Pandemia

Es rosarino y por la cuarentena no puede regresar a Canadá

Vive y trabaja la mitad del año en Quebec, donde quedó su familia. Mientras espera la vuelta, se dedica a pintar y vender los cuadros.

Domingo 12 de Julio de 2020

Fernando Driussi es rosarino y desde hace ya mucho tiempo reparte los meses del año entre Rosario y Quebec (Canadá), donde viven sus hijos Tania y Nico, y su pequeño nieto Tristán. La cuarentena lo sorprendió en Argentina y por la suspensión de los vuelos no puede regresar a Quebec. Los recursos se agotan y tuvo que recurrir a una de sus pasiones: la pintura, obras que vende a pedido para poder solventar sus gastos.

El argentino-canadiense tenía vuelo para el 11 de mayo pasado, pero le anularon el ticket. "Dicen que hasta septiembre no va a haber vuelos, pero ya para esa época la temporada de verano en Quebec estará terminada, así que este año es mejor olvidarlo, volveré el próximo. Ahora pinto y pinto, y sigo pintando. Tengo un par de pedidos, otras ideas mías. Hace unos días le hice un humilde homenaje al Trinche Carlovich (falleció el 8 de mayo tras ser atacado en la calle para robarle su bicicleta), un fenómeno al que tuve la suerte de verlo jugar y conocerlo. No merecía un final así".

Fernando tiene 59 años, nació en La Florida pero se crió en Arroyito, hoy vive en una casa que alquila en Echesortu. Suele pasar la primavera y el verano trabajando en Canadá, en octubre siempre vuelve a Rosario hasta el otro año. "No soporto más la nieve y el frío", cuenta. "Mis pinturas tienen una especie de movimiento. Vos decís, esa ventana no puede ser mas chica que la maceta, pero al final todo encaja. Y como me gustan muchos los colores fuertes y puros, llaman la atención. Son en general pinturas alegres", explicó a La Capital.

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Mozo

En Canadá, Driussi, además de cantar en pubs, trabaja de mozo en uno de los restaurantes más famosos de Quebec. Pero su pasión y por ahora su único sustento es la pintura. Hace también caricaturas y fachadas de negocios, restaurantes, hoteles. "Tengo colegas que me piden que los dibuje trabajando con el fondo del restaurante, clientes que me piden de hacerlos comiendo en el local o tomando algún trago en el bar. Cuando fueron los Rolling Stones a Quebec, pinté un cuadro que es uno de mis preferidos. He vendido una infinidad de "Caminitos" (el barrio porteño de La Boca), y en muchos de ellos con la Bombonera incluida. También pinto iniciales y las relleno de imágenes que marcan la vida del interesado, que saco de las redes sociales. Les pregunto qué colores les gustan, de qué cuadro son hinchas, el signo zodiacal, deporte preferido, el mejor amigo, entre otras cosas, y luego lo vuelco todo dentro de las iniciales", señaló.

El artista también contó que hace unos días un canadiense le mandó un WhatsApp. "Hace unos años le hice un cuadro donde están él y su esposa llegando al restaurante en un Porche. Me mandó la foto y una nota que decía. "Fer, me separé de mi mujer. ¿No le podemos cambiar la cabeza?". "¡Por supuesto, mi amigo! Nada más noble que el acrílico. Le pasamos un poquito de yeso y chau, ponemos una nueva. Por eso no recomiendo las pinturas en pareja. El día de mañana, esta es tuya, esta es mía, y el Fer en lugar de una vendió dos. Buen negocio para todos", bromeó.

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