POLICIALES

Caminaba junto a su pareja cuando lo emboscaron y lo mataron de una puñalada

Pablo Álvarez tenía 32 años y hace unos días lo habían amenazado dos conocidos. La noche del viernes lo ejecutaron y ayer fueron apresados.

Domingo 14 de Febrero de 2021

Pablo Javier Alvarez tenía 32 años y pasó la tarde del viernes repartiendo su currículum junto a la mayor de sus dos hijas, de 11 años, en busca de trabajo. Al caer la noche llegaron a la casa de la madre de él, ubicada en los monoblocks de Viamonte al 7300, frente al departamento en el cual el hombre vivía con su pareja y las nenas. Ellas se quedaron con la abuela, él y su pareja salieron. Cerca de las 23 caminaban por Pasco y Colombia cuando dos jóvenes del barrio los interceptaron y fueron directo contra Pablo, con quien habían tenido problemas días atrás. Después de un cruce de palabras uno de ellos le asestó una puñalada en el tórax por la cual el muchacho murió a poco de ingresar al Policlínico San Martín.

“Voy hasta acá nomás, después vuelvo y vamos a casa”, contó Florencia, la madre de Pablo, sobre el diálogo que el muchacho tuvo con su hija de 11 años. “Pero no volvió más”, dijo la mujer. Fue ella quien pasada la medianoche se asomó por la ventana de su departamento y vio a su nuera desesperada en el pasillo. Al bajar le explicó que dos chicos habían atacado a Pablo, que se lo habían llevado al policlínico.

Según una fuente judicial, la víctima “había tenido una discusión con estos dos chicos hace unas dos semanas” aunque no trascendieron los motivos. “En ese momento habían hablado y quedó todo bien. Pero la noche del sábado se cruzaron por la calle y los agresores le dijeron a vos no te queremos ver más por acá e iniciaron la agresión”, contó.

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Una sola puñalada alcanzó para ocasionarle a Álvarez una herida mortal, aunque pudo correr unos metros en un intento fallido por encontrar ayuda. Una primera versión de lo ocurrido indicó que el muchacho corrió para un lado y que su pareja fue hacia otro en busca de auxilio, pero cuando regresó al lugar del hecho el herido ya había sido trasladado al Policlínico San Martín.

En tanto, los agresores corrieron para el lado de las vías que atraviesan esa zona del barrio, que a la altura del cruce con Pasco se abre hacia distintas arterias por las cuales lograron huir.

Pero los nombres de los agresores trascendieron de inmediato entre los vecinos de la víctima, por lo cual el fiscal de Homicidios Patricio Saldutti ordenó una serie de medidas que permitieron el arresto en la zona de Brasil y Cochabamba de Ulises Daniel O. y Kevin Leonel A., ambos de 21 años y con domicilio en la zona. Según adelantaron desde el Ministerio Público de la Acusación (MPA) serán imputados el próximo lunes.

Los dueños de todo

Ayer a la tarde la madre de la víctima recibió a este diario en su departamento, donde pasaba el rato con sus vecinas de toda la vida, quienes contaron que conocieron a la mujer cuando llegó al barrio y aún estaba embarazada de Pablo.

“Lo que pasa acá es que los transeros se creen que son los dueños de todo”, contó una de ellas, quien además confirmó que los agresores y la víctima se conocían. “Nadie es quién para matar a nadie, tengas o no problemas. Las cosas se resuelven con la justicia, pero no hay”, agregó.

En esa parte del barrio Francetti, en el sudoeste rosarino, todavía resuena la muerte de la niña de 13 años asesinada en una balacera a una vivienda de 27 de Febrero al 7300, a tres cuadras del complejo de monoblocks en el que vivía Álvarez. “Mirá que drogas hay desde siempre acá, pero nunca vi que los pibes estén así, ahora el que vende drogas también roba y por cualquier problema te matan”, contó otra vecina.

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La sensación en esta familia es que el problema no terminó con el asesinato de Pablo. La madre del muchacho contó que su nuera fue amenazada porque reconoció a los agresores. En la reunión deslizaron varios nombres más allá de los dos detenidos que hay hasta el momento, y el temor a alguna represalia las condujo a pensar en la necesidad de pedir una custodia para las dos viviendas.

Pablo, según contó su madre, se había quedado sin trabajo a comienzos de la semana. Aun así, contó la mujer, estaba entusiasmado porque había conseguido una changa para hacer remodelaciones en una obra. Pero sabía que era temporal. En una repisa de la casa materna de la víctima se acumulaba la pila de hojas con el currículum que el muchacho estuvo repartiendo los últimos días, incluso el viernes que lo mataron. El 22 de febrero Pablo iba a cumplir 33 años, de los cuales llevaba unos 15 en pareja con Melisa, con quien tuvo sus dos hijas que hoy tienen 11 y 8 años.

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