El repartidor que mató a dos jóvenes asaltantes frente a una granja de barrio
Bella Vista fue indagado ayer por el delito de homicidio en los tribunales. Germán G., de 33 años,
reiteró ante la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara lo que había dicho al entregarse a la
policía: que se defendió de un ataque y que uno de los asaltantes gatilló un arma de la cual no
salió disparo alguno.
Tras prestar un testimonio detallado de lo ocurrido, el
hombre permanecía anoche detenido. En tanto, la investigación judicial se orienta a determinar si
se trató de un doble homicidio o si el repartidor actuó en legítima defensa de su vida, un supuesto
en el que la ley justifica el crimen cuando existe proporcionalidad entre el ataque y la
reacción.
Reclamo. Los abogados de Germán G., Víctor y Malena Corvalán, solicitaron
ayer que al repartidor le otorguen la libertad por falta de mérito (ver aparte). "No puede ser que
la libertad de nuestro cliente dependa de que se realicen pericias cuando no hay ningún elemento
para presumir que se vaya a fugar y fue él mismo quien se puso a disposición de la Justicia. El
quiere colaborar con el tribunal y demostró que no tiene peligrosidad procesal. Queremos que
realicen todas las pruebas necesarias, pero con él en libertad", consideró Víctor Corvalán.
En defensa. Al ser indagado por el doble homicidio, Germán G. alegó que
"disparó en defensa de su vida". Todo ocurrió a las 9 del domingo cuando el repartidor esperaba a
bordo de su Renault Kangoo a que abriera una granja de Riobamba al 4300. Entonces, dijo, se le
acercaron dos jóvenes. Uno le abrió la puerta del vehículo, lo hizo bajar, forcejeó con él y le
pidió el dinero. En medio del forcejeo le pegaron un culatazo en la cabeza y le dispararon con un
arma que no funcionó, agregó. Entonces, explicó, tomó un arma que estaba sobre el asiento y le
disparó a los asaltantes.
Alberto Matías Ascensio, de 19 años, se desplomó sobre una
zanja con un tiro en la cabeza. Nicolás Morel, de 15, cayó sobre la vereda con un disparo en el
corazón. Cerca de sus manos la policía halló un revólver calibre 32 y el celular robado a Germán,
quien se fue a su casa y desde allí llamó a la policía.
Según la declaración del repartidor, él se bajó del auto,
los asaltantes le pegaron un culatazo y se dieron cuenta de que tenía un arma sobre el auto.
Entonces, según dijo, uno de ellos advirtió: "Cuidado que está armado. Tirale, tirale". Realizaron
el disparo que no salió y él manoteó el arma y tiró dos veces.
Armado por temor. El revólver calibre 38 largo usado por el repartidor está
registrado a nombre de su padre, dueño de una panadería. La llevaba bajo el asiento del conductor
para "defensa personal" luego de haber sufrido varios robos.
El testimonio no pudo ser cotejado con otros ante la ausencia de testigos.
Para los abogados, no obstante, comprobar si falló el arma de los ladrones "es de relativa
importancia porque la sola presencia del arma ya es intimidante y justifica que tire para salvar su
vida". De todos modos el tribunal aguarda el resultado de la autopsia y de las pericias balísticas
que podrían arrojar luz sobre el suceso.