Una cancha de fútbol de once es una especie en extinción. El barrio que tiene una, la atesora. Pero hay canchas en Rosario donde se juega al fútbol poco y nada. Una de ellas es la ubicada en el corazón de la Vía Honda, sobre Cerrillos al 3800 según la numeración catastral pintadas en las viviendas. Un lugar donde uno de los arcos, el ubicado en la prolongación de calle Biedma, marca una de las tantas bocas de expendio de drogas a cielo abierto, actividad que suele ir de la mano de la violencia exacerbada.
Este año en inmediaciones de la cancha en cuestión se han registrado cuatro homicidios desde el 9 de agosto hasta el cierre de esta nota. Este miércoles efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) realizaron ocho allanamientos y detuvieron a tres hombres y dos mujeres, quienes quedaron a disposición de los fiscales Federico Rebola (Balaceras), Alejandro Ferlazzo (Homicidios) y Fernando Dalmau (Investigación y Juicio).
El hecho que detonó la investigación fue una balacera ocurrida el domingo 4 de septiembre último a las 18.25 cuando una discusión en inmediaciones de la canchita derivó en una balacera con tres heridos: un hombre de 27 años con lesiones en abdomen y brazo, y dos mujeres con heridas en brazo derecho y piernas. A los pocos minutos en la misma zona un pibe de 17 años también resultó baleado. La investigación de este incidente armado expuso que se trató de un enfrentamiento entre dos facciones que se disputan territorios en el barrio. Una de ellas, la banda de Los Colombianos.
Golpe a los monitos: detuvieron a Lalo.
Dos integrantes de esta banda fueron imputados la semana pasada por los fiscales Rébola y Franco Carbone por diversos delitos cometidos en al menos seis hechos ocurridos entre febrero y octubre de este año: abuso de armas, intentos de extorsión, usurpaciones y amenazas. Los acusados fueron Catriel A., que ya estaba preso en la cárcel de Piñero, y su novia María de los Angeles B., apodada “Pelo Duro” y detenida el 26 de octubre cuando fue a visitar a su pareja a la unidad penitenciaria.
En sus propias palabras, “piloteaban” a veces “en nombre de Los Monos” o invocando ser parte de “Los colombianos” como para meter más miedo a sus víctimas. La jueza de garantías Valeria Pedrana dictó para ambos la prisión preventiva efectiva por el plazo de ley. Una de las líneas de investigación sobre el ataque a balazos de la noche del lunes contra la Unidad Penitenciaria 3, conocida como La Redonda, es que Los Colombianos estarían detrás de ese mensaje tumbero.
También están bajo investigación otros hechos de homicidios, balaceras con heridos, extorsiones y robos de autos ocurridos en Vía Honda que están siendo investigados por los fiscales Rébola, Ferlazzo y Dalmau.
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Tras los ocho allanamientos en distintos domicilios de la Vía Honda, entre ellos un desarmadero de autos clandestino, fueron detenidas cinco personas que solo fueron identificadas por sus iniciales: dos mujeres (JA y MEA) y tres hombres (LSA, alias “Lalo”, ER y DPT). Se secuestraron un revolver calibre 38, una escopeta recortada sin numeración visible, municiones de distintos calibres, cuatro celulares, un Fiat Siena con pedido de secuestro por robo de sus autopartes, dos pilas de cocaína, tres balanzas de precisión y 736 dosis de marihuana con un peso de alrededor de un kilo. En uno de los domicilios allanados se encontró una decena de “palomas mensajeras”.
En los allanamientos intervinieron efectivos de las brigadas de la unidad de Balaceras, Homicidios, Inteligencia, Operativa, Capturas, una brigada de Villa Constitución, otra de San Lorenzo y siete grupos de irrupción de distintas dependencias. Colaboraron uniformados de la Policía Comunitaria y la Sección Ecológica.
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Bajo fuego
No caben dudas de que las calles de Vía Honda son el escenario de una violenta y sangrienta disputa por el control de territorio. Desde el 9 de agosto pasado en inmediaciones de la canchita fueron asesinados Jorge Bustos, de 20 años, el 9 de agosto; Alejandro Andrés Tourn, de 28, el 19 de agosto y Eduardo Miguel Leiva, de 57 años, el 21 de agosto. Para los investigadores Leiva tenía contacto con Julio Rodríguez Granthon, un preso de alto perfil reconocido por el apodo de “Perú” o “Peruano” que según investigadores de varias causas tiene el poder de bajar cocaína de alta calidad desde el noroeste argentino a Rosario. El sicario que remató en el piso a Leiva gritó: “Acá no se vende más”. Y luego dejó un cartón escrito a mano con la leyenda: “Peruano plantate. La mafia no perdona, gil”.
El cuarto asesinato de la saga se terminó de concretar el martes cuando Ramón Antonio Gudiño, de 62 años, falleció en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez tras haber sido baleado en el pecho y el cuello en un ataque a tiros ocurrido la tarde del domingo 30 de octubre pasado en Cerrillos al 3900. Gudiño era conocido por su círculo íntimo por el apodo de “Monchi”. Según contaron testigos esa tarde se produjeron dos balaceras con escasos minutos de diferencia.
El primer ataque se produjo alrededor de las 17.30 y tuvo como saldo de dos heridos. Una de ellas fue Anahí S., una nena de 8 años herida en la cabeza y fue derivada al Hospital de Niños Víctor J. Vilela en “estado grave”. Con el correr de los días la nena evolucionó favorablemente y quedó internada en una sala de complejidad media. El otro herido fue Alan Simón N., de 22 años, fue trasladado en el vehículo particular de un vecino de la zona. Testigos indicaron que los agresores, quienes utilizaban casco, se movilizaban motos similares a una Honda Twister o Tornado.
Pocos minutos después se registró otra balacera en la que resultaron heridos Matías Andrés N., de 31 años, herido de arma de fuego en el tórax, y Ramón Gudiño, quien tenía dos balazos en el tórax y uno sobre el costado izquierdo del cuello. Al lado de su cuerpos quedó su Yamaha YBR 125 gris. El hombre tenía domicilio en Aborígenes Argentinos al 5900, en el barrio Qom del distrito oeste. En la escena de los ataques se secuestraron seis vainas 9 milímetros y seis vainas 45 milímetros y un cartucho intacto calibre 45.
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