Policiales

Condenaron a perpetua al asesino de una pareja de municipales

La sentencia recayó en Damián Rocca, de 24 años, quien trabajaba con las víctimas. Fue hallado culpable de matar a Miguel Martínez y Débora Ferraro, en marzo de 2007.

Miércoles 28 de Abril de 2010

Las vidas de Miguel Angel Martínez y Débora Carina Ferraro, una pareja de empleados municipales que trabajaba en el Distrito Centro, quedaron truncas el lunes 12 de marzo de 2007. Ese día, un compañero de trabajo llegó a la casa que el matrimonio habitaba en el barrio Empalme Graneros y los atacó con ferocidad en el desenlace de un robo en el que también estuvieron involucradas otras personas, condenadas en otro juicio. A raíz de los golpes Miguel murió en el acto, mientras que la vida de Débora se apagó tres días después en el Hospital Provincial del Centenario. Ahora, un juez de Sentencia condenó a prisión perpetua a Damián Leonardo Rocca, de 24 años, quien fue hallado culpable de propinarle la fatal paliza a la pareja y de incendiar la vivienda cuando una de las víctimas aún agonizaba en el suelo.

El fallo conocido ayer fue dictado por el juez de Sentencia Nº 4, Julio Kesuani, quien también dispuso que Rocca indemnice con 185.500 pesos a la madre de Débora por los “daños morales y psíquicos ocasionados”. Y, en otra parte del escrito, lo absolvió por el beneficio de la duda de otra de las imputaciones que cayeron sobre él en el inicio de la causa: la de haber violado a la chica. En este sentido, se supo que el médico que realizó la autopsia al cadáver de Débora no pudo determinar “con certeza” que el abuso haya sido cometido el día del hecho. La defensa de Rocca ya apeló el fallo y ahora la Cámara Penal deberá revisarlo.

Sueños sesgados. En marzo de 2007, cuando fueron asesinados, ya hacía cuatro años que Miguel y Débora se habían casado. El tenía 30 años, y ella 28. Los dos trabajaban en el Area de Servicios Urbanos del Distrito Centro de la Municipalidad, en Wheelwright y Corrientes. Se habían conocido cuando ambos estudiaban en la escuela de jardinería de la Dirección de Parques y Paseos local y desde entonces empezaron a tejer un sueño común. Compartían una casa de la familia de ella, en Empalme Graneros, y estaban planeando tener un bebé. Su vida era normal a pesar de que eran considerados discapacitados por sus leves retrasos intelectuales.

Pero el lunes 12 de marzo de aquel año ocurrió algo que aún parece inexplicable. Rocca, que frecuentaba habitualmente la vivienda de la pareja, entró en la casa, mató a golpes a Miguel y atacó a Debóra, a quien dejó agonizando. Además, se llevó varios electrodomésticos y prendió fuego a la propiedad antes de emprender la huida. Durante la investigación judicial se acusó a otros dos hombres de haber participado del trágico episodio, pero solamente Rocca terminó condenado como autor material del mismo.

El hallazgo. Poco antes de la medianoche del día del doble crimen, efectivos del Comando Radioeléctrico llegaron a la humilde casa de los Martínez situada en la esquina de Rouillón y Carrasco. Quienes alertaron a la policía fueron los vecinos, que veían cómo se quemaba la vivienda.

Según dijeron fuentes policiales en aquel momento, la puerta de calle estaba cerrada pero con la llave puesta del lado de afuera. Cuando los uniformados quisieron entrar, una bocanada de fuego se los impidió. Por eso debieron forzar otro ingreso.

En la vivienda encontraron una garrafa abierta y dos focos de incendio. Además, se toparon con un cuadro inesperado: en una habitación en llamas, sobre la cama, yacía sin vida Miguel. Tenía quemaduras en distintas partes del cuerpo y la cabeza totalmente destrozada a golpes. En el baño estaba Débora, inconsciente y maniatada con un cable de plancha. Había inhalado humo, por lo que los policías debieron reanimarla antes de subirla a la ambulancia que la dejó en el Hospital del Centenario, donde murió tres días después.

Los datos. Testigos ocasionales le dijeron a la policía que momentos antes de que se desate el incendio, habían visto salir de la casa a un hombre con vestimentas que tenían el logo de la Municipalidad de Rosario, ámbito en el que trabajaban las víctimas y el victimario. También dieron datos del vehículo en el que se llevaron los electrodomésticos robados, y ésto se convirtió en el primer elemento usado por los pesquisas para salir a buscar a los maleantes.

Así, el primero que cayó fue el fletero Reinaldo R., quien quedaría desvinculado de la investigación con el avance de la causa. También fueron apresados el carpintero José Luis Fernández y su esposa, Marta Edit Santos. El matrimjonio vivía en la esquina de French y Perú, muy cerca de las víctimas, y en su vivienda fueron halladas las cosas robadas a Miguel y Débora: una moto Zanella de 50 centímetros cúbicos, dos televisores, una computadora, un equipo de música y algunas herramientas.

Pero además, en esa casa, se hallaron chaquetas con el logo de la Municipalidad, una de ellas con restos de sangre y masa encefálica. Fernández y su mujer fueron condenados el año pasado en el marco del mismo juicio por encubrimiento agravado, pero sin prisión efectiva. Desde entonces realizan tareas comunitarias en el hospital de la localidad chaqueña de Machagai, de donde son oriundos.

Las pruebas. Para condenar a Rocca, el juez Kesuani tuvo en cuenta un testimonio “importante”. Carolina Stella Maris F., ex pareja del muchacho condenado, declaró en el tribunal que el empleado municipal mantenía “una relación sentimental” con Débora al momento del hecho y que, según le había dicho el asesino, “le sacaba dinero” a quien sería su víctima.

Otro elemento que valoró el magistrado fue que en la casa que habitaban Fernández y Santos se encontró la ropa que usó Rocca en el momento del suceso con “manchas de sangre” del tipo 0, que se relacionan con el violento episodio.

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