“Después de lo que pasó en la estación de 27 de Febrero y Circunvalación, nadie la va de
héroe”, dijo Julio Bertolé, a cargo de la caja del minishop de la estación de servicios
ubicada sobre bulevar Seguí entre Ayacucho y Alem. Y pronunció esas palabras, que remiten al
asesinato del playero Fabián Maidana en el surtidor ubicado en esa esquina del sudoeste de la
ciudad, para aclarar que su compañero del turno noche, Pablo Piceda, era consciente de los riesgos
que significa trabajar a esa hora con dinero en efectivo y que sería incapaz de imponerse ante los
planes de algún delincuente. Así y todo, y pese a haber entregado la billetera con lo recaudado, el
muchacho recibió un disparo que le atravesó la mano derecha y lo va a dejar sin trabajar por varios
días.
Piceda cumplía con su función de playero en el sector dedicado al expendio de gas natural
comprimido (GNC) de la estación, lugar al que se accede por la ochava de bulevar Seguí y Alem. Todo
sucedió alrededor de la 1.30 de ayer. En ese momento había tres empleados en todo el comercio.
Además de Piceda, estaban un muchacho afectado a la atención del bar y minishop y otro más a cargo
de los surtidores de naftas. De acuerdo a lo que contó Bertolé no hubo testigos directos de la
agresión. Y estimaba que todo ocurrió cuando la víctima quedó sola unos instantes después de la
salida de un vehículo.
Caminando. El delincuente llegó a pie y fue directamente a encañonarlo a Piceda.
“Pablo contó que era un chico joven que tenía una gorrita en la cabeza. También que no se
resistió, que le entregó sin pronunciar palabra la billetera, pero que igual le disparó”,
señaló Bertolé sin dejar de despachar clientes, ayer cerca del mediodía.
Las pocas personas que estaban ayer a la madrugada en la estación de servicios escucharon un
estampido e inmediatamente lo vieron llegar a Pablo, corriendo y con la mano ensangrentada. Los
testigos pidieron una ambulancia, pero primero llegó una camioneta del Cuerpo Guardia de
Infantería. Como el móvil sanitario tardaba, los uniformados lo trasladaron hasta el Hospital de
Emergencias Clemente Alvarez.
El balazo no tuvo consecuencias serias para Pablo, pero el proyectil literalmente le atravesó la
mano. Piceda es padre de una nena de 7 años, según contaron ayer sus compañeros, y trabaja en el
comercio de Seguí al 400 desde el año 2008.
Recuerdo ingrato. La agresión de la que fue blanco Pablo Piceda trajo malos recuerdos a la
memoria de los playeros de estaciones de servicios. El crimen de Fabián Maidana, ocurrido el 16 de
enero pasado, está demasiado fresco para los empleados del rubro.
Aquel día Maidana se encontraba en su puesto en el surtidor de 27 de Febrero y Circunvalación
cuando, a las 7.30, llegaron dos muchachos en moto. En principio parecía como si llegaran para
cargar nafta, pero enseguida uno exhibió un arma. Mientras eso sucedía, el dueño del comercio
advirtió la situación a unos metros de distancia y pegó un grito para ahuyentar a los maleantes.
Fue entonces cuando Maidana arrojó al aire unos billetes que tenía en una mano como si hubiese
tratado de distraer a los asaltantes. Pero tras esa acción, lo ejecutaron con un tiro en el
pecho.