Pandemia

"El individualismo nos debilita, más en este momento"

Lo afirma la psicoanalista y psicopedagoga Clemencia Baraldi. Recomendaciones para madres y padres en el contexto de la crisis.

Miércoles 25 de Marzo de 2020

Clemencia Baraldi tiene una enorme experiencia como psicoanalista y psicopedagoga. Autora de numerosos textos y libros, sus charlas siempre convocan. Es una reconocida formadora de profesionales y una referente en la ciudad y en el país en el abordaje de los vínculos entre padres e hijos. En un contexto difícil como lo es el de la pandemia por el nuevo coronavirus, con medidas de prevención que incluyen la suspensión de las clases y el aislamiento de muchas personas, reflexiona sobre la necesidad de tomar conciencia del impacto de las acciones individualistas que "nos debilitan a todos e incluso a aquel que practica el "sálvese quien pueda".

En una charla con La Capital destacó la importancia de que los adultos escuchen sólo lo necesario respecto a la propagación del virus y sus consecuencias, que eviten la sobreinformación y que sean muy conscientes a la hora de transmitir noticias a los niños y adolescentes: "Todos caemos en la trampa de estar hiperconectados sin darnos cuenta de que descuidamos lo más importante: la conexión con nuestros hijos".

_ ¿Es posible llevar cierta calma a través de la palabra, en el marco de la pandemia?

_ La idea es tratar de aportar un poco de tranquilidad para que no entremos ni en la desesperación ni en la negación. Hoy veo los dos extremos. Personas que están paranoicas y otras que dicen "acá no pasa nada", lo que es grave porque tomar conciencia es importante. Es tiempo de poner en práctica algo que nos cuesta mucho a los seres humanos: es entender que el bien común nos hace bien a todos.

_En estos días quedó en evidencia la conducta individualista…

_Claro, está el que cree que se salva porque se compró 20 frascos de alcohol en gel, y que piensa: si no queda para el otro que se jorobe. Para que esto salga bien, o lo mejor posible, el de al lado también necesita su alcohol en gel. Lo cito como un ejemplo. En esta crisis es bien evidente que de nada sirve que yo intente asegurarme por demás mi salud, o mi tranquilidad, porque si el otro no tiene lo que necesita no vamos a frenar el crecimiento exponencial de la epidemia. Y nos va a afectar a todos.

_¿Puede decirse que ese modo de acción es inherente al ser humano?

_ Lo humano puede incluir lo más sublime y lo más horroroso. No somos todos iguales. Hay gente consciente y otros más individualistas.

_ Hace once años atravesamos la pandemia de Gripe A (así la llamamos por entonces) ¿Estamos igual, peor o mejor plantados para enfrentar ésto?

_ Me da la impresión que en 2009 la gente tomó conciencia más rápidamente, todos se resguardaron en forma más precoz y resguardaron al otro. Ahora está costando. Hay una tendencia marcada de primero yo, segundo yo y por último yo. Insisto con la idea de que los humanos necesitamos de los otros. El individualismo debilita, nos hace mal, y más en este momento.

_¿Qué piensa de la exposición constante a la información? Algo que se advierte en forma clara por estas horas. En la tele, los diarios, las radios, las redes sociales. Los grupos de whatsapp explotan…

_ Recomiendo tratar de escuchar lo necesario. Una cosa es estar informado y la otra sobreinformados, porque eso produce mucha ansiedad. Y tiene impacto en los niños. Hay que hacer cortes con la exposición a la información, no necesariamente tengo que saber al minuto todo lo que pasa. Creo que el mensaje es: mamá y papá, o quien esté a cargo, tienen tiempo para estar con vos, para cuidarte y cuidarnos entre todos. Si el adulto se la pasa mirando el celular, el mensaje que le está transmitiendo a sus hijos es: el celular es más importante que vos. Y eso vale para ahora, y para siempre.

_ Algo que no es simple de implementar porque muchos adultos están muy preocupados por los costos económicos de esta crisis, porque tienen que trabajar desde la casa cuando no están acostumbrados a hacerlo.

_ La pandemia del nuevo coronavirus va a traer pérdidas en muchos sentidos: económicas, pérdidas de clases...eso es cierto, pero acá se trata de evitar un mal mayor y de que no colapse el sistema de salud. Es ese el gran objetivo, evitar lo que ya pasó en otros países. Los adultos tenemos que intentar no entrar en el dramatismo, apelar al diálogo entre nosotros y con los chicos. La sobrepreocupación del adulto se traslada a los hijos.Pensemos en la posibilidad de fortalecer vínculos en este momento. No digo que sea fácil, pero hay que intentarlo.

_Se lee, se escucha: ¿y qué hacemos ahora con los chicos?

_ Es que nos estamos desacostumbrando a estar con ellos. Y permanecer en casa con hijos e hijas parece complicado. Si son más pequeños, si están gateando o son bebés de meses se torna más cuesta arriba, es verdad, porque trabajar desde la casa con un niño dando vueltas o demandando en forma permanente es complejo. Pero así y todo hay que mantener la calma, todo lo posible. Con los que son un poco más grandes hay que proponerles juegos, intervenir en esos juegos, pero a veces sí y a veces no. Se puede planear ver una película juntos y explicarles, por ejemplo, que después papá o mamá o ambos necesitan trabajar cierta cantidad de horas. La creatividad es necesaria aún para mantener ciertas pautas.

_Es posible que en el interior de los hogares haya personas que se desborden en este momento…

_Es esperable que pase, por eso creo que hay que regular un poco. Armar una especie de agenda día a día.

_ ¿Qué pasa con los adolescentes? Quizás es más complicado en plena etapa de rebeldía que entiendan las necesidades de acatar medidas, de cuidarse y cuidar a otros. Lo vimos en estos días, con chicos que debían estar en cuarentena y la incumplieron.

_ Así como fuimos perdiendo los vínculos también perdimos autoridad sobre los chicos, por una serie de razones. Esa idea de los últimos tiempos de fomentar el amiguismo con los chicos, de que envejecer está mal visto, de que si planteo ciertos límites es poco simpático. Todo esto, a la corta, genera cierta complicidad con los hijos pero a la larga genera un sentimiento de orfandad en ellos. Los padres tenemos que comportarnos como padres. Si tengo que decir no, que no salís (en este caso) es no porque hay que respetar las normas. Diciendo "no" te protejo, ese es el mensaje más fuerte. "Te digo no porque te quiero".

¿A esos chicos y chicas, que les recomendaría?

_ Pienso que hay muchas paradojas en nuestra cultura. Los adolescentes creen que se van a hacer grandes por ir a una fiesta y tomar indefinidamente. Y la paradoja es que finalmente tienen que ser rescatados por los padres de una borrachera o de un coma alcohólico, y en esa intención de hacerse fuertes terminan mucho más debilitados. Crecer es empezar a generar cierta autonomía. Rebelarse contra los padres es esperable e inevitable, pero deben saber que se fortalecen más siendo creativos, haciendo cosas positivas, en definitiva, armando su propio mundo sin un exceso de rebelión. Que se cuiden entre ellos es el otro mensaje. Que se escuchen entre pares. Siempre hay líderes en los grupos, positivos y negativos. Que presenten atención a los líderes, referentes o youtubers que puedan aportar algo bueno.

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