Trinche sonriendo en la bici o desayunando facturas con amigos en un taller mecánico de Tarragona y Ayala Gauna. A una cuadra de la panadería, en el barrio donde vivió hasta que murió la madre de Bruno en 2014 y se mudó a barrio Belgrano.
“La última vez que lo vi fue la noche anterior. Lo había ido a visitar a su casa en mi motito. Iba todas las noches. El era un hombre de la casa, común. A veces estaba con amigos, a veces solo. Tenía el hogar prendido. A los 74 años era una persona sana, un deportista de toda la vida. Estaba de primera”, recordó a su padre, que vivía de una jubilación, una asignación municipal como deportista distinguido de Rosario y una ayuda social, sin más bienes al morir que su casa materna.
“Él ha quedado en el corazón de todos los rosarinos pero económicamente no le quedó nada _apuntó_. Mi papá era único. Una persona muy pero muy humilde. Siempre nos preguntamos con mis hermanos cómo hacía para estar siempre del lado nuestro y de sus nietos. Se desparramaba por todos lados. Y siempre bien, lúcido”.
El día que atacaron a Carlovich su hija María Laura, de 49 años, esquivó la guardia de periodistas cuando llegó al Heca y se sentó a esperar un parte médico. Su cuñada le había avisado que en la radio decían que le habían robado al Trinche y estaba internado. Cuando salió un médico y convocó a “familiares de Carlovich” fue el momento en que ella, Bruno, Nicolás y Cintia se reunieron por primera vez para escuchar que su padre había tenido un fuerte traumatismo de cráneo y su estado era grave.
“Yo fui inocentemente a esperar que mi papá saliera caminando por la puerta y que me cuente una anécdota más, otra vivencia de él. Y no pudo ser así porque enseguida lo pasaron a terapia. Nunca estuvo consciente. Pudimos entrar a verlo: estaba monitoreado, con todos los controles”, recordó la mujer con voz quebrada. “El era un padre súper presente. Siempre los mejores consejos, las mejores enseñanzas de vida. Con Bruno nos reímos porque estaba con todos nosotros, siempre”.
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Como su madre, María Laura es enfermera en el Hospital Centenario. “Muchas veces al teléfono no lo atiendo por mi trabajo. Entonces mi papá se iba hasta el hospital para asegurarse de que estuviera bien. El siempre preocupándose, dándose una vueltita, dedicándote tiempo. Mi mamá todavía estaba en actividad y se acercaba todos los días a saludarla”, dijo la mujer, que transitó el duelo con “mucha bronca”. “La bronca que tengo es porque le quitaron la vida y eso era evitable. Es muy diferente cuando una persona fallece por una enfermedad y te vas preparando. Lo de mi papá fue obviamente un dolor que no le deseo a nadie, porque fue un duelo con bronca”.
En las dos semanas de debate declararon las víctimas de otros tres asaltos cometidos con crueldad entre octubre de 2015 y marzo de 2020, los dos últimos en la zona de Santa Fe y las vías. También el personal de fuerzas de seguridad que intervino en esos hechos y testigos del robo a Carlovich. Se discutió además una pericia antropométrica realizada en Córdoba sobre la relación entre los rasgos de Maidana y los del ladrón _de bermudas, gorrita y barbijo_ captado un instante por una cámara municipal. El juicio ingresa ahora en la recta final y se prevé que esta semana comiencen los alegatos de cierre.