Violencia narco

"Hacía dos días que estábamos ahí, queríamos vivir mejor y nos pasó esto"

Lo dijo Jonathan, el esposo de Alejandra Soledad García, quien fue baleada el miércoles, a pocas horas de mudarse a una casa de Virasoro y Felipe Moré.

Viernes 06 de Julio de 2018

Con la esperanza de tener un mejor bienestar, Alejandra Soledad García se había mudado el martes a la tarde con su marido y su pequeño hijo de 5 años a una humilde casa de Virasoro entre Felipe Moré y las vías del ferrocarril. Pero imprevistamente, de un día para el otro, esa ilusión se transformó en un infierno. El miércoles, después del mediodía, una lluvia de balas cayó sobre la vivienda y ahora la mujer agoniza con asistencia respiratoria mecánica en el Hospital de Emergencias tras haber recibido un proyectil que le afectó órganos vitales al ingresarle por el abdomen y salirle por la zona lumbar. La hipótesis más firme que por ahora tienen los pesquisas es que el ataque no era contra Alejandra y su familia sino para los moradores que hasta hace pocos días residían en la casa.

La balacera se inscribe en la agobiante situación que atraviesan cientos de familias acorraladas por los grupos que se disputan territorios para la comercialización de drogas y que ya no distinguen entre adversarios y vecinos inocentes que nada tiene que ver con la dinámica delictiva.

Como ocurrió algunas horas antes con el crimen de Maite Ponce, una nena de apenas 5 años que dormía en un sillón cuando fue alcanzada por un proyectil que se le incrustó en el cráneo tras perforar la puerta de su vivienda en medio de ásperas disputas narcos en el barrio El Churrasco, esta vez la extrema violencia se hizo visible en una zona humilde de barrio Triángulo.

También bajo similares circunstancias esta semana fue atacada la vivienda de una pareja de abuelos en República del Salvador al 3200, en el barrio Godoy. La noche del martes los abuelos, ajenos a cualquier conflicto, estaban cuidando a sus dos nietos cuando un infierno de balas los sorprendió durante los primeros minutos del martes. Los peritos de la Policía de Investigaciones (PDI) recogieron al menos 16 proyectiles calibre 45 milímetros que impactaron contra las rejas, las paredes y las aberturas de la propiedad.

Ataque a la ilusión

Alejandra tiene 34 años y su marido, Jonathan S., 28. Ambos se habían mudado el martes a la tarde con su pequeño hijo Neri y durmieron apenas una noche en su flamante hogar, una casa ubicada sobre Virasoro entre Felipe Moré y las vías del ferrocarril.

Como ocurre en cientos de casos y con una lógica informal, trocaron la casa "mano a mano" por la vivienda que ellos ocupaban en Pasaje 1709 al 7900 (27 de Febrero y Circunvalación), a metros de la nueva cárcel de mujeres, la Unidad Penitenciaria Nº 5.

Esa situación la vivieron como un progreso, ya que el nuevo espacio cuenta con dos habitaciones, un patio y un parrillero. Pero la zona les mostró enseguida la peor cara, la que nunca pensaron ver.

El miércoles, a las 14, la pareja salió a la vereda para ver el paso del tren. Entonces, desde un lugar indeterminado, comenzaron a escuchar una ráfaga de disparos. Uno de los proyectiles impactó de lleno en el abdomen de Alejandra. La mujer fue trasladada por una ambulancia del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) al Heca, donde anoche permanecía internada con pronóstico reservado.

En la guardia del hospital Jonathan estaba ayer acompañado por los siete hermanos de su mujer. En medio de elocuentes gestos de angustia y preocupación, el joven recordó el dramático momento. "Eran las dos, dos y media. Salimos para mirar el tren y escuchamos los tiros. Pla, pla, pla. Pero no vimos a nadie. Corrimos, hago dos o tres pasos y cuando miro para atrás veo a mi mujer que estaba tirada. Le dieron de frente porque el disparo le ingresó por la panza y le salió por la espalda. Hacía dos días que vivíamos ahí,queríamos estar mejor y mirá lo que nos pasó. Menos mal que el nene estaba en el jardín de infantes", pareció agradecer.

Sin conocerlos

Sobre su llegada al barrio el hombre explicó que ellos publicaron la casa en la que residían en barrio Godoy en su perfil de Faceboock con la intención de venderla. "Una chica se contactó con nosotros, nos contó de su casa en barrio Triángulo, vimos que tenía dos dormitorios, patio, un pequeño salón, nos gustó y ella aceptó cambiarla mano a mano. Nos convenía. Lo tomamos como un progreso porque la nuestra tenía un dormitorio y es más precaria", explicó Jonathan.

Y en relación a las antiguos ocupantes el joven dijo no conocerlos en profundidad, ya que su mujer se encargó del traspaso y él solo intercambio mensajes. "Sabemos lo que comentan los vecinos, pero nada más", relató con cierto resquemor. En todo momento el hombre se mostró ajeno a cualquier conflicto con terceros que pudiera generar ese demencial ataque. "Soy albañil y no tengo problemas con nadie", recalcó.

"Cambiamos la casa y pasó lo que nos pasó. Como todavía no hicimos los papeles, ahora con esto le dije a la chica que quiero mi casa, que quiero volver. Pero ella no quiere, me dijo que ya está y que si hay problemas va a poner abogados. Quiero volver, quiero mi casa", reiteró Jonathan casi como un ruego.

Junto a él, y como en un bloque a la espera de novedades sobre la salud de Alejandra, permanecían los hermanos de la víctima. "Somos cuatro varones y cuatro mujeres, gente de trabajo. Nacimos en Molino Blanco y ahora mirá lo que nos pasa", lamento uno de los hombres. A todos los embargaba la bronca y la preocupación.

Eran para otros

Luego de la balacera que dejó gravemente herida a Alejandra Soledad García en su casa de Virasoro y las vías del ferrocarril, una vecina dijo que los disparos estaban dirigidos hacia "un transa (vendedor de droga), eran para las otras personas", en referencia a quienes habitaron la vivienda "hasta hace unos dos días".

Según esa hipótesis, quien ejecutó el ataque contra la vivienda "no estaba informado que había gente nueva en el lugar o estaba drogado", vaticinó. Y especuló que el tirador "aprovechó que pasaba el tren, salió de un pasillo y disparó con una ametralladora para confundir el ruido. Hacía rato que no se escuchaban tiros. Admeás, en ese lugar siempre hay chicos jugando", rememoró.

En la escena del hecho y bajo coordinación de la fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Georgina Pairola, trabajó la Brigada Criminalística de la Policía de Investigaciones (PDI) que secuestró ocho vainas servidas cuyo calibre se desconoce y detectó un disparo en el ingreso a la casa.

Además, la fiscal solicitó el relevamiento de cámaras de seguridad que pueda haber en la zona y de testimonios de vecinos que puedan haber visto lo ocurrido.

Ante la situación de reciente radicación de la familia atacada, los investigadores comenzaron a tender líneas para saber sobre los antiguos moradores de la casa, ya que hasta el momento no existen elementos para pensar que la víctima haya sido el objetivo de la agresión sino, como dijo la vecina, "las balas eran para los otros".


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