paginasolidaria

Su hija discapacitada la convirtió en la mejor maestra

Silvana Corso es docente y fue reconocida internacionalmente por su trabajo en inclusión educativa. Una historia de aprendizaje.

Lunes 01 de Octubre de 2018

Silvana Corso es docente y directora de una escuela pública de Buenos Aires, cercana al barrio Fuerte Apache. El año pasado quedó entre los 50 mejores profesores del mundo, aspirantes al premio "Global Teacher Prize", un reconocimiento considerado como el Premio Nóbel de la Educación. Todo gracias a su empeño por mejorar la inclusión en el aula, una inquietud que nació cuando nació su primera hija con discapacidad.

"A los 29 años tuve a Catalina que al nacer se asfixió con el cordón umbilical y eso le provocó una parálisis cerebral severa. En ese instante la discapacidad se metió en mi vida y se instaló en mi casa, y eso me cambió la vida", cuenta Silvana en diálogo con La Capital momentos antes de entrar a disertar en una charla para docentes que se realizó en la Universidad Austral.

Catalina quedó cuadriplégica, tenía sordoceguera, comía por un botón gástrico que va directo al estómago y estaba en una silla de ruedas porque también padecía hipertonía muscular.

"Un hijo te cambia la vida, y si tiene discapacidad te da vuelta el mundo. A partir de ese momento mi vida comenzó a ser rehabilitación y muchas internaciones. Catalina estaba en riesgo de vida. Tuvo muchas complicaciones, pero ella peleaba y se recuperaba. Los médicos decían que se iba a morir y yo me preguntaba para qué hacía todo lo que hacía, y ahí me pregunté cómo podía dar sentido a una vida que parecía no tenerla", continúa la mujer que hoy es un referente nacional en el tratamiento de la discapacidad.

"Yo me dije que si mi hija se iba a morir, quería que se lleve lo mejor de la vida: lo que hace un chico, estar con otros, jugar" puntualiza y por eso hizo la experiencia de llevarla a una plaza, pero nadie se le acercó. Por eso Silvana pensó en el jardín de infantes.

Catalina tenía dos años y su mamá empezó a buscar un jardín donde la aceptaran. "Encontramos uno y se comunicó con los chicos que la abrazaron, la besaron, la estimularon, y vivió la experiencia de ser una más. Cuando fue su cumpleaños vinieron 47 chicos a su fiesta. No podía creer que hubiera tantas familias que quisieran que sus hijos fueran al festejo de Cata. Y yo mientras tanto aprendía", dice con nostalgia.

Catalina falleció pero le enseñó mucho a su mamá, a su papá, a su hermano y a toda la sociedad.

"Yo empecé a capacitarme en el tema de discapacidad y cuando asumí la dirección de la escuela donde trabajaba pensé en que podíamos hacer algo con chicos con discapacidad y ahí empezó todo. Lo primero fue meterlos en las aulas. Hoy tenemos chicos con discapacidad en todas las aulas, de primero a quinto. Sólo en primer año hay 17 alumnos con espectro autista", describe orgullosa.

Silvana dice que no tiene un método sino que sostiene que cada chico es un universo. "Cada pibe tiene un recorrido, pero no sólo los que tienen discapacidad, todos lo tienen. Tenemos chicos que rescatamos de la calle y hay que armar algo para el para que no sigan en la calle. Tenemos maestras integradoras, asistentes, celadores que trabajen en equipo, inventamos un tutor académico, y sobre todo lo que hacemos es creer que cada uno de los chicos puede salir adelante", concluye con una sonrisa.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario