Dicen que no todos son profetas en su tierra. Y quien lo sabe es el rosarino Matías Recio, un futbolista y verdadero trotamundo oriundo de zona sur de Rosario, que vivió en Las Delicias y en barrio Plata, y que hoy es el jugador que ostenta el título de “más popular de Tailandia”. Mención que se ganó por sus goles en Khon Kaen FC y que lo llevaron a ser apodado el Matigol, como si se tratara de un homenaje a su gran ídolo y un referente de goleadores como es Gabriel Omar Batistuta.
Sus primeras andanzas en este deporte que abrazó las dio en Estrella Federal, donde pretendía forjarse como delantero, al igual que su ídolo Bati. Pero cuenta que “de los 10 años hasta los 16 fui arquero. Me gustaba volar para todos lados, la verdad me sentía muy bien ahí, con los amigos de la escuela y del barrio, quienes me elegían siempre para que les ataje en los torneos”, relata el platinado atacante.
Recio jugó en Albinegros de Orizaba (México) y transitó por varios equipos del ascenso antes de buscar oportunidades en el exterior y pasar por clubes que despiertan cierta atención, como en Vietnam por ejemplo. Jugó en Atlético Uruguay (Entre Ríos) en el Argentino B y de ahí pasó a Deportivo Italiano, que tenía a Della Pica como DT. Después fue a Brown de Adrogué, “donde el técnico me pidió y sólo me hizo jugar un partido”, y luego recaló en Flandria. Después partió hacia Bolivia, se sumó a The Strongest, “donde hice la pretemporada y me habían hecho un precontrato, pero de la noche a la mañana me dicen no, que ya habían arreglado con otro delantero. Todo se me derrumbó, pero por suerte un defensor, Alejandro Mena, me dio el contacto de La Paz Fútbol Club, lo mejor de todo lo que viví en Bolivia, es que ahí conocí a mi actual compañera, que es la que esta conmigo en todo momento”.
Pero Matías Recio siguió su periplo futbolístico. De Bolivia se fue a Costa Rica, a Sport Cartaginés, donde “no había defensores y el técnico me preguntó si me animaba y no lo dudé. Luego de un año quise tirar todo al diablo, pero apareció otra posibilidad de ir a Puerto Rico, a Paraíso”. Al tiempo tomó el bolso para regresar al país y “cuando estaba entrenando con jugadores libres me ofrecieron ir a probarme Indonesia. Lo hice durante un mes hasta que firmé con Persita Tangerang en Yakarta. Todo fue difícil, no sólo por el idioma y la adaptación sino porque me agarré tifus y malaria. Perdí diez kilos, estuve 10 días internado y a los dos días de salir del hospital el DT, que me quería limpiar, me preguntó si podía jugar y le dije que sí. La noche anterior la pasé mal, vomitando y ni siquiera pude dormir. El técnico se reía porque era la chance que tenía para echarme, pero metí un hat-trick. La gente no lo podía creer y menos yo, ja”.
En ese momento surgió una propuesta para partir rumbo a Vietnam. “Lo primero que pensé fue agarrar un arma e ir a pelear a la guerra, porque cuando a uno le nombran ese país se te viene a la mente la guerra. Un concepto totalmente erróneo porque es un lugar muy hermoso y últimamente creció muchísimo futbolísticamente. Así que fui a parar a SHB Danag, uno de los mejores equipos de ahí. Y luego fui a T&T Hanoi, que es del mismo dueño. Con este equipo salimos campeones de la Supercopa y peleamos la Champions de Asia”, relata Recio.
“Del caos diario en Vietnam, donde en cien metros te encontrabas con diez mil motos a los bocinazos, me fui a Tailandia, donde aprendí que el respeto no sólo es al rey del país sino también entre ellos. Algo que te enseña día a día y que deberíamos imitar”, describe Recio, lugar donde encontró el punto culminante de su carrera futbolística.
La entidad elegida fue el Army United, “donde estuve sólo 6 meses, jugué 3 partidos y metí 2 goles. Acá empezaba otra historia diferente porque se hablaba bien de mí. El club me cedió a préstamo a Khon Kaen FC porque el presidente del equipo me dijo que no me iban a tener en cuenta por esas cosas y falta de códigos que existen en el fútbol. Cuando miré por internet el equipo al que iba a ir veo que estaba peleando para no descender. Otra vez a luchar, pero como no quería estar parado fui con el fin de trabajar y mantener el ritmo. Era un reto lindo y es bueno siempre pelear por algo. Por suerte todo salió bien porque en la última fecha debíamos ganar para mantener la categoría, lo hicimos por 2 a 1 y tuve la suerte de convertir los dos goles”, cuenta.
“Me entregaron el premio al mejor fair play, en el año y medio que llevo en este equipo salí nueve veces mejor jugador de la semana, una vez mejor jugador del mes, queda un partido para que termine el campeonato y estoy peleando el liderazgo en la tabla de goleadores, así que la verdad muy feliz”, confiesa entusiasmado.
Matías, el Matigol rosarino, dice seguir atentamente lo que sucede en el fútbol y siente cierta desazón por no haber podido quedarse jugando en su país.
Por cosas de la vida su destino futbolístico fue otro, recorrió diversos países, exóticos y llamativos por no ser tan populares en este mundo mediático. Pero ese pibe de la zona sur que soñó con ser futbolista, hoy es popular en la lejana Tailandia.