Santa Fe.— Un error de sus captores permitió a Gimena C. salvarse de la
banda que la había secuestrado. Luego de golpearla, atarla y abusar de ella con la finalidad de
quebrar su voluntad y "ablandarla", sus secuestradores olvidaron ponerle la mordaza.
Fue un exceso de confianza que permitió ubicar el sitio de
cautiverio de esta mujer de 28 años y apresar a tres maleantes. De haberse salido con la suya,
éstos habrían concretado una modalidad delictiva de poca visibilidad y crueldad extrema: la trata
de personas con fines de explotación sexual.
Este es un fenómeno interprovincial generado por redes que,
mediante engaños o secuestros, obligan a mujeres a trabajar como prostitutas bajo condiciones de
esclavitud.
La odisea. Gimena fue confinada a una pieza separada de la casa principal, en
Ayacucho 2640, del barrio Transporte, zona norte de la capital provincial. Sus captores descontaron
que estaba aislada. Pero no la amordazaron y la joven profirió gritos que resultaron
escuchados.
El padre de Gimena alertó a la Unidad Regional I que la
joven, que había ido con un conocido en busca de una amiga para salir en la noche del viernes, no
había retornado a su hogar del barrio El Pozo.
La policía ubicó a la mujer con la que supuestamente Gimena
concurriría a la fiesta y así llegaron el domingo a la tarde a la dirección de Ayacucho 2640. En la
casa, de mal aspecto, había dos hombres. La policía estuvo a punto de concluir el allanamiento e
irse con las manos vacías. Pero un grito movió a los uniformados a acercarse a la pieza levantada
en un punto más internado del terreno.
"En medio del sucio lugar se encontraba la joven, atada,
con signos de haber sido castigada y recurrentemente violada. Su desesperación daba escalofríos",
dijo Rodolfo Campagnoli, jefe la Unidad Regional I.
La policía provincial encuadró el suceso como un caso de
trata de personas, un delito tipificado en Argentina en abril pasado, cuando se dicto una ley
destinada a combatir este ilícito considerado la segunda actividad ilegal más lucrativa en el
mundo. Los organismos internacionales estiman que el tráfico de personas y su sometimiento para
explotación laboral o sexual representa un negocio de 53 mil millones de dólares anuales.
Hecho no aislado. Uno de esas entidades, la Organización Internacional paras las
Migraciones (OIM), en su informe sobre la Argentina en 2007, describió a la provincia de Santa Fe
como uno de los tres principales distritos de captación de mujeres para explotación sexual.
Frente a este diagnóstico el gobierno provincial creó el
año pasado una Unidad de Apoyo contra la Trata de Personas, en el Departamento Judicial de la
policía santafesina.
Su titular, Oscar Mondino, dijo ayer a este diario que aún
no está interviniendo en el caso de la joven rescatada el sábado, quien está bajo el respaldo del
Centro de Asistencia a la Victima de la Defensoría del Pueblo.
La Unidad que preside Mondino espera conocer cuál será el
encuadre definitivo que el juez interviniente, Jorge Patrizzi, imponga a la causa. Hasta ayer el
expediente estaba caratulado como privación ilegítima de la libertad y violaciones reiteradas.
El mismo anzuelo. Especialistas del Area de Defensa de los Derechos de la Mujer de
la Defensoría del Pueblo dijeron que "si bien el juez valorará todos los elementos para determinar
el tipo del delito, a prima facie en el caso se habría dado uno de los artilugios muy utilizados
por los captores de mujeres: la seducción amorosa. Esta consiste en señuelos, generalmente hombres
jóvenes, atractivos y desenvueltos que se ganan la confianza o enamoran a las víctimas para luego
entregarlas a quienes serán sus reducidores. Estos, a su vez, buscarán someterla
definitivamente".
Ese esquema de seducción funcionó el viernes con la joven
santafesina, quien aceptó la invitación de ir en busca de la amiga subiendo a un auto que la
condujo a una trampa. Ese auto fue interceptado por una camioneta. De ella bajaron tres hombres que
haciéndose pasar por oficiales simularon un operativo policial de requisa del vehículo y terminaron
"demorando" a sus ocupantes.
La joven descubrió la verdad del hecho cuando llegó a la
vivienda de Ayacucho al 2600. Fue sometida a situaciones reiteradas de abuso sexual por varios
hombres en tanto las palizas se sucedieron a cada intento de la joven de poner una mínima
resistencia o pedir auxilio. El trance duró 48 horas.
Si el padre no hubiera sospechado ante la demora de su hija
de retornar al hogar, la suerte de la mujer habría sido distinta. El hombre denunció la
desaparición de su hija tras varios intentos de comunicarse con ella al celular y recibir en cada
caso la respuesta de una voz masculina pidiéndole que se quedara tranquilo que su hija estaba
bien.
Los tres detenidos. El descuido de los captores permitió que la víctima gritara y
alertara a los policías que la salvaron y detuvieron en el lugar a Miguel Andino, de 42 años, y
José Alberto Rodríguez, de 43. Se les secuestró un revolver calibre 32 largo, cargado. Luego en el
domicilio de Matheu 8090, fue detenido Marcial Rubén Vázquez, de 51 años.
Los dos primeros atendieron con disposición y tranquilidad a la policía y
permitieron que revisaran el inmueble sin oposición ninguna. Cuando la tarea estaba llegando a su
fin se escuchó el grito que vino desde la construcción que parecía de otro terreno y allí estaba
Gimena, atada a una cama, en shock tras haber vivido un calvario.