Los vecinos hablan de que por día puede haber hasta media docena de balaceras y que “los guachos” ya no tienen códigos. “Pasan, tiran y si te pegan, te pegan”, sintetizó una vecina con sonrisa nerviosa contando las consecuencias letales que acarrea la pelea entre bandas por el territorio para vender drogas. En ese marco la buena fortuna quiso que la noche del miércoles Julieta, una nena de 10 años que jugaba en la vereda de Avalos y Larrechea en el barrio El Churrasco del noroeste de la ciudad, sólo sufriera una quemadura por el roce de un proyectil 9 milímetros disparado por dos hombres desde una moto. La niña era prima de Maite Ponce, de 5 años y asesinada en el mismo lugar la noche del miércoles 4 de julio de 2018 mientras dormía en un sillón de la casa y uno de los proyectiles con los que balearon la vivienda perforó la puerta de chapón y la impactó en el pómulo izquierdo.
Un violento conflicto en tono de guerra sigue asolando buena parte de los barrios El Churrasco, Parque Casas y La Cerámica, en la zona noroeste de la ciudad. Allí no hay secretos: el conflicto es por el control de las calles en el contexto de la narcocriminalidad. Y el disparador es la existencia de varias bocas de expendio de droga en un pequeño territorio. Si fueran verdulerías o almacenes, no habría problemas; pero como son kioscos de droga, hay una guerra.
Uno de los kioscos es el de Boedo y Ghiraldo, a esta altura uno de los cinco lugares más conocidos de la ciudad y que podría catalogarse como “histórico” luego de más de una década de menciones en las crónicas policiales. Tanto es así que por una investigación sobre ese lugar, en 2012 cayeron presos Olga Beatriz “La Tata” Medina y Delfín Zacarías, quien fue condenado en julio de 2018 a 16 años de prisión como organizador de tráfico de drogas y coautor de tráfico de productos para preparar estupefacientes luego de que le secuestraran 300 kilos de cocaína. La Tata, por su parte, fue condenada en junio del año pasado a cuatro años y seis meses de prisión.
Las posesiones de La Tata fueron el centro de una batalla que la enfrentó a la alianza entre Hernán Ramón “Lichy” Romero (condenado a 7 años y 4 meses de cárcel) y Emanuel “Ema Pimpi” Sandoval (asesinado el 25 de octubre de 2019 mientras cumplía prisión domiciliaria en una casona de La Florida).
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Este conflicto, hoy más vigente que nunca por el vacío de poder generado por detenciones y asesinatos, también contó con la participaciones del ex barra de Newell's Marcelo “Coto Medrano (asesinado a tiros el 10 de septiembre de 2020 en Granadero Baigorria) y los encarcelados Lucas Sandoval (hermano de Ema Pimpi), Matías Medrano (hermano de Coto), Tania Rostro y su esposo Daniel “Pato” Orellana, y Gustavo “Toro” Martinotti. Estos tres últimos recientemente condenados por la Justicia Federal a 8 y 9 años de prisión respectivamente por integrar una banda comandada por Ariel “Guille” Cantero junto a Leandro “Gordo” Vilches y Gisella “Gi” Boccuti. A esta selección de jugadores hay que sumarle “La banda de Iván” y “La banda del Churrasco”, que estaría conformada con mano de obra que hasta su muerte “trabajaba” a las órdenes de Coto Medrano.
Un lugar caliente
Desde hace una década Avalos y Larrechea se hizo un lugar entre los puntos rojos en el mapa de la violencia armada junto con los cruces de Boedo y Ghiraldo, Herrera y Pizurno, Larrechea y Ghiraldo, Washington y Miller, Freyre entre Pizurno y Cavia, y Castagnino y Cavia. En esos lugares, según vecinos, se ubican bocas de expendio de droga. De acuerdo a informes reservados de distintas áreas de la policía provincial, el cruce de Avalos y Larrechea está marcado en el mapa desde 2013, dicen algunos, y 2016, cuentan otros. Un punto rojo construido a partir de múltiples llamados a la central del 911 por hechos de amenazas con arma de fuego, personas que portan armas blancas, robos calificados, detonaciones de armas, herido por balazos y el homicidio de la pequeña Maite Ponce.
Tras el asesinato de la nena de 5 años hubo al menos otros cuatro homicidios en cinco meses. Según consta en otras investigaciones judiciales la madre de Maite tuvo en noviembre de 2019 un áspero cruce con Tania Rostro. “Te voy al lomo”, le advirtió Rostro. Un par de horas después de la advertencia, mientras la mujer hacia mandados con otra de sus hijas, un joven apodado “Berraco” le disparó desde una moto sin mediar palabras. Su buena fortuna hizo que no resultaran heridas.
La violencia en la zona parece no tener fin. La tarde del lunes 13 de enero de 2020, en un hecho de similares características al ocurrido la noche de este miércoles, un nene de 6 años resultó herido por las esquirlas de un balazo calibre 9 milímetros disparado por dos hombres desde una moto. Una bala impactó en el marco de la puerta y las esquirlas hirieron al niño en el rostro y tobillo izquierdo.
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El pasado 4 de octubre, en tanto, tres personas que circulaban en un Volkswagen Gol contaron que al pasar por Avalos al 1800 y mientras escuchaban música, fueron emboscados por un grupo de soldaditos que dispararon contra el vehículo hiriendo a uno de ellos. El viernes pasado, además, cerca de las 18 y a 500 metros de la casa donde mataron a Maite e hirieron a Julieta, un pibe de 20 años identificado como Alejandro Nahuel Maradona fue asesinado a tiros mientras iba en una moto y le dispararon desde otro rodado.
Con ese telón de fondo se llegó a las 19.20 del miércoles. Mientras a diez kilómetros de El Churrasco cientos de rosarinos se aprestaban a exigir justicia por las víctimas de hechos violentos, dos motos (una Honda Twitter blanca y una Yamaha FZ gris) pasaron por el frente de la vivienda de Avalos al 1800 y dispararon sin piedad. Al escuchar los tiros Julieta se agachó casi en forma instintiva y uno de los proyectiles le perforó la remera y le rozó el abdomen provocándole una quemadura. En la escena del ataque quedaron cinco vainas servidas y un plomo calibre 9 milímetros.
En un radio de cinco cuadras de la escena de la balacera hay cinco cámaras de vigilancia pero dos no funcionan. La nena herida fue derivada en el Hospital de Niños Zona Norte y tras ser asistida por un grupo multidisciplinario recibió el alta. “Nosotros pelotudeamos mucho, pero cambiamos. Yo hago comida para llevar y tengo algunas cosas de bazar para vender”, relató la abuela de Maite mientras esperaba la recuperación de su otra nieta.
La mujer, que vive en la casa que fue atacada a balazos, habló también en El Tres. "Estaba haciendo comida para salir adelante, pero no con pelotudeces, porque yo ya pelotudié mucho. Ahora hace más de siete años que vengo laburando al pie del cañón y me gano todo con el sudor de mi frente", aseguró.
"No es que fui muy mala persona, me equivoqué 2 o 3 meses y después me di cuenta que fue una pelotudez. Ahora esto te da asco porque los guachos no tienen códigos, no valoran la vida de ellos ni la de una criatura", añadió la mujer.