Dos detenidos como miembros de la organización que dirigía el fundador de la banda de Los Monos con base en el barrio Vía Honda fueron condenados en juicios abreviados a 3 años de prisión efectiva. Uno de ellos es un remisero cuya función era trasladar al jefe de una célula desde Rosario a Villa Constitución con dinero de la recaudación ilegal, armas y drogas. El otro fue condenado por guardar en su casa, donde funciona una peluquería, armas y municiones de la organización. Los dos fueron considerados actores secundarios que cumplían roles acotados dentro de la asociación.
Las condenas fueron dictadas este martes por la tarde por el juez Fernando Sosa en dos audiencias sucesivas realizadas en el Centro de Justicia Penal. Las penas habían sido acordadas en procedimientos abreviados entre las defensas de los acusados y los fiscales Franco Carbone y Valeria Haurigot, quienes el año pasado desmantelaron una estructura dirigida por Ariel Máximo “Viejo” Cantero. El fundador de Los Monos fue ubicado entonces al frente de un amplio polirrubro criminal junto a su pareja, Rosa Bibiana “Bibi” Montero. Según los fiscales la banda está integrada por unas cuarenta personas.
En el primer operativo, de abril de 2022, fueron detenidas más de veinte personas por integrar la organización que según los fiscales funcionó al menos desde noviembre de 2021. El caso cobró especial resonancia por el hallazgo de 137 cajas de alimentos del Plan Cuidar del municipio rosarino en la casa del Viejo, en Avellaneda al 4500.
Al grupo le atribuyeron desde balaceras y extorsiones hasta la venta de entradas para partidos de Rosario Central, además de la comercialización de drogas. Según la acusación, la banda funcionaba repartida en dos células. Una manejada desde la cárcel de Coronda por Nelson ”Pandu” Aguirre y la otra por Marcos Vega, oriundo de Villa Constitución y establecido en el sur rosarino y en Villa Gobernador Gálvez. Era el encargado del bufé del Club de Pescadores del Mangrullo, al que Cantero concurría con asiduidad.
Entre los detenidos en esa primera tanda de allanamientos está Sebastián Fernando Gómez, un remisero de 43 años nacido en Villa Constitución al que lo conocen por el sobrenombre de “Piquito”. De acuerdo con la condena, su función era trasladar de manera frecuenta a Marcos Vega hacia esa localidad desde Rosario con armas de fuego, estupefacientes y dinero recaudado de la venta de drogas.
En las escuchas telefónicas que forman parte de la evidencia, según el fallo, son frecuentes las conversaciones entre el bufetero Marcos Vera y su hijo Yair en las que comenta que depende de la colaboración de Gómez para el traslado de dinero, mercadería y armas.
En prisión preventiva desde hace más de un año, Gómez aceptó ahora 3 años de prisión efectiva. No sólo como miembro de una asociación ilícita sino también por ser parte de un grupo que explotaba salas ilegales de juegos de azar en Villa Constitución. Una estructura por la que Roberto Esteban Peiti fue acusado como uno de los organizadores.
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De acuerdo con la condena a Gómez, de ese negocio participaban unas veinte personas que administraban “toda una red de juego que abarca varios locales”, algunos de ellos habilitados como quioscos, cíbers o almacenes. Dentro de esa red Gómez se ocupaba del control de tres locales y de rendir cuentas del trabajo de los empleados. Por esto fue considerado coautor de los delitos de juego ilegal y defraudación a la administración pública.
La misma pena de 3 años de prisión efectiva recibió el peluquero Mario Julián “Nicky” Ramírez, de 28 años, detenido en diciembre junto a otras once personas en una posterior tanda de allanamientos. En su caso fue condenado como un miembro de la asociación ilícita del Viejo que reportaba a la otra célula, dirigida por Pandu desde prisión.
Su rol consistía en resguardar en su casa armas, material balístico y municiones que según la acusación aportaba a distintos miembros a pedido de Nazareno Gauna y Romina Berón —pareja de Pandu—, considerados jefes de una subestructura cuya zona de influencia eran los barrios Triángulo y Vía Honda de Rosario. De acuerdo con la condena, “las personas como Nicky Ramírez son importantes para la banda porque permiten despistar a los investigadores, al ser personas que se encuentran fuera del radar delictivo, por lo que resulta provechoso descartar los elementos productos del delito”.