No solo porque abrirá este jueves, a las 19, la Feria Del Libro de Rosario, en la explanada del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín 1080, Plaza Montenegro) y firmará sus libros. Sino porque dará un discurso de 17 páginas a fuente 16, "porque la 12 ya no la veo", aclaró.
Y además, en los primeros días de octubre saldrá su nueva novela, "El tiempo de las moscas", donde retoma la trama de su primer policial de 2005, "Tuya". Inés sale ahora de la cárcel tras cumplir una condena y Piñeiro da cuenta a través de este personaje de los cambios que se produjeron en estos quince años en la sociedad y en el rol de las mujeres.
También su libro "Catedrales" se convertirá en serie de HBO, "Elena sabe" será una nueva película de Netflix, con Mercedes Morán como protagonista y, la miniserie "El Reino", que acaba de ganar el premio Sur, prepara su segunda temporada.
— En varios de tus libros ficcionás con asesinatos. ¿Imaginaste en algún momento qué sería hoy de este país si el intento de asesinato de la vicepresidenta se hubiera concretado?
No me lo quiero imaginar y mucho menos escribiría algo al respecto, esto no es ficción. Es como una película que debo sacar porque no puedo tolerar. Me enteré inmediatamente porque estaba viendo televisión, y me comuniqué con amigos, en la misma situación. "¿Vos estás viendo lo mismo que yo?", nos preguntábamos. No podía entender nada hasta que vi el video de la pistola apuntándole la cara a la vicepresidenta. Me dormí como a las 3 de la madrugada y al otro día a partir de las 8 seguí informándome. Lo viví con mucha angustia y preocupación por el atentado en sí mismo y por lo que esto debilita a la democracia, a las instituciones y a los acuerdos sobre la violencia que parecía que habíamos logrado y no podían repetirse. Pero no. Por ejemplo con el tema de los crímenes de lesa humanidad en la dictadura. Parecía que había un acuerdo sólido, se sigue juzgando y condenando a los responsables y se dijo Nunca Más, pero escuchamos a políticos y periodistas con voces activas cuestionando esto y yo me pregunto, "¿de verdad este tipo piensa esto?". Palabras que se concretan en hechos, son cosas que venimos batallando desde el feminismo para que las agresiones no pasen al acto, como en el mito de Casandra, a quien nadie le creía hasta que las cosas pasaron.
— En tu discurso en favor de la ILE dijiste que ciertos sectores se robaron la palabra "vida". ¿Qué palabra o frase creés que hay que recuperar, resignificar?
Uh, me voy a meter en un lío pero creo que básicamente hay una palabra que se escucha mucho y hay que ser muy responsable con ella. Me refiero a la palabra "odio" o la frase "discursos de odio". La mayoría de las personas a las que escucho cree que el odio es del otro. Hace días escribí un tuit en este sentido y me escribieron "yo no tengo ningún odio, hacete ortear vieja pelotuda". Y me reí, porque es algo anónimo en una red, pero es muy serio, más depende de quién lo dice y qué responsabilidad tiene esa persona. No sé cómo se mide esto pero hay que debatir sobre estas palabras porque si nadie reconoce que dice cosas cargadas de odio que generan violencia, si no logramos acuerdos, si las palabras violentas siguen dando clics, rating y votantes será difícil superar el odio. Cómo puede ser que los legisladores discutan si ponen 'discurso de odio' o no en un documento, como si no existiera el odio porque no lo escribimos, o es privativo de un partido. Sé que es difícil porque una ley se enfrentaría a la libertad de expresión, pero en otros países se han regulado ciertas cosas, en Alemania relativizar el Holocausto, por ejemplo. Aunque también hay que reconocer que en España y Alemania reaparecen discursos de ultraderecha y antisemitas. Los procesos históricos no son aislados, no es que solo en Argentina va la gente por la vida diciendo cualquier cosa y pisoteando derechos.
— Hablando de quien dice cualquier cosa, el italiano Debenedetti, quien publicó en junio de este año que habías muerto, defiende su trabajo de noticias falsas como crítica a los medios. Dice que así pone en evidencia que el periodismo se informa por las redes y publica cualquier cosa.
Para mí este hecho no fue gratuito, más cuando mucha gente llamaba a mi pareja y a mis hijos para darles el pésame. Muchos pueden decirte que no les des bolilla a los trolls o a las fake news como esta, pero puede afectarte. Mirá hace unos años una web publicó una nota sobre un discurso que di en el Congreso de la Lengua en Córdoba. El problema es que salió como si la hubiera escrito yo, con mi foto, con mi nombre. Hace poco, caminando por España, leo que me insultan en las redes. "¡Qué soberbia!", "qué estúpida, ¿quién se cree?", y me pregunté, "¿qué pasó si hace rato no escribo en las redes?". Y el tema fue que un secretario de comunicación de un municipio importante de provincia de Buenos Aires publicó aquella primera nota para aleccionar a quienes se mandan esos errores. Ni hablar cuando durante la discusión de la ILE me amenazaron con mandarme un Falcon verde o lo que me provocó el comunicado de Aciera (Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina) durante la proyección de El Reino (N.de la R. atacaba a Piñeiro aduciendo "encono" contra la "cultura evangélica de la Argentina" derivada de su "militancia feminista"). Como si por escribir una ficción yo fuera la serpiente que da de comer la manzana. Esta gente me da miedo y leer su comunicado me hizo temblar y llorar, porque no es inocente, no es que no saben distinguir ficción con realidad, saben lo que hacen, de hecho a un ex presidente de Aciera lo metieron preso en Mendoza hace pocos meses por múltiples abusos. Y además tienen poder: sus autoridades se acaban de sacar fotos con (Horacio Rodríguez) Larreta y (Diego) Santilli, en la celebración de sus 40 años de existencia en un súper escenario en el Centro Cultural Kirchner.
— Este año en la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor Guillermo Saccomano entre varias duras críticas, defendió el derecho de los intelectuales a cobrar las aperturas a estas ferias (en ese caso paga, la de Rosario es gratuita), porque son sostenidas también por el mercado editorial. ¿Te pagarán en Rosario?
Sí, no lo había preguntado pero luego me enteré que sí.
— En 2018 abriste la la Feria del Libro de Buenos Aires y dijiste que los estados deberían tomar como política la promoción de lectura en niñas y niños. ¿Pasaron cuatro años, se está en deuda en este aspecto?
No lo sé, pero seguro que durante la pandemia se complicaron algunos programas. Sí puedo decir que hice muchos Zoom con escuelas y docentes que revalorizaron a la lectura y a los hechos artísticos, para acompañar el encierro. Creo que hay concientización del valor de la lectura y que muchos docentes pudieron transferir eso a sus alumnos. Y en el mercado editorial hay muchas y buenas propuestas, yo compro libros para niños y niñas. De hecho me compré uno hermoso que se llama "La voz del ciervo" (de Marisa Negri) que habla de la quema de los humedales.
— Un tema recurrente en Rosario tanto como la violencia.
Terrible.
— Hay una insistencia mediática en ubicarte a vos y a otras autoras como Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Leyla Guerriero o Samanta Schweblin dentro de un "Boom de las escritoras". ¿Cómo lo ves?
No me gusta la palabra "boom", siempre tiene que ver con el márketing. Estas mujeres son voces tremendas de la literatura argentina, que deben ser publicadas de cualquier modo, no porque sean mujeres sino porque su escritura lo vale, son exitosas porque son extraordinarias. Es cierto que muchas vienen escribiendo desde los márgenes del poder y la literatura, y en otra época no las hubieran publicado, no nos olvidemos que nuestra literatura se inscribe con varones con poder desde El Facundo y El Matadero. pero también es cierto que el mercado es pequeño y hay muchos escritores y escritoras valiosos y que no son publicados.
— Leí en una nota que empezaste a escribir tras mandar un cuento a un concurso. ¿Es una puerta válida esa, más teniendo en cuenta que la obra de Aurora Venturini se conoció públicamente recién cuando ella tenía 85 años y tras ganar un certamen?
Para muchos por ahí va la cosa, es difícil llevar un manuscrito a una editorial y que alguien diga "acá hay un libro" y logres que te publiquen. Los concursos pueden ser una gran oportunidad, es cierto que hay muchos arreglados y los escritores mandan inocentemente y pierden tiempo e ilusiones. Pero puede ser un camino interesante si el jurado es serio.
— A ustedes las escritoras se las ve como eruditas, distantes, intocables, pero leí una anécdota en que te estabas probando una camisa en un probador, y te pescó una lectora y te empezó a preguntar si eras la autora de "La Viuda de los jueves" y vos le diste respuesta aún en bombacha y corpiño.
Sí, fue así. Y hace poco iba por la calle llorando y una mujer me paró, pero no para decirme si estaba mal y podía darme una mano, sino para preguntarme si era la escritora Claudia Piñeiro y había escrito esto y aquello...
— ¿Ahí también contestaste?
No, le dije, "¿no ves que estoy llorando?', y seguí. Pero claro que somos mujeres comunes, metidas en nuestra vida cotidiana como cualquiera. ¿Un ejemplo simpático? El año pasado en la feria de Guadalajara, estábamos con funcionarios importantes Camila Sosa Villada, Dolores Reyes y yo y les muestro mi celular a ellas; un hijo me preguntaba cómo hacía un trabajo para la facultad y Dolores me muestra el suyo, donde le acababa de mandar una pizza a sus hijos, desde Méjico.
— ¿Qué estás leyendo?
Tres libros a la vez. Una novela del español Carlos Zanón "Lapson", estoy terminando "Silencios ", de Tillie Olsen y otro de una rosarina que vive en España, "Hubo un jardín", de Valeria Correa Fiz.
— Trabajás codo a codo con Marcelo Piñeyro, tu apellido es oriundo de Galicia y el de él de Portugal. ¿A quién se lo escriben peor?
A los dos, es más los ven escritos distintos y nos siguen presentando como hermanos. Ya nos reímos y listo.