El hombre que desde hace 20 años conduce la barra de Rosario Central hizo del sigilo una contraseña de su extenso liderazgo. Esa capacidad de envolverse en silencio tenía como fin, creen los investigadores, el armado de negocios millonarios cuyos pormenores parecen salir a la luz. El objetivo de la fiscalía que lleva el caso fue profundizar en esa línea, que asomó estos años pero ahora se verifica en múltiples bienes salidos de empresas de no más de tres años de existencia. Los ingresos que hicieron opulento a Andrés “Pillín” Bracamonte vienen del club de Arroyito. También sus socios.
El 8 de abril pasado en su casa de un country de Ibarlucea la policía encontró 2.500.000 pesos, 1.700 dólares y hasta una máquina de contar billetes. También se llevaron cinco teléfonos. Lo que había allí más informes patrimoniales derivó en los 16 allanamientos concretados ayer. Hubo requisas a domicilios de gente ligada al club Sergio Daniel Quiroga, el intendente del estadio, con quien Pillín comparte una sociedad comercial.
Otro fue el representante de futbolistas Juan Carlos Silvetti, a quien Horacio Usandizaga, cuando fue presidente, quiso echar. En julio de 2008, con la lengua suelta que lo hizo célebre, Usandizaga anunció los motivos por los que echaba a Chiquito Silvetti, quien representara a jugadores como Milton Caraglio y Hernán Galíndez. “Central le firmó a Silvetti la exclusividad, por la cual el 10% de todos los jugadores que se vendían eran para él. Si yo le firmo a un representante algo así, los socios me destrozan. Silvetti también se hizo firmar un convenio como el único autorizado para reclamar los derechos de formación y el 30% era para él. Lo repartía con la barra brava o con algún directivo”, le dijo a este diario.
En la pesquisa, la que tejió con Silvetti es solo un ejemplo de las relaciones comerciales de Pillín. A partir de esas conexiones el propio Bracamonte armó un esquema de negocios como representante de los jugadores de inferiores, en base a su peso específico en el club y a las dificultades de cualquier padre de un joven con aspiraciones de elegir a otro intermediario. “La barra apretaba a los chicos para ser representados por Silvetti. Los extorsionaban. Me lo comentó gente que trabajaba en las inferiores y hasta ex directivos”, sostuvo Usandizaga en aquella nota.
Para llegar a mover esos hilos Pillín debió afianzarse como jefe de la barra tras desbarrancar a Juan Carlos “Chapero” Bustos en 2002. En el camino quedó mencionado, no más que eso, en varios ataques a balazos. Fue implicado en hechos de sangre, intimidaciones y en presunta asociación ilícita. Sólo lo condenaron una vez, en 2008, por amenazar un año antes a Pablo Ismael G., un empleado del club para que le extendiera los recibos societarios de una mayoría de socios de una filial de Granadero Baigorria que demostraran que ellos tenía las cuotas al día, de modo de poder participar en una asamblea del club de ese año.
La autoridad que construyó se nutría de conexiones con las dos organizaciones criminales más fuertes de la ciudad. En mayo de 2013 estuvo en el velatorio de Claudio “Pájaro” Cantero, líder de Los Monos. En 2015 la Policía de Seguridad Aeroportuaria detectó que Pillín visitaba en la cárcel bonaerense de Urdampilleta a Esteban Alvarado y así se lo informó a la Justicia Federal de Rosario.
Desde que se erigió en jefe de la barra su expansión económica, según contaron directivos de diversas gestiones, se armó con un trueque: orden en las tribunas a cambio de beneficios. Primero en las instalaciones del club como la cantina, el estacionamiento del estadio, el cuidado de autos en cercanías de la cancha los días de partido y espectáculos, la seguridad en los recitales, la venta de banderas y merchandising de cada uno de los puestos en la zona del Gigante, entre 700 y mil entradas de local y el control de los micros en los viajes de visitante. Además de una retribución no escrita a la manera de un sueldo informal sin asiento en ningún lado.
Legalidad
Los investigadores económicos señalan que en una carrera económica que proviene del campo ilícito es importante lavar “el primer millón”. Es decir disimular el origen negro del dinero inicial con empresas lícitas para encubrir el punto de partida. Ayer se allanaron varias sociedades constituidas legalmente pero cuyo origen está en duda. Con Silvetti tiene una dedicada a barcos fluviales (Kabrassi SRL). Con Quiroga, intendente del estadio y dirigente del gremio Utedyc, otra con un objeto social tan amplio como venta de indumentaria deportiva y organización de espectáculos, armada en 2019 y muy cerca del Gigante de Arroyito (Ruffino SAS). Otra inscripta en 2017 con Fernando Reggiraciolo, persona sin perfil comercial, ocupada de mantenimiento de edificios y alquiler de baños químicos (Vanefra).
El fiscal Miguel Moreno enfoca en este macizo empresarial a partir de la investigación del homicidio por narcomenudeo del policía Andrés Ibarra (ver página 22). En las escuchas de ese legajo hay una referencia a Bracamonte aludido como “el de los bombos”.
A los 49 años, un hombre que según quienes investigaron a Los Monos compraba seguridad a los Cantero y mantuvo lazos con Alvarado tiene variadas empresas y un patrimonio millonario en vehículos a partir de arranque difuso. Firmas de actividad escasa y un armado muy reciente dan a los investigadores la idea de una fase constitutiva de lavado de activos. Los detalles del camino a esa prosperidad los expondrá el fiscal Moreno en la audiencia imputativa.