Policiales

Cómo funciona en las villas porteñas la policía barrial que llega a patrullar Rosario

Una recorrida por los pasillos de la tistemente célebre Villa 31 de Retiro. Los efectivos caminan 9 kilómetros diarios en grupos de a tres y están en permanente contacto con los vecinos.

Domingo 25 de Mayo de 2014

La villa 31 y su apéndice, la 31 bis, es un monstruo de construcciones humildes que amenaza con devorar la capacidad de asombro del que entra por primera vez a sus entrañas. Es el más emblemático de los asentamientos de Capital Federal y un desafío para los ojos. No existe en Rosario un barrio comparable. Tiene el formato de una villa pero con casas de material desarrolladas en altura, de al menos 3 pisos y escaleras externas. Noventa mil vecinos pobres apiñados en cotizadas tierras del barrio de Retiro que son cuidados desde hace dos años por la Policía de Prevención Barrial. Una idea que ahora se exporta a Rosario con la tan mentanda Policía Comunitaria que está dando sus primeros pasos en Las Flores y que a futuro reemplazará a Gendarmería.

El jueves a la tarde hacía frío y garuaba sobre Buenos Aires. Entonces, 20 periodistas, fotógrafos y camarógrafos rosarinos caminaron por las calles húmedas de la villa 31 rodeados de al menos 15 policías federales. "¿Ustedes quiénes son?", preguntó un muchacho desde un balcón sin rejas. "Periodistas de Rosario", se respondió a paso acelerado. "Aguante Rosario, vieja", fue la respuesta del pibe de rasgos norteños. La presencia de los policías no intimidó a los vecinos. No hubo cruce de miradas desafiantes ni llamados al orden. Nadie se inmutaba, aunque todos sabían quién era el representante de la ley en el lugar.

El antes. La Policía de Prevención Barrial es un cuerpo de la Federal desplegado en tres asentamientos duros de Capital Federal: la villa 31, la 15 de Ciudad Oculta (expuesta en la película "Elefante Blanco") y la 1-11-14 del Bajo Flores. Todos lugares en los que hasta hace dos años ingresaban totalmente pertrechados sólo para realizar allanamientos o una detención que engrosara la estadística. Y si la policía no entraba, una ambulancia menos. Vale recordar la muerte de Humberto "Sapito" Ruíz en medio de convulsiones epilépticas el 5 de abril de 2011. Sus familiares pidieron repetidas veces auxilio al SAME, pero la ambulancia no ingresó aduciendo que el lugar era inseguro. Por ese caso, en marzo la Sala 6 de los Tribunales porteños dictó un fallo histórico: condenó a dos médicas a 3 años de prisión condicional e inhabilitación para ejercer la profesión por 2 años por discriminar la atención a habitantes de una villa y producir abandono de persona seguido de muerte.

Tres años después de la muerte de Ruíz, la villa 31 tiene otro semblante y el transitar de los periodistas fue una evidencia. Durante dos horas, en una actividad organizada por el Ministerio de Seguridad de la Nación, los cronistas recorrieron 6 kilómetros de pasillos y hablaron con los vecinos sobre el barrio y la seguridad. Si bien se trató de una visita guidada, nadie impidió que los periodistas se alejaran de las formalidades para poder dialogar con la gente y los referentes barriales a cielo abierto. A veces teniendo la autopista como techo y otras la maraña de cables clandestinos.

Así surgieron historias y más historias, muchas de inmigrantes de países limítrofes, que conforman la mitad de la población del asentamiento. La mayoría son paraguayos, pero hay peruanos, bolivianos, chilenos y brasileños. "No hablo argentino", respondió una mujer a la requisitoria del cronista y se fue charlando en guaraní con su vecina. También la historia de Isabel, una enfermera del hospital Garrahan que paga 1.200 pesos al mes por alquilar un sucucho en altura o las de las doñas que caminando con sus hijos cuentan que "el barrio está mucho más tranquilo y que con la presencia policial ahora se puede caminar por la calle".

El proyecto. "Los efectivos fueron formados con una metodología de uso racional de la fuerza. Se trabajó mucho sobre la comunicación para la resolución de conflictos. La persuasión frente a la violencia y el delito. Los policías están preparados para que, ante una situación conflictiva o de delito, puedan bajar los niveles de violencia. Pero obviamente que si hay un delito actúan como cualquier policía y si hay una persona armada y hace falta usar las armas, las usarán. Aunque hasta ahora no fue necesario", explicó Javier Alonso, subsecretario de Planeamiento y Formación del Ministerio de Seguridad nacional, en medio del playón principal de la 31.

"En este barrio teníamos el problemas de que la presencia del Estado era por impulsos. La policía entraba al barrio para hacer un allanamiento o realizar una detención, pero no lo hacía para garantizar la seguridad. Se ha mejorado mucho en la recuperación de los espacios públicos. En estos barrios había plazas en las que se comercializaba y consumía droga. Y desde que la policía está las 24 horas eso desapareció. Otro caso habitual era el cobro de peaje, algo que también desapareció. Y la presencia policial ha posibilitado además dar una respuesta eficiente a los casos de violencia doméstica sobre las mujeres del barrio", explicó Alonso.

"Por ejemplo, en la villa 15 de Ciudad Oculta trabajamos para que pudieran ingresar los carteros, que antes no lo hacían. Entonces se identificaron las casas y eso se garantizó con la policía y se complementó mediante medidas de urbanización", agregó.

Los agentes de la Policía de Prevención Barrial reciben un curso muy intenso durante 15 días y luego una formación contínua en las que fijan los conceptos aprendidos y trabajan sobre problemáticas propias del lugar. Esos policías cobran un plus y no pueden realizar adicionales. Tienen turnos de 8 horas, con media hora de descanso, y deben cumplir con un patrullaje de 9 kilómetros caminados por día controlados por un GPS incluido en su uniforme que dispara su posición cada 30 segundos. Trabajan en trinomios, donde uno de los efectivos es jerárquico y el encargado de hablar con la gente mientras otro le brinda seguridad y el tercero custodia el perímetro. En los barrios, por turno, caminan entre 11 y 13 trinomios. Es decir, un máximo de 39 policías.

Cada uno de los barrios está dividido en ocho sectores patrullados cada uno por un trinomio. Otra unidad va por la avenida principal y dos más quedan en reserva ante una eventualidad. "Lo importante es que no pueden quedar en situación de desborde o inferioridad numérica. Y ese es un escenario que puede darse en una pelea de vecinos que antes terminaba en un homicidio", comentó Alonso.

"Todo el recorrido de los trinomios es grabado y monitoreado desde el Ministerio de Seguridad. El propio Sergio Berni lo puede ver desde su laptop al igual que los jefes", explicó. "Y si algún vecino denuncia haber tenido alguna situación irregular con la policía se recurre a la grabación para saber qué sucedió. Eso brinda seguridad a las dos partes", concluyó Alonso.

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