En las calles de Empalme Graneros todavía se hablaba con sorpresa, ayer a la
mañana, de la cocina de pasta base de cocaína que funcionaba en República y Cullen y que el jueves
fue desarticulada en un operativo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). La misma sorpresa
que despertó en las más altas autoridades del Ministerio de Seguridad de la provincia y en los
agentes antinarcóticos de la policía santafesina y de la Federal. Y no es para menos. Es la primera
vez en los últimos 15 años, dicen los más memoriosos, que se descubre una cocina en la ciudad. Y
además, en el operativo se secuestraron 10 kilos de droga, una cantidada por demás de
importante.
En el procedimiento del jueves perdió el Tuerto Boli, un
hombre apuntado por las fuerzas de seguridad como una de las tres cabezas que se repartían el
negocio de la droga en la zona norte rosarina. "Lo teníamos en la mira desde hace rato aunque nunca
tuvo antecedentes por delitos de narcotráfico, pero nunca se pudieron recolectar pruebas para ir
contra él", dijo una fuente policial. Junto al cabecilla cayeron otras cinco personas (dos hombres
y tres mujeres) que, tras ser indagadas por el juez el juez federal Nº4, Marcelo Bailaque, quedaron
detenidas en la cárcel de Richieri y Zeballos y en la Unidad Penitenciaria 5.
Tanto el diccionario narco como el policial reconocen como
cocina al lugar donde se lleva a cabo la última fase del proceso de elaboración de la cocaína. La
transformación, mediante el estiramiento con precursores químicos, de la pasta base en cocaína. Y
el jueves la cocina que funcionaba en Empalme Graneros fue desmontada en un operativo que llevaron
adelante los agentes de la PSA después de ocho meses de investigación. En el procedimiento se
secuestraron unos 10 kilos de cocaína, bidones con precursores químicos para el estiramiento de la
droga —entre los que había ácido clorhídrico y sulfúrico, éter y acetona—, dos armas de
fuego calibres 32 y 38, dos autos, 800 mil pesos en efectivo y 5 mil euros.
Fueron cinco allanamientos —dos en empalme, otros dos
en barrio Emaús y uno más en Funes— los que permitieron descabezar a la banda del Tuerto
Boli, un hombre de 38 años sindicado por las fuerzas de seguridad como uno de los tres pesados que
se encargaban de la venta de cocaína en la zona. La hipótesis de los aeroportuarios es que hasta
esa casa de apariencia humilde llegaba desde el norte del país pasta base ingresada desde Bolivia y
Perú. Allí era sometida al proceso de estiramiento con el que se elaboraba cocaína de distintas
calidades y entonces se distribuía.
La última etapa. En la casa de Empalme había todo lo necesario para fabricar
cocaína. De hecho había varios kilos listos para salir al mercado. Esta droga se produce por etapas
y la "cocina" es su último eslabón. Básicamente, y según una de las tantas recetas que se pueden
obtener mediante buscadores de Internet, la cocción comienza cuando la pasta base se disuelve en
acetona. Luego se la filtra y se la disuelve nuevamente. Posteriormente se le agrega ácido
clorhídrico y se la somete a calor con un mechero o estufas. Después se le agrega éter y por
procesos de sublimación se cristaliza. Luego se la seca. Se la pesa, se la estira y se la empaca.
La próxima estación es la del tráfico.
Según fuentes consultadas, la droga es cocinada en el país
gracias a que se consiguen con facilidad los precursores químicos para refinar la cocaína y los
narcos tienen la posibilidad de controlar la calidad final del producto. Con aproximadamente un
kilo y medio de pasta base se puede obtener un kilo de cocaína. Además vale destacar que el valor
de la pasta base es cinco veces menor que el de la droga terminada.
Olor particular. A diferencia de un laboratorio, una cocina puede ser
instalada en cualquier lugar. Aunque, según destacaron fuentes policiales consultadas, la cocción
de la pasta base tiene un punto flaco: el olor. "Cuando hay una cocina se puede sentir un olor
parecido al de la celulosa", confió una fuente.
Cuentan que cuando los efectivos de la PSA entraron a la
casa del Tuerto Boli encontraron en uno de los ambientes droga en distintos estadios del proceso.
Había en una olla, en proceso de secado con lámparas y una estufa. También la había ya cortada
sobre una mesa.
Los voceros consultados indicaron que en esta fase del
proceso se suele utilizar desde bicarbonato o psicofármacos hasta vidrio de fluorescentes molido. Y
por su supuesto la embolsada lista para su distribución. En el lugar también había licuadoras y
balanzas de precisión.
Además de la droga en la vivienda de calle República
también había varios bidones con ácido clorhídrico y sulfúrico, éter y acetona. Todos estos
químicos que figuran en una lista de 60 productos que no son ilegales, que pueden comprarse en
droguerías y que son necesarios para elaborar la cocaína. Estos químicos son controlados por la ley
26.045, que comenzó a regir hacia principios del mes de septiembre de 2005, que contiene una serie
de prerrogativas de orden administrativo mediante las cuales se hacen más rigurosos los controles a
la comercialización y uso de los químicos que se usan para el estiramiento del droga. Seguramente
la investigación judicial también seguirá esta hoja de ruta en la pesquisa de la banda que cocinaba
cocaína en Empalme Graneros.