Hay partidos difíciles. Duros. Incómodos. Hay partidos que se deben preparar y disputar desde el dolor. Y con dolor. Hay partidos, sea como jugador o como entrenador, que son complicados de afrontar. Y ahí aparece el temple. La profesionalidad. El amor propio. El corazón. Y el sentido de la responsabilidad colectiva. Son partidos que se salen a jugar con los dientes apretados. Con el rostro serio. Y con los conceptos claros a pesar de todo. Gerardo Martino vivió quizás los días mas tristes de su vida. La muerte de su padre lo encontró en este lado del mundo y en la previa del estreno de su Barcelona ante Ajax de Amsterdam por la primera jornada de la Liga de Campeones. Y él le hizo frente a la situación. Se quedó a dirigir a su equipo en vez de tomar el primer vuelo a Rosario. Y el equipo no lo defraudó. En una demostración de compromiso, Barcelona goleó por 4 a 0. Un triunfo con dolor. Un triunfo sin festejo desmesurado. Un triunfo, más que nunca, dedicado al entrenador.
























