Ioris Belluni de Laurencena, la titular de la Asociación Cooperadora de la
seccional 2ª de San Justo asesinada de un golpe en la cabeza, pensaba donar al municipio local
parte de su campo para la realización de trabajos sociales. Una huerta orgánica y una casa para
albergar a personas mayores eran los proyectos que planeaba impulsar junto con la intendencia.
Incluso acudió a una escribanía para ponerse al tanto acerca del trámite de de donación.
Todo quedó en la nada la tarde del jueves 5 cuando se descubrió su crimen. La
mujer fue encontrada cerca de las 20.30, tirada en el piso de lo que sería el living de su casa.
Tenía una herida cortante en la cabeza, al parecer efectuado con algún objeto contundente que
podría ser un machete o un hacha. Esa herramienta no fue hallada en el lugar. Según los forenses
llevaba unas seis horas muerta.
Después del almuerzo. En la mesa del comedor, los investigadores hallaron
utensilios de cocina, y un recipiente con el último postre que Ioris había preparado: una compota
de peras. Eso hace suponer que la víctima habría sido atacada a poco de terminar el almuerzo. El
caso, a nueve días, permanece rodeado de un absoluto misterio. Los investigadores de la Unidad
Regional XVI de San Justo (230 km al norte de Rosario) no descartaron ninguna hipótesis, pero al
mismo tiempo reconocieron no contar con pistas sobre el o los autores del crimen. El único dato que
podría orientar la pesquisa es la presencia de un joven en la casa de Belluni el día del crimen,
interesado en comprarle un pavo (ver aparte).
Cién kilómetros. Ioris vivía sola en medio del campo, a 6 kilómetros al este de
la ciudad. No tenía hijos, ni otros familiares en la zona. El más cercano era un hermano que vive
en Esperanza. También era una persona muy activa. Además de mantener un criadero de pavos, estaba
vinculada al coro de una iglesia y, a pesar de sus años, seguía ejerciendo la presidencia de la
cooperadora policial. La causa judicial está a cargo del juez de Instrucción Nº 3, Julio Costa, que
está en la ciudad de Santa Fe, a unos cien al sur kilómetros de San Justo.
De su casa no se detectó que faltaran objetos de valor. Sólo se llevaron el
teléfono celular, que solía llevar colgado del cuello con una cadenita, y el monedero. Las joyas de
oro y plata que conservaba de toda la vida en estaban en su lugar. Lo mismo que un par de armas que
la mujer solía empuñar con envidiable destreza. En cuanto a dinero en efectivo, nadie sabía a
ciencia cierta en San Justo si Ioris guardaba alguna suma en su casa. Además de ser dueña de una
casa en el centro de esa ciudad, la mujer recibía una renta por arrendar unas 80 hectáreas de su
campo sembradas con soja.
De su casa no se detectó que faltaran objetos de valor. Sólo se llevaron el
teléfono celular, que solía llevar colgado del cuello con una cadenita, y el monedero. Las joyas de
oro y plata que conservaba de toda la vida en estaban en su lugar. Lo mismo que un par de armas que
la mujer solía empuñar con envidiable destreza. En cuanto a dinero en efectivo, nadie sabía a
ciencia cierta en San Justo si Ioris guardaba alguna suma en su casa. Además de ser dueña de una
casa en el centro de esa ciudad, la mujer recibía una renta por arrendar unas 80 hectáreas de su
campo sembradas con soja.
Armas tomar. La víctima era una persona de cuerpo encorvado y frágil por el paso
de los años, pero poseía un temperamento fuerte. "Era una mujer que sabía cuidarse sola. No la iban
a tomar desprevenida. Si alguien aparecía a las 7 de la tarde era capaz de recibirlo a tiros",
contó a este diario el intendente municipal Marcelo Mauro, quien mantuvo un contacto fluido con la
mujer debido al proyecto social que había encarado la Agencia para el Desarrollo de esa ciudad.
"Estábamos trabajando juntos. Ella quería dejar parte de sus bienes para trabajo
social. Concretamente había un proyecto para crear un centro para personas mayores y de un sector
de huertas comunitarias. Todo era parte de un proyecto de la Agencia para el Desarrollo de San
Justo e impulsado por la Municipalidad", remarcó Mauro.
Durante su gestión al frente de la Cooperadora policial, Belluni logró conseguir
fondos para la remodelación de la seccional 2ª y para reparar a nuevo un patrullero. "Era amiga de
(la ex jefa de policía) Leyla Perazzo y de Roberto Rosúa", contaron desde el semanario Puerta
Norte, que también se ocupó del caso.