Esteban Alvarado no era el dueño de las empresas bajo su predominio. Los fiscales que lo investigaron dicen que no figura como administrador de ninguna. Pero en toda la pesquisa surge que es quien impartía las órdenes de las operaciones de las empresas vinculadas y los tiempos en que éstas debían realizarse. Para los fiscales son fachadas, manejadas por Alvarado, a través de "hombres de paja", es decir, testaferros. De este modo Alvarado pudo "reducir costos operativos de gestión, contar con servicios de logística y traslado, contar con personal en relación de dependencia disponible, administrar los fondos generados por la organización criminal, eludiendo los controles de los diferentes organismos públicos instituidos a tales efectos".



























