El muchacho supo ser el prinicipal ladero de su padre cuando entre ambos
lideraban la banda de Los chaperos, principales ocupantes del paraavalanchas de la barra brava de
Rosario Central hasta el inicio de la presente década. Pero ya hacía unos ocho años que no iba al
Gigante de Arroyito. Fue después de caer preso por una de las varias causas que tuvo en su vida y
que lo depositaron en una celda de la cárcel de Coronda, allá por 2004 (ver aparte). Cuando
recuperó la libertad, a fines de 2006, dijo haber dejado de lado su pasión futbolera, volvió a su
casa de la zona suroeste de la ciudad junto a su familia y se dedicó a otros negocios. Y fue este
nuevo camino elegido el que finalmente lo llevó a la muerte, según indican todas las pistas. Se
trata de Juan Alberto Chaperito Bustos, un tipo de 36 años que la noche del jueves recibió cuatro
balazos en su cuerpo frente a la puerta de su misma vivienda. Hasta allí lo fueron a buscar dos
hombres montados en una moto para cobrarse una deuda que, hasta el momento, nada tendría que ver
con presuntas rivalidades entre barras.
Los Chaperos condujeron la barra brava de Rosario Central hasta los primeros
años de este nuevo siglo. Por entonces, Juan Carlos Bustos y su hijo Juan Alberto ocupaban la parte
alta de la tribuna del Gigante que da espaldas al club Regatas mientras que Andrés Bracamonte y sus
seguidores estaban en la parte baja del mismo sector. Después de numerosos enfrentamientos, no
excentos de sangre, la lucha de poder se dirimió a favor de Pillín y los Chaperos abandonaron el
escenario auriazul pero no su espacio en las crónicas policiales.
El último llamado. Todo se desencadenó poco después de las 22.30 del jueves en
la casa de Cerrito al 6700 donde Bustos vivía con su esposa y sus dos hijas. Allí la familia tiene
una tienda desde hace ya un par de años y, según algunos de sus allegados, ayer mismo iban a abrir
una sucursal en Provincias Unidas y Forest ya que "el negocio les iba bastante bien". Sin embargo,
el Chaperito no pudo ver concretado su nuevo sueño. Dos hombres llegaron en moto hasta la puerta de
su vivienda, se anunciaron por el timbre y él salió a atenderlos. Enseguida se escucharon al menos
cuatro disparos de arma de fuego que dejaron malherido al ex barrabrava al alcanzarlo en el tórax y
los brazos. La desesperación de las mujeres de la casa, que salieron a la calle sorprendidas por
los estruendos, se convirtió en perplejidad cuando vieron el cuerpo de Juan Alberto tirado en la
vereda. De nada sirvió que lo cargaran rápidamente en un auto para llevarlo hasta el Hospital de
Emergencias. Bustos murió apenas ingresó a la guardia. En su cuerpo quedaron alojados proyectiles
calibre 9 y 38 milímetros, una seña que indica que los dos hombres que lo fueron a buscar
dispararon sus respectivas armas antes de huir sin ser vistos por nadie.
Para los investigadores del crimen se trató de un "ajuste de cuentas". Sin
embargo, hasta el cierre de esta edición no estaban seguros de qué cosa se había saldado con la
muerte de Bustos.
Por qué. "No sabemos si esto viene por el lado de la barra brava de Rosario
Central o por alguna otra cosa", aseguró el jefe de la Sección Homicidios de la Unidad Regional II
de policía, Javier Leiva. Lo cierto es que el Chaperito estaba retirado del tema fútbol y desde su
salida de prisión se había inclinado hacia otro tipo de negocios, coinciden varias fuentes
conocedoras de las idas y vueltas de la popular auriazul.
Al respecto, el abogado de Bustos, Gonzalo López Ocariz, aseguró que la muerte
de su cliente "no tiene nada que ver con la cancha, con la barra brava y mucho menos, como estuvo
diciendo la policía, con la gente vinculada a Pillín", en referencia al actual líder de la hinchada
canalla. En idéntica sintonía se expresó Carlos Varela, defensor de Bracamonte: "Mi cliente, apenas
conocido el hecho, se presentó en el juzgado de Instrucción en turno y se puso a disposición de la
Justicia a sabiendas de que no tiene nada que ver con el hecho. Además, ofreció pruebas que lo
sitúan muy lejos del lugar donde ocurrió el fatal episodio".
Así las cosas, es poco claro por qué fueron a buscar a Bustos a su casa y lo
ultimaron a balazos. "Nosotros no lo tenemos vinculados a ninguna causa por drogas", dijo una
fuente de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones consultado sobre el tema. Sin embargo,
algunos pesquisas no descartaban que "las tiendas de ropa que tenía el Chaperito hayan sido la
vidriera de la venta barrial de estupefacientes". Incluso, se aventuraron a dar el nombre de quien
habría sido el autor intelectual del homicidio. En ese sentido, el abogado del ex barra brava
aseguró no tener ningún tipo de conocimiento de que su cliente haya estado ligado a la actividad
narco. "A mí no me consta", aseguró López Ocariz.
Testigo
"Con lo que viví acá adentro no me dan más ganas de volver", dijo Juan Alberto
Bustos a un cronista de LaCapital cuando estaba preso en la cárcel del Coronda, en junio de 2005.
Se refería a la masacre en la cual, dos meses antes, habían matado a 14 reclusos rosarinos. Por
entonces, el Chaperito estaba alojado en un pabellón evangélico, lo que le salvó la vida.