Diego Maradona

Tanto amor para tanto fuego

El pueblo argentino y el mundo despidieron a Diego Maradona en una jornada cargada de emoción y tristeza, y hasta con desbordes. Rosario estuvo al lado del máximo ídolo

Viernes 27 de Noviembre de 2020

“Ahora estamos todos cantando, juntos y el día pasa. Pero no sé qué vamos a hacer después, a la noche. Porque ahí nos vamos a dar cuenta de que nos quedamos solos para siempre ¿entendés?”. La crónica de La Capital de la gente de a pie que despidió a Diego Armando Maradona reflejó innumerables testimonios como los de Silvia, una mujer de 60 años que llegó desde La Matanza y expresó como nadie la sensación que quedó luego de la tremenda manifestación popular que le dijo adiós, en una jornada cargada de emoción, de tristeza profunda y hasta de algunos desbordes que amenazaron con cambiar el eje de un día que quedará grabado para siempre en la historia del país. Y del mundo entero. Hacía falta tanto amor para tanto fuego. Un día típicamente maradoniano, el que nunca nadie hubiera querido vivir, pero maradoniano al fin. Con todo un pueblo brindándole su amor de las mil y una formas posibles, con un luto nacional que se extenderá un día más. Con todo el mundo rendido a sus pies una vez más. Con minutos de silencio no sólo en los partidos jugados en Europa sino hasta en los entrenamientos, como pasó en Rosario. Con hinchas de todas las camisetas juntándose hasta en los estadios antagónicos. Con todo el dolor del planeta, llorándolo y a la vez diciéndole un gracias eterno.

Todo eso fue, es, Diego en uno de los jornadas de la historia nacional más dolorosas que se recuerde. Donde prácticamente no hubo grieta, pese que él mismo supo pararse sin lugar a dudas de un lado de la misma. De todas las ideas políticas, las que abrazó y las que combatió, hubo lamentos. De todas las camisetas, las que defendió con la magia y el alma, y las que no. Porque él fue ese sentimiento, muchas veces difuso, de la patria que aglutina. Por eso fueron muchos los que viajaron a Buenos Aires para acercarse a la Casa Rosada, donde el féretro con los restos de Maradona llegaron a la 1.08, en la madrugada. A las 6.17 se abrieron las puertas y empezó el desfile interminable que debió quedar trunco alrededor de las 15.15, cuando demasiada gente pugnó por entrar luego de que se anunciara que el velorio finalizaría a las 16. Después se dijo que se extendería hasta las 19, pero cuando los desbordes se controlaron, la caravana fúnebre inició su recorrido mucho antes de esa hora hacia su destino final, el cementerio privado en Bella Vista.

Después de esos momentos de tensión, que inclusive se prolongaron al interior de la Casa Rosada misma porque el ataúd por entonces ya había sido trasladado al Salón de los Pueblos Originarios, empezó a reinar la calma. Inclusive cuando el cortejo fúnebre salió, a las 17.44, por la explanada de calle Rivadavia, rumbo a la localidad distante 40 kilómetros de Casa de Gobierno. Ahí sí todo el trayecto se hizo a velocidad moderada, sin interrupciones y con muchísima gente ubicada desde muy temprano al borde de la ruta. Ya no iba la gente hacia Maradona, sino que Maradona pasaba por delante de ellos en el tramo de la comunión final, hacia el lugar donde reposará para siempre junto a Doña Tota y Don Diego. Esa fue la parte más íntima, con la presencia como todo el día de la exesposa de Diego, Claudia Villafañe, la que era su pareja actual, Verónica Ojeda, Dalma, Gianinna, Diego junior y Guillermo Cóppola entre otros.

Como si la hora hubiera sido la elegida, la ceremonia familiar llegó a su fin con las últimas luces de un día que será agendado para siempre y que empezó muy temprano. Ya antes de que la Casa Rosada abriera sus puertas para ese desfile que llegó a medir 4 kilómetros, muchos personajes del fútbol, la política y la cultura habían entrado a despedir al ídolo y a darle las condolencias a la familia. Por ejemplo, los campeones mundiales del 86 entre los que estuvo el Gringo Giusti, quien apenas pudo hablar públicamente por el dolor que lo embargaba y lo hizo sólo con Ovación. También fueron en representación de los clubes rosarinos sus máximos referentes, Maximiliano Rodríguez y Cristian González, amigos de Diego por sobre todo (ver aparte).

El presidente Alberto Fernández llegó a las 10.55 desde la Residencia de Olivos y se dirigió al hall de entrada de calle Balcarce 50, donde se desarrollaba el velatorio abierto al público.

Acompañado por su compañera, Fabiola Yañez, y funcionarios del gabinete nacional, el primer mandatario del país saludó a la familia Maradona, se acercó al ataúd visiblemente conmovido y colocó sobre él una camiseta de Argentinos Juniors y dos pañuelos blancos, símbolos de la lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos.

Fabiola, que lo acompañó en todo momento, llevó un ramo de rosas rojas y ambos permanecieron varios minutos en silencio frente al féretro. A metros habían colocado dos coronas del Presidente, una personal con flores y los colores de Argentinos Juniors, el equipo en el que comenzó Maradona y del que el mandatario es simpatizante, y otra institucional del Gobierno nacional. También Newell’s mandó una corona de flores. Fernández volvió a bajar al velatorio poco después de las 14, acompañado por el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y luego se sumó Martín Guzmán, ministro de Economía.

Pocos minutos después, la que arribó a las 14.36 fue la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien fue recibida por el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, y por Kicillof; y de inmediato se dirigió al hall donde se dispuso la capilla ardiente. Allí se abrazó y conversó con Claudia, Dalma y Gianinna, quienes en todo momento estuvieron junto al féretro, y luego colocó un rosario sobre el ataúd de Maradona y se quedó por unos minutos con sus manos apoyadas. A metros estaba la corona que había ofrendado.

Mientras, un rato después los desbordes mencionados amenazaron romper una ceremonia multitudinaria que no necesitaba de violencia, y por la cual hubo acusaciones cruzadas entre Nación y Ciudad, el mundo también hacía llegar su sentimiento por Diego. Ni hablar que la principal ciudad en mostrarlo fue Nápoles (ver página 7), pero el PSG de los argentinos mostró la bandera albiceleste, el Bayern Leverkusen de Lucas Alario también salió vestido con camisetas números 10 como homenaje y hasta Renato Portaluppi, DT de Gremio, dirigió ayer en la Copa con la 10 albiceleste.

Maradona se fue. ¿Se fue? Esa nueva y extraordinaria manifestación popular pareció decir exactamente lo contrario.

El Kily y la Fiera en el adiós al amigo

El dolor envolvió a todo el pueblo, futbolero o no, argentino o no, y por supuesto la influencia de Maradona se extendió a todos los rincones del planeta y mucho más en Rosario, donde tuvo su paso con la camiseta de Newell’s y siempre respetó y fue respetado por Central, como se mostró ayer en el Coloso mismo, como lo reflejaron bien temprano ambos planteles antes de iniciar uno de los entrenamientos más tristes (ver página 16). Y en ambos estuvieron el máximo referente leproso, Maxi Rodríguez, y el conductor canalla, Cristian González, amigos de Diego, quienes antes fueron a despedirlo en la madrugada a la Casa Rosada.

La cara del Kily y de la Fiera reflejaron el dolor que sentían por una pérdida que los sorprendió como a todo el mundo. El jugador leproso viajó a Buenos Aires junto al Gringo Gabriel Heinze, y así como los compañeros de Diego en la selección campeona del 86 fueron a despedirlo bien temprano, también lo hicieron ellos junto a Javier Mascherano, todos dirigidos por Maradona en el Mundial de Sudáfrica 2010, y el conductor canalla, muy amigo suyo en los tiempos en que compartieron la cancha con la camiseta de Boca.

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