Joaquín pasó por su casa a buscar un alfajor y fue acompañado de su mejor amigo a visitar a una chica que conocía desde hacía dos meses. En esa tarde de mayo de 2020, en plena pandemia de Covid-19, el adolescente de 15 años y otros amigos se quedaron reunidos en el frente de la casa del barrio Villa Diego, en Villa Gobernador Gálvez, por donde un muchacho que había sido novio de la dueña de casa pasó en bicicleta. “Pasó, dijo cosas. Volvió a pasar y la última vez no dijo nada. Sólo disparó”, contó la chica sobre ese ataque en el que Joaquín recibió un balazo calibre 32 sin orificio de salida que le hizo perder un ojo.
Por ese intento de homicidio del 19 de mayo de 2020, Nahuel Jesús Morato aceptó la semana pasada una condena a 9 años de prisión en un juicio abreviado. El joven, que tenía 23 años al momento del hecho y ningún antecedente penal, se había presentado ante la Justicia dos semanas después del ataque al saber que lo buscaban. Ahora aceptó la pena acordada entre el fiscal Alejandro Ferlazzo y su defensa. El juez Nicolás Vico Gimena homologó el acuerdo y dictó la sentencia que declara a Morato autor de una tentativa de homicidio agravado y la portación ilegal de un arma de fuego.
En la condena se tuvo en cuenta el daño irreparable causado a Joaquín pero también, como atenuante, que el acusado tuvo registro de la gravedad de lo ocurrido. El adolescente herido fue internado en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela, debió sortear seis intervenciones quirúrgicas en la cabeza y perdió la visión del ojo derecho. La familia del chico prestó su conformidad con el abreviado para no tener que revivir lo ocurrido en la instancia del juicio oral.
Luego de pasar por su casa alrededor de las 20 para buscar un alfajor junto a su mejor amigo, Joaquín se dirigió a la casa de una chica que conocía desde hacia dos meses. Cerca de las 21, Joaquín, su amigo, la chica y una prima de ella charlaban sentados en un tapial de Belgrano al 1800, a cinco cuadras del Club Atlético Talleres, cuando un muchacho pasó en bicicleta delante de ellos. Al llegar a la esquina se detuvo, les gritó y se fue. Treinta y cuatro minutos más tarde regresó con un revólver plateado en la cintura, sacó el arma y disparó. Uno de esos proyectiles calibre 32 impactó en el ojo derecho de Joaquín, quien cayó fulminado.
Varios testigos señalaron a Morato, quien era empleado en una empresa de fumigaciones y había sido novio de una de las chicas. “El pibe parecía que estaba en pedo. Se frenó en la esquina y nos empezó a decir que éramos unos giles, que nos iba a matar. Y se fue”, declaró uno de los amigos de Joaquín. Una cámara municipal captó el paso del chico en bicicleta celeste.
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“Ninguno de ustedes dos son competencia para mí. Ella sabe la herramienta que tengo para los giles”, gritó la primera vez. Entonces la dueña de casa les dio a sus amigos una breve explicación. “Es un resentido”, dijo y lo catalogó como un ex novio del que se había separado una semana antes. Treinta y cuatro minutos más tarde, a las 21.25, Morato regresó y sin bajarse de la bicicleta sacó el revólver plateado y disparó.
“Cuando me disparó a mí, yo me intenté levantar porque me ahogaba. Ahí escuché como un «click click» y veo que le apuntaba a mi amigo, pero no salió nada”, recordó en su declaración la víctima del ataque, que no conocía al atacante: "Sacó un arma, no me dijo nada y tiró. Nunca me lo había cruzado ni tampoco tuve problemas con él".
Entre los elementos que se tuvieron en cuenta como prueba en la condena no sólo figura el registro de la cámara y los dichos de testigos sino la declaración del propio imputado: “Tenía una bala, pero no apunté a matarlo. No pensé que le iba a pegar en la cabeza”, había dicho en la primera audiencia el joven.