El asesinato de Iván Ignacio De San Segundo fue el final de una secuencia absurda en una ciudad donde la vida, el capital supremo de todo ser humano, cotiza a la baja. El final de la película comenzó cuando el pibe de 18 años ingresó sin vida a la guardia del Hospital del Centenario trasladado por un taxista desde la puerta del shopping Alto Rosario. Tenía un puntazo en el pecho, a la altura de la axila izquierda. La hipótesis más fuerte que maneja la fiscalía es que el muchacho participó de una gresca callejera de la que salió herido de muerte. Cegados por la desesperación y las circunstancias, sus amigos lo cargaron en la moto Honda Wave de la víctima y agonizante intentaron llevarlo a un centro asistencial. El Centenario era lo que más a manos se les presentaba. Pero cuando se dirigían hacia allí, en Junín al 500 y frente al shopping, Iván no pudo más y cayó de la moto exánime.
En ese lugar fue atendido por dos personas, Juan que salía del shopping, e Izabela, que esperaba un colectivo. Ambos se acercaron a auxiliarlo. Luego Iván fue cargado en un taxi donde hizo el viaje final junto a un amigo. ¿Pero dónde fue atacado? Esa era una de las preguntas sin repuestas para avanzar en la pesquisa. Ayer se supo que De San Segundo habría mantenido un altercado callejero en inmediaciones de French al 600, sobre uno de los portones de acceso al complejo de Aguas Santafesinas. Ese altercado habría comenzado de una manera simple y sencilla. Una “apurada”, un par de manotazos y un puntazo letal. La vida no valió nada.
En el registro social y colectivo Iván De San Segundo ya es “el pibe que mataron frente al shopping”. Un muchacho de 18 años que dejó en estado de conmoción a una ciudad que transita una década de pérdida de asombro. Una ciudad donde desde hace una década ningún gobierno parece dar en la tecla en el tema seguridad y en la que se discuten las muertes como si fueran parte del relato de un partido de ajedrez. Siempre habrá una explicación para contextualizar la muerte, pero los crímenes siguen ocurriendo.
De San Segundo tenía 18 años, vivía con sus padres en inmediaciones de French y Garzón, en el límite de Empalme Graneros y Ludueña, y tenía un trabajo ocasional como delivery de Rapi. Desde hacía tres meses tenía una relación de noviazgo con una muchacha de “R90”, un sector del barrio Larrea, en la zona noroeste. Fue en la casa de esa joven donde poco más de una hora después de que Iván ingresara muerto al Centenario, alrededor de las 22.30 del jueves, una pareja dejó la moto Honda Wave en estado impecable. Sólo tenía manchas de sangre sobre la luz de guiñe del lado izquierdo. A la familia de la novia de Iván, que en ese momento estaba trabajando, sólo le dijeron que el pibe “había sufrido un accidente”.
French al 600 marca uno de lo laterales del predio de Aguas Santafesinas. Está ubicada al 600 bis de Avellaneda, a diez cuadras del Gigante de Arroyito. Una cuadra que se presenta como mal iluminada por la falta de escamonda y donde sus vecinos evitan transitar caída la noche “porque te chorean”, como explicó una mujer. A esa altura de barrio Refinería o Arroyito, según con quien se hable, la gente cuenta que vive a expensas de las motos y los robos que suelen traer consigo. “Todo empeoró cuando abrieron calle French, luego de Echeverría, detrás del complejo Metra Puerto Norte, porque los que roban en moto sobre Avellaneda doblan por French y tienen vía libre hasta Rawson o Monteagudo. Y eso es en los cruces que tenés sobre avenida Carballo. Pero con una moto te metes por cualquier lado. No te agarran. Sin descartar Carballo que podes ir hasta la zona del Club Náutico Sportivo Avellaneda y salir en la esquina de la cancha de Central”, explicó un residente.
En ese barrio los vecinos están conectados por grupos de Whatsapp tan efectivos que cuando el cronista tocó timbre en la segunda casa quienes viven por French y por Grondona, un pasaje paralelo, ya estaban anoticiados “que un periodista de La Capital está buscando datos”. Cada hecho extraño que sucede en la manzana es automáticamente comentado en el grupo y los vecinos que tienen cámaras de video vigilancia privadas colaboran con el aporte de las imágenes que captan.
Así quedó reflejado el robo de una moto la noche del martes en el cruce de Echeverría y French donde a una pareja seis personas en tres motos los dejaron a pie. O simplemente el dato: “Tengan cuidado. Dos en motos, remera gris y gorra blanca”, que fue el alerta que quedó registrado en el grupo el jueves a la noche, minutos después de que Iván fuera asesinado. El grupo de vecinos parece más organizado en la prevención, al menos en apariencia, que la policía. Y ante la duda, llaman al 911.
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Provocación y crimen
El asesinato de Iván De San Segundo comenzó a tejerse minutos después de las 22.15 del jueves. El pibe circulaba en su moto junto a un amigo y otra moto con dos muchachos más. En inmediaciones de French al 600 tuvieron un cruce con otro grupo que comenzó tan estúpidamente con un “gil, que me miras”. Y las motos frenaron. Iván se bajó de su rodado, confrontó de palabra y automáticamente recibió como respuesta un facazo. No hubo mayores incidencias que esa. Una puñalada en el pecho por una estúpida discusión. Tras ello los amigos lo cargaron en su propia moto y como pudieron emprendieron una desesperada marcha hacia el Hospital Centenario. Shockeados por lo ocurrido llegaron hasta calle Junín, quizás por Echeverría de contramano, y fue entonces que al pasar por la puerta del Alto Rosario el muchacho no pudo más.
Cayó de la moto y allí fue asistido por dos transeúntes ocasionales. Juan, que había salido del shopping a comprar cigarrillos tras ver una película en el cine, e Izabela, una chica que esperaba junto a su novio en la parada de colectivos de Junín y Rawson. Ambos le hicieron reanimación cardiopulmonar hasta que uno de los amigos de Iván paró un taxi mientras el pibe agonizaba.
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Lo último que supo la familia antes de recibir el llamado de que Iván estaba muerto fue que el muchacho, a las 19.40, le dijo a su mamá que estaba en La Florida (en la zona del balneario) en su moto. Iván fue ingresado al Centenario alrededor de las 22.30, donde nada pudieron hacer por él. Una hora y media más tarde, una pareja amiga de Iván llegó hasta la casa de la novia, ubicada en barrio Larrea, a más de 50 cuadras del lugar donde el joven cayó agonizante, y allí dejaron la Honda Wave del pibe diciendo que había sufrido un accidente. La novia de Iván trabajaba en ese momento y el rodado quedó en la casa de la chica. Sus padres no reconocieron a la parejita que trasladó el vehículo ya que no eran del círculo íntimo de los novios.
Tras viralizarse el pedido desesperado de la familia para que el taxista que había llevado a Iván al hospital y que alguno de sus amigos se acercaran para declarar en el Centro de Justicia Penal ante el fiscal Alejandro Ferlazzo, voceros del Ministerio Público de la Acusación confirmaron que la tarde del viernes “se le tomó declaración al chico que venía con la víctima en la moto y al taxista que lo llevo hasta el Hospital Centenario”, pero lo que declararon quedó bajo reserva por distintas medidas ordenadas por el fiscal de la causa.
Iván De San Segundo era ex alumno del Complejo Educativo Francisco Gurruchaga, ex jugador de Mercadito Social Lux y practicaba futsal en Deportivo Unión Central, el club conocido como “La carpita” en barrio Industrial. La comisión directiva de esta institución resolvió tres días de luto con suspensión de todas las actividades deportivas, recreativas y administrativas previstas por el asesinato de Iván y lo despidió con un “abrazo al cielo, Iván”.