Buenos Aires- Carlos Carrascosa, condenado a reclusión perpetua por el
crimen de su esposa María Marta García Belsunce, recibió hoy la visita de seis amigos en la
Unidad 41 de la ciudad bonaerense de Campana, quienes se quejaron por el “injusto
momento” que está atravesando el viudo.
Guillermo Sánchez Saravia, amigo del matrimonio desde que eran novios, contó que
Carrascosa, “como todos, está acostumbrándose” a vivir en prisión, y “en
poco tiempo más va a estar más integrado, ya que es muy reciente todo”.
En declaraciones al canal Crónica TV afuera del penal, poco después de visitar a su amigo,
dijo que le llevaron “cosas normales”, como ropa y alimentos, y que el viudo
“no ha pedido nada en especial”.
Aseguró que “no” hablaron del trámite que, según los medios de prensa, inició
el detenido con el mismo certificado de defunción apócrifo que se había utilizado en el
inicio de la causa.
“No hablamos de eso, aunque hasta donde yo sé no es una cosa tal como se
presentó”, indicó.
Finalmente, afirmó: “Vengo a ver un amigo íntimo, muy querido, que está pasando este
injusto momento en este lugar, y para darle mi apoyo”.
Sánchez Saravia fue uno de los amigos de Carrascosa y García Belsunce que protestó frente
a los Tribunales de San Isidro para reclamar por su liberación, tras conocerse el fallo de
segunda instancia.
El viudo fue trasladado el jueves pasado a una cárcel común de Campana, donde ya estuvo 35
días alojado en 2007.
El viernes 19 de este mes fue trasladado detenido a la DDI de San Isidro, para cumplir la
pena de reclusión perpetua que, sorpresivamente, le impuso en segunda instancia el Tribunal
de Casación bonaerense.
La Justicia lo encontró culpable de “homicidio agravado” por el vínculo de su
mujer, ocurrido el 27 de octubre de 2002 en una casa del lujoso country “Carmel”,
de la localidad bonaerense de Pilar.
El viudo y su entorno sostuvieron entonces que María Marta murió al patinar en la bañera y
golpearse la cabeza con la grifería de la ducha.
Sin embargo, 50 días después el fiscal Diego Molina Pico -que había estado en el
velatorio- ordenó una autopsia que reveló que la mujer había recibido cinco balazos de
revólver calibre 38 en la cabeza.
Un sexto proyectil había sido tirado al inodoro por un grupo de familiares y amigos, según
confiaron ellos mismos en la fiscalía, al considerarlo un “pituto” -sostén de
estante- que no servía para nada, más allá de las sospechas que ya por entonces tenían
varios de los presentes. (DyN)